Libros escritos por Sai Baba

{SB 82} Sathya Vahini ( La Senda de la Verdad)

8. La esclavitud

( Impreso en castellano en La Senda de la Verdad (Sathya Vahini) cap. 08 )

8.- LA ESCLAVITUD

Una persona puede desechar varios cuerpos físicos en los que haya tomado una residencia temporal, y estos pueden ser tan numerosos como las veces que necesite recortar sus uñas. Mas el cuerpo sutil no se puede cambiar; perdura y persiste. Esta es la más secreta doctrina del pensamiento espiritual bharatiya. Avanzando un poco más por esta misma línea de descubrimiento, puede ser revelado que el concepto hombre significa: un complejo de cuerpo denso, cuerpo sutil y el individuo. La filosofía Vedanta declara que el individuo es eterno e inalterable (nithya). El mundo objetivo (Prakriti) también lo es, mas con una diferencia: sufre un cambio perpetuo, nunca es el mismo, aunque persiste para siempre. Las bases del mundo objetivo, es decir, la fuerza vital y el espacio o éter, respectivamente son eternas, pero están actuando e interactuando sin descanso y se manifiestan de manera variada y múltiple.

El Alma Individual no se originó ni en el éter ni en la fuerza vital; no es de naturaleza material. De este modo, es eterna y no sufre cambio alguno. No se produjo debido al impacto de uno sobre la otra o viceversa. Todas las cosas que se han compuesto se desintegrarán. Mas las cosas que son por sí mismas desde el inicio, no están sujetas a deshacerse así. La "desintegración" significa "reasumir la naturaleza original", "convertirse en lo que se era originalmente", "reducirse a la sustancia primitiva". El cuerpo denso representa el resultado de la combinación de éter y fuerza vital y, por ende, se disuelve en sus componentes. También el cuerpo sutil se disuelve, pero sólo después de un larguísimo tiempo. El individuo no es algo que se haya compuesto, de modo que no se desintegra. No tiene nacimiento. No puede nacer. Un ser unitivo, carente de partes, no puede tener un momento de origen.

El mundo objetivo, consistente en billones y billones de objetos, fuerzas y hechos variados, es gobernado por la voluntad de Dios. Dios es omnisciente, omnipermeante y omnipenetrante; El activa a la naturaleza y actúa a través de ella todo el tiempo. La naturaleza está siempre bajo su cuidado. Su dominio no tiene principio ni fin. Esto es lo que constituye la teoría de los dualistas.

Ello da motivo para una pregunta. Si el mundo es gobernado por Dios, ¿cómo permite que sea tan malvado y tan vil? La respuesta que se da es que Dios no es responsable del sufrimiento y el dolor. Los pecados que cometemos son los progenitores de los pesares que sufrimos. La alegría y el pesar son las consecuencias del bien y el mal que el hombre haya hecho. Dios es el Testigo. El no castiga ni causa pesar. El individuo no tiene principio, vale decir, no tiene nacimiento, pero se sume en una actividad constante, de modo que sufre las inevitables consecuencias de esa actividad. Esta es la experiencia que cada uno ha tenido, la característica de la mente de cada quien. Esta es la inquebrantable ley del mundo objetivo. El pesar o la alegría vienen a ser la imagen de la actividad que uno realiza. Constituyen su eco, su reflejo, su reacción. El individuo puede ser el testigo, sin tener que ver con lo bueno o lo malo de la actividad. Cuando uno se involucra en ella, habrá de experimentarse lo bueno cuando se ha hecho el bien, y lo malo cuando se ha hecho el mal.

El Vedanta afirma que, por su naturaleza misma, el individuo es puro e inmaculado. Esta es la doctrina aceptada por el pensamiento bharatiya. Mas esta Verdad ha sido cubierta por la niebla de la ignorancia y la negligencia. De modo que la ilusión cósmica contamina la experiencia y las sombras de la ignorancia generan la maldad. Sin embargo, al dedicarse a actividades beneficiosas, se disipan las nubes de la ilusión cósmica y se comprende la realidad del Ser. Todos los seres, todos los individuos, son puros por naturaleza. Las buenas acciones pueden eliminar las manchas dejadas por las erróneas y preservar esta pureza esencial. Entonces, el individuo es conducido por la senda que lleva hacia Dios (el Deuayana). El anhelo de ir hacia Dios puede transformar las palabras, los pensamientos y los actos.

No podemos pensar sin palabras; las palabras constituyen el material esencial para el pensamiento. Cuando el individuo abandona el cuerpo, las palabras entran en la mente; la mente entra en la fuerza vital y esta se funde en el Alma. El Alma (individualizada en el cuerpo), cuando llega a liberarse, pasa raudamente hacia la Región del Principio Solar (Suryaloka). Desde allí pasa a la región de Brahma (el Brahmaloka). Una vez alcanzada esa región, el Alma individualizada ya no tiene nada que ver con la naturaleza. Existirá allí hasta el fin de los tiempos. Experimentará una bienaventuranza sin límites. Será poseedora de todos los poderes, con excepción de los poderes de la Creación.

La autoridad de gobernar sobre todo el cosmos es exclusiva de Dios. Dios está libre de todo deseo. El deber del hombre consiste sólo en ofrecerle amor y en adorarle a través del amor. Esto hace que el hombre se eleve al más alto estado entre todos los seres. Aquellos que no tienen conciencia de este estado o que son incapaces de cumplir con las responsabilidades que impone, pertenecen a otras categorías. También hacen ofrendas y adoran, también se dedican a actividades benéficas, pero ansían los frutos que esperan ganar; llevan a cabo sus actos motivados por el deseo de gratificarse con los resultados que se obtengan de ellos. "Hemos ayudado a los desamparados, por ende, nuestra senda será llana y segura. Hemos levantado a los oprimidos, de modo que podemos contar con un camino despejado para nosotros. Nos hemos dedicado a cantar a coro la gloria del Señor, así que tenemos asegurado el Cielo". Así es como piensa la gente que se dedica a "las buenas obras". Cuando este tipo de personas entregan el cuerpo, es decir, cuando mueren, sus palabras se sumirán en sus mentes, sus mentes se sumirán en la fuerza vital y esta se sumirá a su vez en el individuo y el Alma Individual viajará hacia la Región del Principio de la Luna (el Chandraloka), es decir, el Loka de la deidad que preside a la mente... lo que implica que habrán de volver a entrar en el ámbito de la mente, con todas sus agitaciones y sus torbellinos de ansias y deseos. En el Chandraloka, estos individuos experimentarán algunas satisfacciones y placeres hasta tanto duren las consecuencias de sus buenas obras. Por ello las escrituras dicen: "Cuando se ha agotado el mérito adquirido, vuelven a entrar en el mundo de los hombres mortales". El Alma Individual se encierra en un cuerpo dotado de órganos sensoriales de acuerdo con las consecuencias que haya ganado por las obras realizadas en el cuerpo anterior, y comenzará un nuevo curso de vida. La residencia del alma en el Chandraloka viene a ser, según los hindúes, el tiempo que se pasa como un deua en los Cielos o lo que el cristianismo y el islamismo denominan un ángel. El apelativo de Devendra que se le da al Señor de estos deuas, es una señal de posición de autoridad. Son miles los que han ascendido a esta posición.

De acuerdo con los Vedas, cuando se observa siempre el más alto bien, la persona es elevada a la posición de Devendra. El alma que haya llegado antes a ella, descenderá a la Tierra y reasumirá su carrera en forma humana. A1 igual que cambian los monarcas en la Tierra, tampoco los regentes del cielo pueden escapar al ascenso y a la caída. También los residentes del cielo están sujetos a la ley de los altibajos. Solamente en el Brahmaloka se está libre de nacimiento y muerte, de ascenso y caída, de altas y bajas. Esta es otra doctrina básica del pensamiento bharatiya, el eterno néctar que le entrega a la humanidad.

Mientras el Alma Individual es un deua en el Chandraloka, no puede efectuar acción alguna. Sólo el hombre se puede expresar a través del karma que lo ata por medio de sus consecuencias. Karma significa actividad emprendida con deseo, con los ojos puestos en el resultado. Cuando el alma permanece como un deua en el Chandraloka se encuentra contenta y satisfecha, de modo que no anhelará la actividad para lograr algún placer o éxito. La residencia en ese Loka constituye la recompensa que se ha ganado por las buenas obras llevadas a cabo en el pasado, o puede ser el premio merecido por su bondad. Cuando la felicidad que emane de las buenas obras se haya disfrutado y consumido, se tendrá que sufrir el saldo de las consecuencias acumuladas, de modo que el alma deberá volver como hombre a la Tierra. Entonces, si alcanza el más alto bien y se dedica a la realización de acciones con el mayor potencial de mérito, puede limpiar su corazón y llegar a alcanzar el Brahmaloka, desde el cual no hay retorno.

En ninguna parte de los Vedas se encuentra el término infierno (IYaraka). El concepto de infierno es ajeno al pensamiento espiritual bharatiya. Tanto la idea de un infierno como sus variadas descripciones constituyen adiciones posteriores intercaladas en los Shastras y Puranas. Ello responde a una creencia de los autores de estos textos respecto a que la religión sería incompleta si no incluyera el infierno. Como parte de él, postularon una serie de diversas torturas, aunque le pusieron un límite a las penas que allí se sufren. Entre otras cosas, declararon que la muerte no tenía cabida. El propósito que movió a la creación del concepto fue el de imbuir el temor entre la gente para llevarla a abandonar el pecado.

No obstante, el monismo (Aduana) no afirma la existencia ni del cielo ni del infierno. Se ocupa únicamente de la esclavitud y la liberación, la ignorancia y la iluminación. Es lo que se conoce como Vedanta. Y no hay creencia que sea superior a la que se sustenta en el Vedanta.