|
25 de Abril de 1993
Sai Sruti, Kodaikanal
 ***************************************************
Hay dos factores que nos impiden pensar en la Divinidad. ¿Cuáles son? El primero es que ocultamos miles y miles de nuestros errores. El segundo es que señalamos hasta los más pequeños errores ajenos. Ambos son responsables de que evitemos pensar en la Divinidad.
Encarnaciones del Atma divino: la vida humana es valiosa, sagrada y digna de ser vivida. No solo para el desarrollo del cuerpo, sino para la manifestación del intelecto. La vida humana es altamente valiosa, pero la longevidad del hombre es breve. Dentro de este limitado período, el hombre debe demostrar al mundo el valor de su vida, haciendo uso de los sentidos que tiene bajo control, y de sus capacidades. Los sentidos deben estar bajo control y también debe estarlo la mente; entonces, la vida humana será plena e ideal.
Para poder cumplir sus objetivos, el hombre debe lograr tres importantes puntos. Uno, el control de los sentidos; dos, el control de la mente; tres, el control de la fuerza físca. Si le falta alguno de estos tres, el hombre no puede cumplir sus objetivos. El hombre debe hacer un esfuerzo para demostrar al mundo todas sus potencialidades y capacidades, haciendo el mejor uso posible de las mismas dentro del período de vida asignado. Olvidando que su tiempo de vida es limitado, el hombre da rienda suelta a sus sentidos y permite que huyan de él todos los valores. Se sumerge en la inquietud, y también inquieta a la sociedad.
La mente es como una burbuja sobre el agua. Cuándo terminará este breve tiempo de vida, no es algo que podamos decidir nosotros. Aunque se dice que el ser humano puede vivir cien años, no tenemos que darlo por seguro. No podemos determinar si partiremos en la infancia, en la juventud o en la ancianidad. Lo único seguro es la muerte.
Si el hombre es realmente inteligente, debe llegar a conocerse a sí mismo. Sin embargo, olvida esto, y durante esta vida momentánea confía en las posesiones y el poder físico, mundano, transitorio y efímero, movido por la necedad de la mente. La importancia de la vida humana radica en demostrar plenamente al mundo la divinidad que está dentro de uno, y ser un ideal. Conocerse a uno mismo es el verdadero propósito de la vida.
¿Acaso el árbol saborea el dulce jugo de la fruta? ¿Disfruta la enredadera del néctar de sus flores? ¿Perciben los libros el desapego que se enseña en ellos mismos? Si alguien tiene el cerebro vacío, allí se puede poner cualquier cosa. Pero si ese cerebro está lleno de tonterías, ¿cómo podría llenarse de sabiduría?
El hombre ha olvidado sus ideales. No es capaz de comprender ni experimentar a la Divinidad en su propio interior, porque se deja llevar por el mundo físico, el mundo secular. La vida humana tiene en sí a la Divinidad. Manava, el ser humano, no es nuevo. Ma significa “no”, y nava significa “nuevo”. Ustedes han estado aquí a lo largo de numerosos nacimientos. Pero el hombre no es capaz de comprender su propia naturaleza. ¿De qué le sirve tener tantos nacimientos? Tiene que conocerse a sí mismo. Cada ser humano debe dirigir su visión hacia el interior e indagar; debe ser capaz de reconocer sus propios errores y ejercer autocrítica. Sin embargo, no está haciendo el esfuerzo de identificar sus propios errores.
El hombre se dirige todo el tiempo a lo exterior, como un animal. Hace un gran esfuerzo por enterarse de las noticias. ¿Algo está ocurriendo en el mundo? ¿Qué, cuando y cómo? Pero no comprende la sutileza que proviene de su propio interior. Tiene que hacer el esfuerzo de conocerse a sí mismo. Así se concretaría el propósito de la vida humana. El universo entero está contenido en el hombre. Si él se siente feliz, el universo entero es feliz, pero si está triste, el universo no está triste. El hombre debe esforzarse por conocerse a sí mismo; solo así se concretará el propósito de la vida.
Una carroza sin ruedas, un cultivo sin agua, un cable sin corriente, una escuela sin maestro, un auto sin frenos… en algún momento, representarán un peligro. Una vida vivida sin tomar consciencia de la Divinidad no es vida; es la muerte en vida.
En la vida humana hay un gran potencial, una gran capacidad. Si el hombre lo determina, puede lograr cualquier cosa; ciertamente puede cumplir cualquier tarea. El poder de la verdad, el poder de la bienaventuranza y el poder de la consciencia presentes en Dios están igualmente presentes en el hombre. Si la verdad, la consciencia y la bienaventuranza (sat, chit y ananda) están presentes en cada persona, ¿qué tiene Dios de especial e importante?
En la electricidad, los focos son muchos, aunque por fuera parezcan todos iguales. Pero hay diferencias en la potencia: 40 watts, 60, 100, 500, 1000, etc. Estas diferencias son solo de cantidad. La calidad es una sola: en cada foco hay corriente. Así son sat, chit y ananda. Podemos desarrollar la verdad, la consciencia y la bienaventuranza en cualquier extensión. Una fracción puede desarrollare hasta ser enorme. Un macrocosmos puede ser reducido a un microcosmos.
Todo reside en el pensamiento y en el esfuerzo de cada hombre. Si una persona tiene un cigarrillo, con el fuego de ese cigarrillo puede desatar un enorme incendio. A una persona se le puede entregar una gran hoguera, pero por negligencia esta se le puede extinguir.
Sraddhavan labhate jnanam: un hombre de fe logra la sabiduría (Bhagavad Gita 4:39)
Si se pone empeño, se puede lograr cualquier objetivo. Para todo es esencial la práctica.
Sreyo hi jnanam abhyasaj
Jnanad dhyanam visishyate
Dhyanat karma-pahla-tyagas
Tyagac chantir anantaram
(Bhagavad Gita 12:12)
“Si no puedes dedicarte a esta práctica, ponte a cultivar el conocimiento. Mejor que el conocimiento es la meditación, y mejor que la meditación es la renuncia a los frutos de la acción, porque gracias a tal renuncia uno puede lograr la paz mental”.
Todo lo que uno pueda ganar, todo lo que uno pueda tener, tarde o temprano está sujeto a ser abandonado. El hombre tendrá que abandonarlo, o ello lo abandonará a él. Antes de llegar a esa etapa, uno debe ser cauteloso y llevar una vida sagrada y llena de propósito.
Para llevar la vida de un ser humano hay que tener la condición humana. El ser humano no está haciendo el intento de amar a otros seres humanos. Hay odio entre individuos. Hay odio entre aldea y aldea, entre país y país. La gente habla de paz, paz, paz; se hacen congresos por la paz, pero es todo una farsa. Sosteniendo en la mano una bomba atómica, claman “paz, paz, paz”.
Aunque han llegado a la luna, no tienen paz ni felicidad. ¿Cuál es la razón? La razón es que tienen esa potente bomba en sus manos. De la misma manera, sosteniendo las malas cualidades como una bomba, alguien clama por la paz, pero ¿en qué momento estallará esa bomba? El hombre debe, en primer lugar, tener la condición humana. Si aprecia en cambio las cualidades malvadas, es una persona carente de todo valor.
Cuando tiene el conocimiento de sí mismo, el hombre es la forma misma de la bienaventuranza. Dios no está separado. El hombre es Dios mismo. Nuestros sentimientos tienen que ser acordes a esto. Si uno asume que es un hombre, es solo un hombre. Si asume que es divino, será divino. Brahmavid brahmaiva bhavathi (quien conoce a Brahman se convierte en Brahman). Yad bhavam, tat bhavati (tal como es el pensamiento, es su recompensa).
Habiendo comido un mango, ¿pueden tener un eructo de pepino? ¡No! Cuando eructan, sienten el olor de lo que han comido. ¿Qué pensaba Prahlada? Que Dios había descendido para rescatarlo. Porque Kuchela tenía esas cualidades, Bhagavan vino a protegerlo. Esas cualidades de Vishnu ayudaron a Druva en su momento. Con esas mismas cualidades el Señor ayudó al pobre Kuchela, que era el mejor amigo de Krishna. Un verdadero amigo es Dios.
Hoy, entre la gente mundana, si uno tiene una buena posición, si tiene los bolsillos llenos de dinero, son todos amigos. Dicen “hola, hola”. Pero cuando no hay dinero en los bolsillos ni hay posición, ni siquiera dicen “adiós”. Así es la amistad mundana. El verdadero amigo eterno es la Divinidad. Él está siempre con ustedes, a su alrededor y dentro de ustedes, protegiéndolos como el párpado protege al ojo.
Lamentablemente, Kuchela tuvo que enfrentar muchos sufrimientos. Tenía muchos hijos y les faltaban alimentos. Andaba apenado día y noche. Un día, su esposa dijo: “Krishna es tu amigo. ¿Por qué no vas a pedirle ayuda? Sabes que Dios es infinito y compasivo. Nunca abandona a nadie, siempre ayuda a todos. ¿Por qué no vas y pides ayuda a Krishna?”. Sin embargo, el sentimiento de Kuchela era diferente. “Krishna es ahora un gran emperador. Krishna es la Divinidad. Tal vez ni siquiera me dejen llegar a su puerta”. Entonces, su esposa dijo: “Él ha sido tu amigo desde los días de la infancia. Nunca te olvidará, nunca te abandonará”.
El verdadero amigo es Dios. ¿Quién pensó así? La esposa de Kuchela. La esposa representa a la devoción (bhakti). El esposo representa a la sabiduría (jnana). La sabiduría está llena de dudas, pero la devoción solo tiene amor, amor y más amor a Dios. La esposa de Kuchela pensaba de otro modo, movida por su devoción. Finalmente, él fue a ver a Krishna.
Kuchela envió el mensaje de que estaba a la puerta. En cuanto recibió el mensaje, Krishna acudió corriendo y llevó a Kuchela dentro de la casa. Con su vestimenta desgarrada, su cabello despeinado y su cuerpo sucio, Kuchela tenía miedo de que Krishna lo tocara. Pero Krishna no se fijaba en el cuerpo ni se fijaba en la ropa. Observaba la santidad del corazón, veía la amistad. Hizo que Kuchela se sentara en el mismo trono que Él usaba. Pidió a Rukmini, su consorte, que le sirviera, y rogó a Kuchela que comiera con ellos. Toda la comida fue servida en platos de oro.
Krishna abanicaba a Kuchela, y le preguntó: “¿Recuerdas nuestros días de la infancia? ¿Piensas en ellos?”. Krishna comenzó a relatar anécdotas secretas. Dios nunca olvida, pero el ser humano, cuando está en una posición elevada, lo olvida todo. Cuando todo eso pasa, se lamenta; pero nunca piensa en la niñez ni en la amistad. Mientras ocurría esto, Kuchela tenía miedo de quedarse demasiado tiempo, porque no tenía prendas para cambiarse.
Sonriente, Krishna dijo: “¿Kuchela, me trajiste algún regalo?”. Kuchela entró en pánico, porque había traído en una tela raída y sucia un puñado de arroz cocido, y esto sostenía en sus manos, pensando: “En esta vasta mansión, donde todo reluce de oro y plata, ¿cómo voy a abrir este paquete de tela sucia?”.
Observando la situación de Kuchela, que sostenía el arroz, el omnisciente Krishna tomó Él mismo el paquete y lo abrió. Solo había un puñado de arroz. Krishna lo tomó y comenzó a comer. Inmediatamente, Rukmini le tomó la mano. Kuchela pensó que la gente criticaría que Krishna, con su nivel y posición, comiera de ese arroz en un envoltorio sucio, proveniente de la baja posición de Kuchela. Pensó que por eso Rukmini había detenido la mano de Krishna. Pero ese no era el sentimiento de ella. Su sentimiento era: “Krishna, me corresponde una parte de eso. Tú eres el servidor de tu devoto. Yo soy tu sirvienta. Soy la sirvienta del sirviente. Si hay una porción para el sirviente, tiene que haberla para la sirvienta del sirviente. Por favor, dame mi parte”.
Nadie puede comprender la vastedad de la Divinidad. Debido a todas estas cosas, Kuchela olvidó que había venido con la expectativa de una recompensa, una ayuda. Finalmente, dijo: “Krishna, debo irme”. Krishna acompañó a Kuchela hasta la puerta, y lo hizo sentar en una carroza. Kuchela no había pedido nada. Ni siquiera había explicado la situación de su familia.
¡Oh, mente, no pidas nada! ¡Oh, mente, no pidas nada! Cuanto más pidas, más serás rebajada. ¿Acaso no fue recompensada Sabari, que no había pedido nada? ¿No había estado Krishna en los últimos momentos de Jatayu y le había dado de beber, aunque él no había pedido nada?
Kuchela no pidió nada. Pero Dios es el único que se ocupa de lo bueno, lo malo y el futuro. El devoto puede pedir cosas insignificantes, pero Dios está dispuesto a darle las grandes cosas que tiene reservadas. ¡No pidas! Él te dará mucho más de lo que pedirías. Pero es esencial que Lo ames. Ese amor es suficiente.
Kuchela regresó a su hogar en la carroza, pero no pudo reconocer dónde estaba su casa. Había allí una gran mansión. Todo estaba cambiado. En cuanto entró, encontró muy felices a sus hijos y a su esposa. Eran ricos, con todas esas propiedades. Kuchela pensó: “Es una ilusión, o es un milagro de Krishna? ¿Qué es todo esto?”.
Su esposa salió corriendo, y lucía toda clase de joyas. En la casa no había escasez de ningún tipo. La esposa de Kuchela sabía cuál es la capacidad que solo la devoción puede comprender.
La sabiduría también se puede obtener a través de la enseñanza de la devoción. La esposa preguntó: “¿Habló Krishna contigo?” Kuchela rompió a llorar, y relató:
“Al saber de mi llegada, dio orden de que me hicieran entrar inmediatamente. Apenas me vio, literalmente saltó de su trono y me abrazó sonriendo. Como hacía mucho tiempo que no me veía, me contempló de pies a cabeza, y me abrazó. ¡Oh, esposa mía! ¿Qué puedo decir de Su compasión? ¿Hay otro que comparta el arroz de un pobre, llenándolo de alegría? Él es el amor, y el amor es Él; no hay ninguna diferencia. Él es el amor, y el amor es Él. Esto lo he comprobado hoy”. |