Libros escritos por Sai Baba

{SB 85} Vidia Vahini ( Sabiduria Suprema )

5.EL ALMA ES INDESTRUCTIBLE

( Impreso en castellano en La Sabiduria Suprema (Vidhya Vahini) cap. 05 )

EL ALMA ES INDESTRUCTIBLE

La educación debe determinar, por una parte, las características y la naturaleza de la búsqueda espiritual del Absoluto, el Ser Superior o el Paramatma y, por otra, ahondar en ellas. Debe mostrar su verdadero carácter manifestándose como fuente de moral y estableciendo los axiomas de la virtud. Vidya representa su única prueba visible y constituye la raíz de la fe en todo credo. Vidya es lo que prepara la mente del hombre para que pueda apreciar la fe y adherirse a ella, como para permitirle dirigir su vida por esa dirección. Y es esto a lo que se ha llamado Filosofía.

Filosofía significa amor al conocimiento. El conocimiento representa un tesoro de valor incalculable. La educación es la búsqueda incansable del conocimiento, impulsada por el amor a su valía, y que no se arredra ante ninguna dificultad. Vidya trata de indagar detrás de las formas que asumen las cosas y detrás de las apariencias con que se revisten, para llegar a descubrir la única realidad que las puede explicar. La verdad debe llegar a conocerse para poder vivir de acuerdo con ella; la verdad debe llegar a visualizarse, y ésta es la función de Vidya.

Vidya es el resplandor que baña una vida plena. En Occidente, Vidya se aplica mayormente a conceptos y conjeturas, en tanto que en Oriente concierne mayormente a la verdad y a la totalidad. El Principio que Vidya persigue se encuentra más allá del ámbito de los sentidos. El ser humano es un triple compuesto de cuerpo, mente y espíritu y, en consecuencia, posee tres naturalezas en su configuración: 1) una naturaleza animal inferior, 2) una naturaleza humana, plena de habilidades y saber mundano, y 3) la genuina naturaleza de hombre, que es la naturaleza divina del Alma. El llegar a tomar conciencia de esta tercera naturaleza y establecerse en ella es lo que representa Vidya.

El cuerpo es una máquina compuesta por cinco elementos: éter, aire, fuego, agua y tierra. Dios juega con ella, manteniéndose invisible.

El cuerpo es como un árbol: el amor del Ser es la raíz; los deseos son las ramas que hace brotar de sí; las cualidades, los atributos, las formas conductuales que se basan en la naturaleza fundamental, son las flores que nacen de ellas; la alegría y el dolor son los frutos que ofrece.

El cuerpo humano es, por sí mismo, un mundo. La sangre circula por él y anima cada una de sus partes. De manera similar, Dios penetra y fluye activando cada punto del mundo.

Hay una sola ley que guía y protege este mundo: la ley del amor. Cada comunidad o cada nación tiene la alegría o el sufrimiento, la vida buena o difícil que hayan sido determinados por sus actividades y que deriven de ellas. Lo "malo" visto desde un punto de vista diferente es, de hecho, también "bueno": sirve para enseñar aquello que debe evitarse; nunca será malo o negativo para siempre, sino que su existencia siempre será breve. Ni el "bien" ni el "mal" pueden juzgarse como estados "absolutamente irremediables". Vidya revela y aclara que tanto el "bien" como el "mal" no son sino reacciones provocadas por las faltas o sentimientos de la mente humana.

Debemos lograr la capacidad de juzgar la diferencia entre una cosa "buena" y otra que nos parezca "mejor", ya que, de no ser así, nos quedaríamos con lo primero que nos parezca "bueno" y tenderíamos a descartar cualquier otra posibilidad. Hay que llegar a comprender que lo "mejor" no resulta perjudicial para lo "bueno". Del mismo modo en que la "injusticia" impele al hombre hacia la búsqueda de la "justicia", son los problemas que debe enfrentar por sí mismo los que lo inducen a cultivar la compasión y la caridad. La compasión surge de una semilla ineludible: el sufrimiento. Si no existieran la injusticia, los errores y el sufrimiento, el hombre habría llegado a convertirse en un madero o en una piedra. Aquel que no tenga la capacidad de evaluación y de respuesta ante un llamado de agonía y de dolor, será como un ciego, incapaz de distinguir entre la luz y la sombra. Todo aquel que carezca de sentido del discernimiento se comportará ciegamente.

El deseo genera ansias. Las ansias son causa del nacer y también del morir. Cuando el ser humano haya logrado quedar libre de deseos, no necesitará ya experimentar ni el nacimiento ni la muerte. El próximo nacimiento será sólo el resultado de los deseos insatisfechos en esta vida y estará determinado por ellos. Aquellos en los que no quede traza de deseos por objetos materiales, podrán llegar a alcanzar la conciencia de la realidad del Alma.

De hecho, el deseo de llegar a conocer a Dios, de amarlo y de ser amado por él, no es un deseo que implique atadura. Cuando emerge la conciencia de Dios en todo su esplendor, todo deseo mundano y sensorial queda reducido a cenizas en las llamas de esa conciencia. El ser individual se volverá hacia el Ser Universal tan pronto como llegue a cumplir este deseo, y ahí gozará de la Paz Suprema, Paramashanti. Para llegar a ganar la inmortalidad, el ser deberá cortar todo contacto con el no ser.

Sus pensamientos juegan un papel muy importante en la configuración de sus vidas. Es por ello que se les aconseja estar atentos a todo pensamiento que surja en la mente y darle cabida únicamente a los positivos. El ser humano es un manojo de pensamientos. Vidya lleva a estabilizar los pensamientos positivos en la mente y, por esta vía, se eleva al estado de Atma Vidya.

Por ejemplo, una silla evoca en nuestra mente una idea respecto a una cierta forma que lleva un cierto nombre, en tanto que la palabra madera no producirá esa idea ni esa forma nombre. El valor de la forma nombre dependerá de la aplicación que se le atribuya a la madera. La relación entre uno y el mundo material deberá ser tal que haga que se desvanezcan los deseos dentro de ustedes y no haga que se tornen más intensos y amplios.

En verdad, nadie ama o desea algún objeto o cosa por apreciarlo en sí mismo. Siempre se le desea por razones egoístas, en razón de uno mismo. El ser humano no realiza movimiento alguno sin un propósito específico. Sin embargo, el saber derivado del Vidya nos revelará que el individuo no es plenamente responsable, ni siquiera la motivación que lo impulsa. El karma o actividad no nos es plenamente propio. Pero es nuestro karma (acción) el que eleva o degrada nuestra posición.

La muerte implica ciertos procesos que debilitan y extinguen la vida pero no afecta al Alma, que es eterna e indestructible. Por lo tanto, uno no debería temer a la muerte, que es sólo otro estado o forma de vida. Por mucho tiempo que se sufra de una enfermedad o por muy graves que sean las lesiones que uno pueda haber recibido, la muerte no podrá producirse sino cuando el tiempo señale el momento apropiado. Cuando se acaba el anhelo por vivir, no será posible que se produzca otro nacimiento.

Es la misma energía única (Shakti) la que activa todas las manos, la que ve a través de todos los ojos y escucha a través de todos los oídos. De hecho, todo el género humano está constituido por una misma sustancia divina. El cuerpo humano, ya sea en América o en China, en Africa o en la India, tiene los mismos componentes de carne, sangre y huesos. Las tendencias instintivas y la conciencia les son comunes a todos los seres vivientes. Cuando se lleva a cabo una investigación por métodos científicos, se puede demostrar la verdad de que hay signos de conciencia de vida tanto en las piedras, como en los metales o en los árboles y plantas.

El Alma es una chispa de lo Divino. Los que inquieren pueden llegar a conocer su existencia latente. Dios es Uno. No importa qué nacionalidad tengamos, qué religión profesemos; si llegamos a dominar la ciencia del progreso espiritual (Atma Vidya), podremos llegar a realizar el Absoluto Universal (Brahman). El quid, el punto central, lo constituye la fe en el Dios único. Todas las demás conjeturas, creencias o concepciones giran en la periferia y no hacen sino conformar un encuadre para él.