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Discursos dados por Sai Baba

{SB 20} (31 discursos 1987)

21. 26/09/87 Enseñar Valores con el ejemplo

Enseñar Valores con el ejemplo

( Impreso en castellano en Mensajes de Sathya Sai, Tomo 20 cap. 21 )

Enseñar Valores con el ejemplo

26 de Setiembre de 1987

Una sociedad sin valores dejará de ser humana. Cuanto más se atesoren los valores humanos, mayor será el crecimiento de la sociedad, de la nación y del mundo. No podemos conformarnos con un sistema educativo que se limite a los logros académicos. Debe fomentar al mismo tiempo las virtudes humanas. El principal interrogante de nuestra educación es cómo adaptar las tradiciones espirituales y culturales que hemos heredado del pasado a las necesidades de la vida actual.

Es preciso entender correctamente la relación que existe entre el individuo y la sociedad. ¿Por qué debe el individuo servir a los demás? ¿Qué derechos tiene la sociedad sobre el individuo? Al analizar estas cuestiones, nos damos cuenta de que la persona puede encontrar su plenitud sólo en la sociedad, pues, habiendo nacido, crecido y vivido en la sociedad, termina su vida en ella. En la palabra samajam o “sociedad”, sam quiere decir “unidad”, a significa “ir hacia delante”. Entonces, samajan equivale a “ir hacia adelante en unión”.

La sociedad puede verse como una flor de muchos pétalos. Cada individuo es un pétalo. Todos los pétalos juntos le dan a la flor su belleza. Sin los pétalos, no habría flor. De igual manera, cada individuo es un pétalo que compone la flor de la sociedad. Cada uno debe manifestar la gloria de lo divino.

La sociedad también puede compararse con una carreta de cuatro ruedas, que son: unidad (aikamatyam), control (svadhenam), conocimiento (jñanam) y poder (shakti). Las cuatro contribuyen a que la sociedad vaya hacia adelante.

La verdad no cambia con el tiempo ¿Cómo deben formentarse las cualidades humanas? La sociedad está compuesta de individuos. Nadie puede ser una isla. Al vivir entre otros seres humanos, el hombre debe sembrar las semillas del amor, cultivar las plantas de la armonía y ofrecer los frutos de la paz a la sociedad. De esta forma se manifiesta su humanidad.

En el Óctuple Yoga (Ashtanga Yoga), ésta figura como la primera entre las diferentes disciplinas: Yama (control de los sentidos externos), Niyama (control de los sentidos internos), Asana (postura sentada), Pranayama (control de la respiración), Pratyahara (desapego de los sentidos), Dharana (concentración), Dhyana (meditación) y Samadhi (comunión interna).

Yama exige la observancia de las siguientes prácticas: No violencia (ahimsa), verdad (satyam), no robar (astheyam), celibato (brahmacharyam) y no codiciar (aparigraha). Estos son los cinco valores humanos que deben cultivarse en el lenguaje del Vedanta.

Ahimsa no significa, como generalmente se cree, no causar daño a otros. En realidad quiere decir que no se debe lastimar a nadie con el pensamiento, la palabra o la acción. Esta es la más importante de las cualidades humanas, y solo cuando se la ha cultivado, está uno capacitado para practicar y experimentar la verdad.

La verdad no significa la mera enunciación de los hechos como uno los ve o conoce. La verdad es lo que no cambia con el tiempo.

Debe decirse con completa pureza de mente, palabra y cuerpo.

Astheyam significa abstenerse de robar lo que les pertenece a otros. Ni siquiera el pensamiento de tomar la propiedad ajena debería cruzar por la mente. Tampoco debe uno decirle a otro que cometa un robo. Este es el tercer valor humano.

El cuarto es el celibato o brahmacharya. La observancia de brahmacharya significa que, sea lo que fuere que uno piense, diga o haga, debe estar lleno de pensamientos sobre Brahmán, la Suprema Divinidad. Estar siempre inmerso en la conciencia de Brahmán es Brahmacharya. Todos los pensamientos, palabras y actos deben estar dedicados a lo Divino. Cuando los pensamientos, que son el preludio de la acción, están centrados en Dios, no tenderán a desviarse.

El ego (aham) surge del Atma. Los pensamientos son producidos por el ego y dan lugar al habla. De modo que todas las acciones están basadas en el Atma. Cuando están santificadas porque se las ha dedicado a Dios, sobreviene la conciencia de la unidad con Brahmán (Aham Brahmasmni). Ese Brahmán es Prajña (la conciencia constante integrada).

El hombre sufre de deseos insaciables La quinta práctica es aparigraha, que usualmente se interpreta como el no aceptar la propiedad de otro como don o dádiva. Pero este no es el significado exacto. En realidad, se refiere a realizar las acciones sin esperar ninguna recompensa, sin ninguna intención de adquirir algo y con un espíritu completamente desinteresado.

Hoy en día, debido a que todo se hace por interés propio y con el deseo de adquirir riquezas, las acciones carecen de verdaderas cualidades humanas. Hasta la adoración, las ceremonias religiosas, las peregrinaciones se realizan con ciertas expectativas y no con un espíritu de devoción desinteresada.

Hoy las personas están totalmente inmersas en el interés propio.

Sus deseos se multiplican de forma ilimitada y se están convirtiendo en seres demoníacos. No se conforman con tener lo necesario para alcanzar sus objetivos básicos. Quieren acumular para el futuro. Están llenos de preocupaciones y descontento. De esta forma pierden su felicidad aquí y en el más allá. Los pájaros y las bestias se contentan con lo que pueden obtener. Solo el hombre sufre de deseos insaciables. Los pájaros y los animales no desean acumular cosas o explotar a otros; el hombre sí es presa de estos vicios. Olvida sus cualidades humanas naturales y se porta peor que los animales. Al dejar estas tendencias a un lado, se manifestará la divinidad inherente al hombre.

Las virtudes humanas no pueden adquirirse de otros. No se nutren del mero estudio de los libros. Ni pueden obtenerse, ya cultivadas, de los maestros. Cada uno deben desarrollar esas virtudes y experimentar la felicidad que surge como consecuencia de ello.

El mundo necesita con urgencia valores humanos. Se está intentando promover estos valores en el campo educativo. Pero no pueden promoverse por medios materialistas, mundanos o científicos.

Si no se desarrolla la devoción a Dios, no podrán surgir las cualidades humanas. El primer requisito es la fe en Dios, pero en la actualidad se duda de la existencia de Dios. Aquellos que afirman que Dios existe y los que lo niegan son igualmente incompetentes para decir algo sobre Dios si no conocen nada de Su naturaleza.

Afirmar la existencia de lo que no existe es ignorancia. Negar la existencia de lo que existe es una locura. Dios es omnipresente.

No es necesario buscarlo en ningún lado. Todo lo que vemos es una manifestación de Dios. Dondequiera que nos encontremos está Dios. No hay despropósito más grande que negar la existencia de Dios cuando el cosmos entero da testimonio de su obra. Toda la creación debe verse como una manifestación de Dios. Solo con esta fe fundamental puede uno desarrollar la propia personalidad humana.

Una vida recta lleva a la paz Los valores humanos no pueden fomentarse simplemente repitiendo las palabras “verdad” (sathya), ”rectitud” (dharma), ”paz” (shanti), ”amor” (prema) y “no violencia” (ahimsa). Los Vedas declaran:

“Habla la verdad, adhiérete a la rectitud” (“Sahyam vada dharmam chara”). En la práctica de la rectitud (dharma) no debe haber deseos secretos. Las acciones realizadas por razones secretas causan ataduras. La verdad y la conducta correcta deben observarse con intenciones puras. Las dos se basan en lo eterno.

Una vida recta lleva a la paz. El amor se experimenta en las profundidades de la paz y debe encontrar su expresión en la no violencia.

Donde prevalece el amor, no hay lugar para hacer daño a otros o actuar con violencia. Todos estos valores básicos deben demostrarse en la práctica y no limitarse a la mera prédica.

La visión de los educadores está dirigida hacia afuera Muchos educadores y rectores están presentes aquí hoy. Su visión está dirigida hacia afuera, hacia el mundo físico externo. A mí me preocupa la visión interna. No es posible reconciliar la visión física y la visión espiritual interna. El corazón no puede ser transformado mediante una clase en el aula. No se puede cambiar el mundo sólo predicando. Únicamente la acción y el ejemplo práctico pueden fortalecer el impulso para lograr el cambio. Si uno lleva una vida disciplinada, aprenderá la lección sin ninguna enseñanza. Las personas seguirán el camino por impulso propio. Esto se aplica a los valores humanos. Sólo si los practican maestros y ancianos, los practicarán también los estudiantes.

Aquellos que desean impartir los valores de la verdad, la acción correcta, la paz, el amor y la no violencia a otros deben primero practicarlos ellos mismos de todo corazón. Es un error pensar que se pueden infundir valores mediante la enseñanza. Ese aprendizaje no tendrá ningún efecto permanente. Los educadores deben reparar en esto. Si debe producirse una transformación en los estudiantes, el proceso tiene que empezar a una edad muy temprana.

Para difundir los valores humanos, es aconsejable mantenerse lo más lejos posible de las autoridades del gobierno. No es posible promover valores sagrados con la ayuda de las gobernantes. Algunos líderes bien intencionados quizá formulen buenas propuestas, pero el poder cambia frecuentemente de manos. ¿Qué sucede, entonces, con los valores humanos? Es fundamental ser autosuficientes y valernos por nosotros mismos. Solo si están libres de trabas y son independientes podrán propagar estos valores sagrados con libertad y eficacia. Los educadores deben tratar de crear un cuerpo independiente para formular e implementar la política educativa, sin el control o las interferencias del gobierno. De ese modo, la promoción de los valores humanos tendrá éxito.

Falta unidad en colegios y universidades Si los educadores se unen, todo lo que se emprenda tendrá éxito.

Hoy en día no hay unidad en colegios y universidades. Si estudiantes y maestros están enfrentados, ¿cómo puede fomentarse la integración nacional? Si no hay unidad ni armonía en el hogar, ¿cómo puede haber unidad en el país?

Los que están en el poder actúan según sus propios impulsos.

Pueden apoderarse de propiedades y empresas, pero no son capaces de promover valores. Pueden ocupar templos y apropiarse de los bienes que hay en ellos, pero no pueden ejercer ningún control sobre Dios. Los gobiernos pueden controlar a los hombres, pero no ejercen ningún dominio sobre las cualidades de los individuos.

Las instituciones educativas deben fomentar la parte espiritual del individuo. Si los estudiantes adquieren valores humanos, estos crecerán en los jóvenes por su propia cuenta. Los valores humanos no pueden implantarse desde afuera. Están dentro de cada individuo y tienen que manifestarse desde adentro. Necesitamos personas que provean el estímulo y el aliento para que se expresen. Si entre todos promovemos el principio de que la divinidad presente en cada persona es una y la misma, los valores humanos surgirán naturalmente en cada individuo. Este sentido de unidad espiritual precede la experimentación de la más alta bienaventuranza.

El carácter debe empezar a formarse en la infancia Las instituciones educativas deben enseñar a los estudiantes a adherirse a la verdad y a desempeñar sus deberes como si fueran una obligación sagrada. Los estudiantes no deben permitir que el éxito o el fracaso afecte sus mentes de manera indebida. Debe infundirse en ellos el valor y la confianza en sí mismos.

Dice un proverbio: “Dobla la rama y doblarás el árbol”. La formación del carácter debe empezar con los niños en la más temprana edad. Comiencen desarrollando valores humanos en la escuela primaria. Algunos se preocupan porque vivimos en un “estado laico”. El laicismo realmente significa respetar por igual todas las creencias. No debe sentirse odio hacia ninguna fe. No se debe condenar o menospreciar otras creencias. Hace algún tiempo surgió la idea absurda de que los centros educativos Sathya Sai eran instituciones religiosas. Las instituciones educativas Sai están basadas en el respeto por todas las religiones. Están dedicadas a la unidad y la armonía.

Cualesquiera sean los estudios que elijan seguir, no abandonen la fe en Dios. Abandonar a Dios es dejar su vida misma. La vida es Dios. La verdad es Dios. Todo lo que hagan como una ofrenda a Dios será una expresión de valores humanos.

Los educadores y rectores reunidos aquí han llegado a algunas conclusiones después de sus elevadas deliberaciones. Están firmemente convencidos de que deben fomentarse los valores humanos sin importar las limitaciones que existan. Deben esforzarse en la medida de lo posible por implementar esas resoluciones. Lo Divino está instalado en sus corazones. Es suficiente si siguen los impulsos de lo Divino. Seguro que lograrán sus objetivos. Si se fortalece la fe en Dios, todos los valores se desarrollarán a su debido tiempo. Sublimen sus vidas recordando, adorando y reverenciando a Dios.

Discurso de Clausura del Simposio Nacional sobre Orientación en Valores, pronunciado el 26 de septiembre de 1987.

El Señor ha provisto al hombre de un cuerpo y es por eso que cada miembro y cada sentido merecen atención reverente. Cada uno debe ser usado para Su gloria.

El oído debe regocijarse cuando tiene la oportunidad de escuchar las maravillosas charlas sobre Dios.

La lengua debe regocijarse cuando alaba a Dios. De otra forma la lengua del hombre es tan ineficaz como la lengua de los sapos que croan día y noche sentados en la ribera del estanque.

–Baba