Libros escritos por Sai Baba

{SB 85} Vidia Vahini ( Sabiduria Suprema )

4.DESAPEGO, RENUNCIAMIENTO Y CONTROL DE LOS SENTIDOS

( Impreso en castellano en La Sabiduria Suprema (Vidhya Vahini) cap. 04 )

DESAPEGO, RENUNCIAMIENTO

Y CONTROL DE LOS SENTIDOS

Bharath (India) ha estado otorgando paz y felicidad duraderas a gente de muchas naciones y a lo largo de muchas generaciones, por medio del impacto de los principios espirituales que ha sostenido. El ideal hacia el cual ha tendido esta tierra es el de: "Que todos los mundos sean felices y prósperos".

Este ha sido el más elevado objetivo de las gentes de Bharath. Para promover y realizar este sagrado ideal, los gobernantes de edades pasadas, los sabios, los fundadores de los credos, los estudiosos, los eruditos, las mujeres y las madres, todos soportaron numerosos sufrimientos y sacrificios. Descartaron honores y renombre, y lucharon por mantener sus convicciones y configurar sus vidas de manera consecuente con esta visión universal.

Hay artículos escasos y costosos que pueden llamar la atención gracias a su belleza exterior, pero que aparecen triviales al ojo iluminado por la luz espiritual. E1 atractivo y la fuerza físicos jamás podrán imponerse al atractivo o al poder espirituales. La cualidad de rajas (pasión) genera egoísmo y es fácilmente identificable en dondequiera que se encuentren el egocentrismo y el orgullo. No podrá llegar a evidenciarse la cualidad de satva (bondad) en tanto no se supriman estos modos de pensar y de actuar. Y, en ausencia de lo sátvico (bondadoso), es imposible propiciar, agradar o conquistar a Shiva, el poder supremo.

Parvati, la hija del monarca de los Himalayas, era un dechado de belleza física. Pese a ello, tuvo que llegar a adquirir la cualidad de satva (bondad), destruyendo el orgullo por su belleza y su innato egoísmo por medio de un severo ascetismo. Debía llegar a brillar en la belleza del espíritu. La leyenda relata que el Dios del Amor, Manmatha, quien planeaba proyectar sólo el encanto juvenil de Parvati para llamar la atención de Shiva, fue reducido a cenizas. Este incidente simboliza el hecho de que el conocimiento divino (Vidya) no puede llegar a adquirirse en tanto uno esté aprisionado en los lazos del ego. Cuando uno se provee de Vidya, el orgullo se desvanece.

En la actualidad, no obstante, el orgullo y la soberbia se consideran como parte del encanto que confiere el conocimiento. Deberá desistirse del atractivo que le atribuimos a una persona debido a su erudición en materia de cosas que atañen al mundo objetivo, sólo así podrá manifestarse la genuina divinidad innata: sólo así, la personalidad del individuo que es el Ser podrá aceptar lo divino. El ego en nosotros es el Manmatha, "el agitador de la mente", y es él el que deberá convertirse en cenizas por medio del impacto de la visión divina. Lo Divino, Iswara, no se inclinará ante el encanto o la fuerza físicos, o el poder mundano, financiero o intelectual. Todo esto es lo que representa el sentido profundo del episodio de Manmatha.

Parvati sufrió austeridades extremas y se expuso (es decir, expuso a su conciencia del ego) al sol y a la lluvia, al frío y al hambre, y así se fue transformando hasta que, finalmente, Iswara (Shiva) la aceptó como la otra mitad de sí mismo. Este es el estado del progreso espiritual que se denomina inmersión o fusión. Equivale a moksha y a mukthi, liberación (desprendimiento) y disciplina. Destruye la arrogancia, la envidia y todos los vicios afines. Y este Vidya es el real Vidya del Alma.

Moksha significa liberación. Todos los seres corporificados anhelan la liberación de las limitaciones que implica el tener un cuerpo. Cada ser viviente es forzosamente un aspirante a la liberación, un practicante de la renunciación. Uno deberá llegar a ser un versado en el desapego. Esto representa una verdad inapelable. Aquellos que abandonan sus cuerpos y se van, no se llevan consigo ni tan sólo un puñado de tierra. Cuando uno no aprende por si mismo a renunciar, la naturaleza se encarga de enseñarnos, por medio de la muerte, la gran verdad de la necesidad y el valor del desapego y del renunciamiento. Es por ello que resulta mucho mejor aprender esta lección antes de que ello suceda. Aquella persona que la aprenda y la practique será en verdad bienaventurada.

El desapego es la segunda virtud de valor que el Vidya inculca. Si uno vacía el agua contenida en un recipiente, con ella también se va la imagen o la sombra del cielo que se reflejaba, entrando en cambio el cielo verdadero al recipiente. Del mismo modo, cuando se descarta todo lo que no es el Alma, queda el Alma mismo y se habrá alcanzado la liberación. No obstante, lo que debe descartarse no son los impedimentos objetivos: el renunciamiento debe ser subjetivo. Mucha es la gente que interpreta renunciamiento en el sentido ya sea de entregar dinero o tierras para obras de caridad, el llevar a cabo ofrendas y otras ceremonias consideradas sacrificios, o el abandonar hogar, mujer e hijos y recluirse en el bosque. Pero renunciamiento no significa ninguno de estos gestos que más bien responden a una debilidad mental. Ninguno de ellos reviste las dificultades que se supone implican: uno puede realizarlos todos con facilidad y renunciar a lo que cada uno de ellos prescribe. El verdadero renunciamiento significa el abandono de los deseos.

El renunciamiento a los deseos representa la verdadera meta de la existencia de una persona, el propósito de todos sus esfuerzos. El abandono de los deseos implica el dejar de lado la lujuria, la ira, la codicia, el odio, etcétera. Por ello el renunciamiento fundamental es el que se refiere a ellos. Los demás sentimientos y emociones no son sino sus reacciones incidentales. Decimos "Kodanda Pan¡" (aquel que tiene en sus manos el arco Kodanda), pero ello significa que también lleva en la mano la flecha, porque el arco necesariamente la incluye. Así también, el deseo implica la presencia de la ira, la codicia, la lujuria, etcétera. Todos ellos representan las verdaderas puertas del infierno; la envidia es el pasador y el orgullo es la llave. Abran la cerradura, corran el pasador y podrán entrar fácilmente.

La ira contamina toda sabiduría que el hombre haya logrado ganar. El deseo desenfrenado echará a perder todas sus acciones, la codicia destruirá su devoción y su dedicación. El deseo, la ira y la codicia socavarán la acción, el conocimiento y la devoción del ser humano y harán de él un lastre. Por otra parte, la causa de la ira es el deseo, y el deseo es consecuencia de la ignorancia, por lo tanto, hay que comenzar por destruir y eliminar esta ignorancia básica.

La ignorancia es característica del pasu (animal). ¿Qué es un pasu? "Pasyathi ithi pasuh": ¡aquello que se ve es el pasu! Esto equivale a decir que aquello que tiene la visión exterior y que acepta lo que esta visión comunica, es el pasu. La visión dirigida hacia el interior conducirá a la persona a Pasupathi, el Señor de todas las cosas vivientes, el amo de los pasus. Aquel que no ha llegado a dominar los sentidos es un pasu. El pasu posee cualidades perjudiciales que nacen con él, le son afines. Uno puede empeñarse en eliminarlas, pero no es posible transformarlas en el corto plazo. El pasu no puede librarse de ellas. No tiene la capacidad de entender el significado del consejo que se le brinda. Por ejemplo, podemos criar a un cachorro de tigre con todo esmero y cariño, y enseñarle a ser cariñoso y obediente. Pero al estar hambriento sólo querrá carne cruda, no comerá verduras ni papas. El hombre, en cambio, puede ser educado con mejores modales, y de allí que las Escrituras declaren: "Para todos los seres animados representa un logro singular el llegar a nacer como hombres". En verdad, el hombre es el más afortunado y el más sagrado de entre los animales, debido a que sus cualidades innatas pueden ser sublimadas. Todo el que nace como un pasu puede, mediante su propio esfuerzo, elevarse hasta el Pasupathi, en tanto que la bestia nace y muere igual.

Una vida vivida sin llegar a controlar los propios sentidos no merece ser denominada como tal. El hombre ha sido dotado de muchas capacidades y si no llega a controlar por medio de ellas sus sentidos y a dirigirlos adecuadamente, habrá desperdiciado los años que puede llegar a vivir. Vidya o la verdadera educación le ayuda al hombre a alcanzar el éxito en el proceso del autodominio. Vidya confiere educación, control y disciplina. La educación promueve la humildad. Por medio de la humildad uno llega a adquirir el derecho de obtener una profesión, y esa autoridad confiere prosperidad. Una persona próspera posee la capacidad de dedicarse a la caridad y a ejercer la rectitud en su vida. Y la rectitud en la vida confiere felicidad, tanto aquí como en el más allá.