Libros escritos por Sai Baba

{SB 84} Upanishad Vahini ( Conocimiento Vedico )

2. Upanishad Katha

( Impreso en castellano en Upanishads (Upanishad Vahini) cap. 02 )

2.- Upanishad Katha

EN ESTE UPANISHAD se encuentra la historia de Nachiketa, quien fue iniciado en la disciplina espiritual por el propio Yama, el dios de la muerte. La misma historia se menciona en los Upanishads Thaitiriya y Brahmana, así como en el Mahabharata, en el capítulo 106 del Anusasanaparva. Este Upanishad ha llegado a ser famoso a causa de su claridad y profundidad de imaginación. Muchos de los pensamientos que contiene se pueden encontrar en el Bhagavad Gita. Se le llama Upanishad Katha porque pertenece al Katha Saakha de la escuela Krishna Yajurveda.

Un ritualista ortodoxo llamado Yagnasrayas, también conocido como Gouthama, realizó un yaga (sacrificio). Como parte de la ofrenda regaló vacas que ya no podían pastar ni beber, ¡mucho menos dar leche! Estaban tan viejas que ya no podían usarse para nada. Viendo esto, su virtuoso e inteligente hijo, Nachiketa, comprendió que su padre podía sufrir grandes desdichas como consecuencia de aquellos impíos dones. El niño deseaba salvar a su padre de ese destino hasta donde pudiera, y le preguntó a quién lo daría a él como ofrenda. Le suplicó diciendo que él también debía ser dado a alguien, hasta que el padre, enojado, gritó: "¡Te daré al dios de la muerte!" Ante esta situación, el muchacho pensó que las palabras de su padre no debían ser pronunciadas en vano, aun cuando hubieran sido dichas en el Jivaloka (mundo de los seres individuales), afectado por el nacimiento y la muerte. Por ello persuadió a su padre de que lo ofrendara a la muerte por medio de un ritual realizado estrictamente según lo prescriben las escrituras. Pronto, Nachiketa se dirigió a la morada del Dios de la Muerte, pero tuvo que esperar tres días antes de poder ver a Yama, pues éste no se encontraba en su residencia. Al volver, Yama sintió pena de haber hecho esperar a su visitante, y le prometió a Nachiketa que le concedería tres deseos, uno por cada noche que había tenido que esperar ante su puerta.

Nachiketa pidió primero que cuando regresara a su casa su padre lo recibiera con alegría y ya no estuviera enojado por su impertinencia, sino tranquilo y tolerante. Su segundo deseo fue conocer el secreto de que en el cielo estuvieran ausentes el hambre, la sed y el temor a la muerte. Yama le concedió gustosamente estos deseos, y lo inició en un ritual especial y sus misterios. Nachiketa escuchó con reverencia y captó con rapidez y claridad los detalles del ritual. Yama se sintió tan contento con su nuevo discípulo, que le dio al Yaga un nuevo nombre: Nachiketa Agni. Esto constituyó un don extra concedido al gran visitante. Nachiketa dijo: "Maestro, el hombre es mortal, pero algunos dicen que la muerte no es el final, ya que hay una entidad llamada Atma que sobrevive al cuerpo y los sentidos; y otros arguyen que tal entidad no existe. Ahora que tengo esta oportunidad, deseo saber de ti lo referente al Atma".

Yama quiso poner a prueba las cualidades de firmeza y constancia de su interrogador para obtener la Sabiduría Suprema. Si no la merecía, no deseaba comunicársela. Así, ofreció concederle a cambio otros dones relativos a la prosperidad y felicidad mundanas. Le respondió que el Atma era algo demasiado sutil y evasivo, más allá del alcance del entendimiento ordinario, y puso ante él otros atractivos dones que podría disfrutar "mejor" y más rápidamente. Nachiketa replicó: "¡Venerado maestro! Tu descripción de la dificultad de entender estos tópicos me hace sentir que no debo perder esta oportunidad, pues no podría encontrar un maestro más calificado que tú para que me los explique. Esto y ninguna otra cosa deseo como tercer don. Los dones que me ofreces como alternativa no podrían asegurarme el duradero beneficio que sólo el conocimiento del Atma puede proporcionarme".

Viendo esta fe y esta perseverancia, Yama se sintió complacido y concluyó que Nachiketa era apto para recibir la Sabiduría Suprema. Le dijo: "Bien, mi querido niño. Hay dos tipos distintos de experiencias e impulsos, llamados sreyas y preyas, los cuales afectan por igual al individuo.

Los primeros liberan y los segundos atan. Unos conducen hacia la salvación, los otros hacia la esclavitud. Si tú sigues el camino de preyas, te alejarás completamente de la realización de la más alta meta del hombre. El camino de sreyas puede ser discernido sólo por el intelecto puro, viveka. El de preyas es seguido únicamente por los ignorantes y perversos. Vidya te revela el camino de sreyas, mientras que avidya te hace caer en el de preyas. Naturalmente, aquellos que buscan el sendero de sreyas son muy raros".

Yama continuó: "El Atma está libre de agitaciones y es impasible; es Conciencia, infinita y plena. Aquel que ha conocido el Atma ya no será perturbado por las ideas dualistas de ser y no ser, hacedor y no hacedor, etcétera. ¡El Atma no es ni siquiera un objeto para ser conocido! No es el conocedor, lo conocido ni el conocimiento. Descubrir esta verdad es la suprema Visión, y comunicarla a alguien es la suprema Instrucción. El que instruye es Brahman, la instrucción es Brahman y lo instruido es también Brahman. La comprensión de esta Verdad eternamente presente lo salva a uno de todo apego y agitación y, así, lo libera del nacimiento y la muerte. Este gran Misterio no puede ser aprendido por medio de la lógica; debe ser conocido y experimentado mediante la fe en los Smritis .

"El Atma puede llegar a conocerse después de una ardua perseverancia. Es necesario desviar la mente de su ambiente natural -el mundo objetivo- y mantenerla en una firme ecuanimidad. Sólo un héroe podrá salir victorioso de esta solitaria aventura interna y vencer a los monstruos del egoísmo y la ilusión. Y solamente esta victoria puede eliminar el sufrimiento".

La enseñanza del Vedanta es que la Verdad Suprema puede ser alcanzada por todos. Todos los textos lo proclaman como una sola voz. Afirman también que el Pranava, la sílaba Om, es el símbolo del Para y del Apara Brahman. Declaran que la adoración del Pranava nos permite alcanzar inclusive el estado de Conciencia Cósmica (Hiranyagarba) y nos ayuda también a llegar a los dos estados de Brahman mencionados. El hiranyagarba está envuelto solamente por un delgadísimo velo de Maya (ilusión) que puede ser desgarrado por medio del Om y con ello alcanzarse los niveles de Para y Apara Brahman.

El Upanishad Katha discurre también acerca del Atma de distintas maneras. Dice que el Atma no puede ser medido, que nunca podrá ser constreñido por las limitaciones, aunque pareciera ser así. La imagen del Sol en un lago tiembla y se agita debido al temblor y agitación del agua, pero el Sol no es más que un testigo distante; no es afectado por los medios que producen las imágenes. De manera similar, el Atma es el testigo de todo este cambio que tiene lugar en el tiempo y el espacio.

El jiva, la ignorancia individualizada, es el que participa de los frutos de la acción, sea correcta o equivocada, buena o mala. El jiva forja sus ataduras por medio del egoísmo y las rompe por medio del intelecto (budhi), la fuerza que contrarresta la ignorancia. Dense cuenta de que todo se puede alcanzar en el momento en que los órganos sensoriales, tanto internos como externos, son puestos fuera de acción. Deben ser descartados como falsos y engañosos; tienen que reabsorberse en el manas (la mente). Lleven al manas de vuelta al budhi (inteligencia individualizada) y a éste hacia Hiranyagarba, la Inteligencia Cósmica. Una vez alcanzado este nivel de sadhana, fusionen el Hiranyagarba en el principio del Atma (Atmatatva), del cual aquélla es sólo una manifestación.

Entonces alcanzarán el estado de Nirvikalpasamadhi, la perfecta e imperturbable ecuanimidad de la Unidad del Absoluto, la cual es su verdadera naturaleza. Ése es el secreto expuesto por este Upanishad; esto y el hecho de que toda la creación es sólo una creación y proliferación de nombres y formas.

Engañados por este espejismo, ustedes no son capaces de ver el desierto; aterrorizados por la serpiente que creen ver en una soga, no pueden discernir la realidad básica. La interminable ilusión que obsesiona al jivi debe ser rota por completo. El décimocuarto mantra de este Upanishad despierta al jivi del sueño de edades y lo guía hacia la meta.

El Alma está más allá de sonido, forma, olor, sabor y textura; no conoce fin. Los sentidos están atados a los objetos externos. El Alma es el instrumento primario para toda actividad y conocimiento, la fuerza motriz interna detrás de todas las cosas. Esta ilusión de lo multiforme, de la variedad, debe morir. Ha nacido de ajñana. La multiplicidad es un espejismo causado por el medio que nos rodea; el sentimiento de que están separados del Uno es la raíz de todo este aparente proceso de nacer y morir por el que el individuo parece pasar.

Después, Yama declaró a Nachiketa la naturaleza de Brahman para disipar sus dudas en este punto.

Como una luz opacada por el humo, el Purusha del tamaño de un pulgar -el Angushtamatra- es eternamente brillante. Así como el torrente de lluvia que cae sobre una montaña se divide en cientos de arroyos al bajar por las laderas, el jivi que siente la multiplicidad y la diferencia, cae por esa multitud hacia la ruina. Este Upanishad declara que no hay nada más alto que el Alma, ni siquiera igual a él. Las raíces de un árbol son invisibles, se esconden bajo la tierra, pero su efecto es evidente, se hace visible en las flores, ¿verdad? Lo mismo pasa con el árbol de este cambiante mundo físico. De esta experiencia debes inferir que la raíz, Brahman, está ahí como sustento y soporte. Así le habló Yama a Nachiketa.

El árbol del Samsara es como el árbol que hace aparecer un mago: sólo una ilusión. Aquel que ha purificado su intelecto puede ver al Atma como en un cristalino espejo aun en esta vida. Brahman es el jneyam, la cosa conocida, para el buscador de conocimiento; es el upasyam, lo logrado, para el que persigue una meta. El jñani es liberado por su visión de Brahman, pero el upasaka alcanza el Brahmaloka (mundo de Brahma) después de la muerte. Ahí se absorbe en Hiranyagarba y al término del Kalpa es liberado junto con el propio Hiranyagarba.

Nachiketa comprendió sin error alguno este conocimiento divino que Yama le enseñaba; fue liberado por la muerte y alcanzó a Brahman. Respecto de este conocimiento divino, inclusive el que trata de saber lo que es, gracias a este solo intento se transforma en una personalidad mejor, libre de toda mancha de pecado.

Este Upanishad enseña los temas fundamentales en diferentes formas: Pranavaswarupa, Sreyas y Brahmavidya, el principio del Pranava, el mérito espiritual y la ciencia de la conciencia de la Realidad, respectivamente. Mi intención es la de transmitirles ahora la esencia de estas enseñanzas. Cierto es que basta un mantra para salvar a aquellos que han agudizado su inteligencia y están llenos del anhelo de liberarse. Para el hombre obtuso e impulsado por los sentidos e inmerso en la persecución de los placeres materiales, todos los consejos resultarán un desperdicio, aun cuando se le den en abundancia.

El Alma es como el océano. Para instruir a una persona acerca de él no hay necesidad de pedirle que se lo beba todo. Una sola gota colocada sobre su lengua le dará el conocimiento necesario. Del mismo modo, si desean conocer este Upanishad, no hay ninguna necesidad de seguir cada mantra. Aprendan y tengan una vivencia de las implicaciones de uno solo y así podrán alcanzar la meta con toda certeza. Aprender para poner en práctica: ése es el secreto de las enseñanzas.