Libros escritos por Sai Baba

{SB 85} Vidia Vahini ( Sabiduria Suprema )

2.EL CONOCIMIENTO

( Impreso en castellano en La Sabiduria Suprema (Vidhya Vahini) cap. 02 )

EL CONOCIMIENTO

La sublime importancia de Vidya, o el aprendizaje superior, puede ser comprendida o comunicada a otros únicamente cuando la mente pura irradia su luz reveladora. Dentro de una habitación escrupulosamente limpia no entra ningún escorpión ni insecto venenoso, ellos sólo anidan en donde reina la suciedad y la oscuridad. De manera similar, la sagrada sabiduría no tiene cabida en los corazones que están impuros y tenebrosos, en los que, en cambio, sí encuentran refugio brotes venenosos como el de la ira y otros afines.

Cuando se desea blanquear el carbón de nada sirven el agua y el jabón, ni siquiera el sumergirlo en un recipiente con leche... el único método es echarlo al fuego, que lo transformará en un montoncito de ceniza blanca. Del mismo modo, cuando uno está ansioso por disipar la oscuridad de la ignorancia y la suciedad del deseo, deberá buscar la conciencia del Alma, en otras palabras, el conocimiento de Brahman (El Absoluto Universal). La oscuridad sólo puede eliminarse con ayuda de la luz, nunca podremos dominarla oscureciéndola más. Vidya es la luz que uno necesita para destruir la oscuridad interna. Vidya es lo que proporciona la iluminación necesaria. Vidya es el auténtico Purushotama Yoga, el Yoga de la Persona Suprema definido en el Gita, el conocimiento del saber supremo, superior. Este yoga no puede comprarse con dinero ni puede adquirirse a través de amigos, ni puede encontrarse en alguna tienda o fábrica. Cada uno debe asimilarlo y lograrlo por sí mismo, por medio de una fe sin vacilaciones y una devoción ardiente.

No es necesario que se impugne o contradiga la expresión "Dios no existe", bastará con transformarla de negativa en positiva, eliminando la partícula "no". Así también, con sólo unificar la visión multidireccional que ahora se dirige hacia el Universo, desaparecerá la diferenciación y los muchos se volverán Uno.

Ramakrishna Paramahamsa, Jayadeva, Gouranga, Tukaram, Tulsidas, Ramadas, Kabirdas, Saradadevi, Mira, Sakubai, Mallama, ninguno de ellos llegó a dominar los comentarios y explicaciones de las diferentes ciencias y escrituras; sin embargo, son venerados hoy en día por muchos seguidores de muchos grados y nativos de muchos países. La razón para ello reside obviamente en su inconmovible fe en el Alma, lograda por medio de la purificación de la mente, y fue únicamente Vidya quien les confirió esta pureza y claridad que les distinguieron.

Estas santas personas declaraban todo lo que había en sus corazones, exactamente como 1o habían experimentado. Comparen esto con los que postulan hoy en día que poseen Vidya. ¿No salta a la vista que no hay uno en un millón que exprese exactamente lo que lleva en e) corazón? Realizan adoración en honor de Sathyanarayana, I`larayana o Dios en la forma de Sathya (la verdad) una vez por año, y el resto del tiempo, día tras día, veneran a Asathyanarayana, el dios de la falsedad. Y de este tipo de adoración es que deriva el impulso hacia la erudición objetiva. ¿Merecerá el nombre de Vidya este tipo de conocimiento? ¡Jamás!

La comida dejada en un plato, si no la consumimos o no se la damos a algún hambriento, se echa a perder. De manera similar, cuando nuestros defectos y carencias no se corrigen, ya sea por esfuerzo propio o mediante el plegarnos a los consejos de almas compasivas que han logrado el éxito en el proceso de purificación... ¿pueden imaginarse lo que le hacen a nuestra vida? A1 igual que el plato de comida abandonado, esas vidas hederán... Cuentan de un padre que hablaba sobre los logros de su hijo y decía: "En resumen, tiene dos pequeños defectos: primero, no conoce sus defectos, y segundo, se niega a escuchar a quienes se los señalan". Esta es una historia del pasado, pero hoy en día no sé trata ya de un hijo aislado, sino que todos están, quien más, quien menos, en el mismo predicamento, y resulta muy común escuchar este mismo tipo de lamentos por parte de los padres. ¿Es este el valor del Vidya que dicen poseer?

Los niños son buenos por naturaleza; la falla reside en el sistema que dicé conferirles Vidya. Este hecho, ciertamente, es algo conocido por todos, pero también todos rehúyen la tarea de reformarlo. Esto es lo que constituye la mayor de las debilidades. Resulta muy fácil dar millones de consejos, pero la verdad es que ninguno se pone en práctica. "El sistema educativo debe ser renovado partiendo de la educación básica y llegando hasta la universitaria" es algo sobre lo que a menudo se lee en los periódicos, pero nadie se hace presente para introducir las transformaciones que se requieren y, ni siquiera, para proponer los cambios y la forma de llevarlos a cabo. Nadie tampoco se ha tomado el. trabajo de analizar los defectos más sobresalientes del sistema educativo.

No se ha reconocido la verdad de que los valores espirituales, morales y de conducta representan la culminación de los logros humanos. Hay personas que, sin haber obtenido cargos en el gobierno, escriben artículos y ensayos sobre el deber ser de la educación o se dedican a utilizar cualquier plataforma para repetir como loros los mismos "slogans". Pero cuando llegan a conseguir algún puesto de autoridad, propugnan medidas contrarias a lo que proclamaban anteriormente.

Un imán tiene la capacidad de atraer al hierro, siempre que éste no esté cubierto de herrumbre y suciedad. De manera similar, incluso siendo buenos los programas y los discursos, su práctica queda paralizada. A menos que se cure esta enfermedad, ni la educación ni el saber podrán mostrar su valía. El trozo de hierro ha de ser limpiado del moho y la suciedad para que el imán pueda atraerlo, y así también, cuando se asea y pule la mente, el efecto es, en palabras de un poeta: "Un mahatma que tiene como signo distintivo un pensamiento, una palabra y una acción que siempre están en concordancia". Cuando los tres se encuentran en armonía, representan la mayor prueba de la valía de un ser humano. Y este valor sin igual es el que es desacreditado por el hombre, por voluntad propia; puesto que pasa por alto el Conocimiento del Alma, el Vidya genuino que debería aprender.

Fueron muchos los eruditos, filósofos y expertos que florecieron en la época de Ramakrishna Paramahamsa, mas ninguno de ellos fue iluminado en alguna medida por la clara conciencia del Alma. Como resultado, ,sus nombres ya no se escuchan hoy en día, en tanto 'que el de Ramakrishna quien no sabía escribir ni menos podía pretender erudición en algún campo del conocimiento material u objetivo es el único que se ha difundido por el mundo entero. ¿Cuál es la razón para ello? El agua pura y el agua con azúcar se ven iguales... Con sólo beber de ellas podrán distinguirlas de in mediato.

Las palabras de Paramahamsa están preñadas de suprema sabiduría, en tanto que las de los eruditos no están sino llenas de saber libresco. Los filósofos ostentosos que sólo se dedican a asimilar páginas y más páginas impresas, no buscan sino el beneficio económico, no corren hacia lo Divino. Los fósforos que han caído al agua no se encienden al frotarlos, por mucha fuerza que uno emplee; además, terminan por echar a perder la caja que los contiene. Así también, los corazones empapados en deseos y propósitos mundanos no pueden dar de sí sino exhortaciones repetidas como un alboroto de loros, y no lograrán sino quien los escuche, mas no quien ponga en práctica sus palabras. Muchos serán los que reciban los consejos, pero no actuarán en concordancia.

Cada hecho en el mundo tiene una causa especial que lo llevó a producirse, y ella es el conocimiento. Es evidente que no puede haber conocimiento sin cosas por ser conocidas. El conocimiento mismo es de dos clases: el patente y el latente, el directo y el indirecto, el aparente y el real. El conocimiento patente se adquiere por medio del oído y otros órganos sensoriales y por la palabra de otros. El conocimiento latente es conocimiento real y no sabe de pluralidad; analiza y comprende las tracciones y objetos que activan la mente; purifica la mente y expande la visión del corazón.