Libros escritos por Sai Baba

{SB 82} Sathya Vahini ( La Senda de la Verdad)

19. La oración

( Impreso en castellano en La Senda de la Verdad (Sathya Vahini) cap. 19 )

19.- LA ORACIÓN

La relación entre los karmas mundanos y espirituales debe ser examinada también. Aramos a conciencia el campo y lo preparamos para que germinen en él las semillas; seleccionamos buenas semillas y las depositamos en los surcos; protegemos con cuidado los brotes y quitamos las malezas que los ahogan o dañan; regamos las plantas cada vez que lo requieren; mantenemos una guardia vigilante de modo que salvamos de las plagas a las plantas y protegemos la cosecha levantando cercos. Fíjense que cada uno de estos pasos cruciales los cumplimos diligentemente y sin demoras, en la forma y momento en que se requiere. Mas ¿cómo podemos estar seguros, pese a todos nuestros cuidados, de que el fruto de nuestros esfuerzos llegará hasta nuestros hogares y podrá ser almacenado para nuestro uso? El canal de regadío se puede secar cualquier día. El cielo podría dejar caer un exceso de lluvia o retenerla totalmente. Es posible que las plagas se hagan demasiado fuertes como para eliminarlas y que lleguen a destruir la cosecha justo antes de recogerla. No obstante, el hombre no debe derrumbarse, aunque le haya sobrevenido alguno de estos desastres, como si lo hubiera perdido todo.

Si uno no logra agua a tiempo para sus cosechas, puede recurrir a medios artificiales, internándose en las nubes y utilizando elementos químicos para lograr lluvia. Mas ¿qué garantía tiene de que la lluvia así producida caiga sobre el terreno propio? Los medios artificiales no influyen en el ánimo de los dioses y estos ayudan u obstruyen, de acuerdo con su voluntad. Cuando todos los caminos se cierran y por último, uno se decide a orar para pedirle lluvia a Dios, ¿cómo se debe formular la oración y de qué manera debe ser expresada? Estos son los problemas con que uno se enfrenta. El desastre es evidente, el único refugio es la oración: "¡Oh Dios! La siembra que crece en mi campo se está secando inevitablemente por falta de la lluvia que no viene. El canal no trae ni una sola gota para calmar la sed de los hombres y el ganado. Por ello te pido que tengas misericordia de nosotros. Danos lluvia en abundancia y pronto".

Entretanto, digamos que ha surgido otro problema. Nuestro vecino ha hecho los preparativos para celebrar alguna festividad y, puesto que la lluvia arruinaría esa celebración y les causaría terribles inconvenientes a los participantes, él está rezando con igual fervor: "¡Oh Dios!, retén las lluvias hasta que hayan pasado estas celebraciones".

Ambos suplicantes son genuinos devotos de Dios, tanto el que clama por lluvia como el que pide que no llueva. ¿Qué debe hacer Dios en estas circunstancias? ¿A la plegaria de quién debe responder? Es obvio que una de las características de lo Divino es el responder alas plegarias saturadas de sinceridad. Cuando se contraponen los ruegos de los devotos. ¿cómo debe configurar su gracia? Dios es libre, su voluntad es ley. Mas, en algún sentido, está atado por su propio amor y compasión.

El monarca de un reino no puede cumplir los deseos de cada uno de sus súbditos, no puede aspirar al poder de satisfacer todas sus necesidades. ¿Por qué? Incluso es incapaz de cumplir todos sus deseos. Si tratara de satisfacer cada deseo que surja en él, de seguro sus súbditos se levantarían en su contra y lo depondrían de su trono. Este peligro se cierne siempre sobre él. Por muy poderoso que sea un monarca, siempre deberá obedecer a ciertas reglas y acatar ciertas limitaciones para asegurar un gobierno justo. Estas pueden haber sido establecidas por el mismo monarca, pero una vez promulgadas, él también queda sujeto a ellas y debe acatarlas. Si las transgrede o las pasa por alto, la consecuencia será el caos. Y los súbditos ejercerán su libertad para ignorarlas o transgredirlas. "Como sea el rey serán los súbditos", dice el adagio.

La persona que dicta una ley también debe obedecerla. No puede mantenerse al margen. El monarca debe tener siempre como ideal el bienestar y la felicidad de sus súbditos, pues estos son esenciales para su propio bienestar y felicidad. Así de estrecha es la interrelación entre gobernante y gobernados.

La satisfacción de los deseos correctos y encomiables de sus súbditos representa un deber ineludible para el monarca. Por esta razón, para llevar a cabo con eficacia y sin tropiezos sus deberes, el monarca les asigna esta tarea a muchas autoridades subordinadas, en vez de atender por sí mismo todos los asuntos concernientes al reino y a los súbditos.

Los gobernantes de los Estados del mundo deben forzosamente establecer condiciones y limitaciones, disciplinas y deberes estrictos y rígidos para asegurar el bienestar, la prosperidad y el progreso. ¡Imaginen, entonces, cuántos más deben ser impuestos por el Señor, que es responsable del cosmos entero! Para el funcionamiento uniforme y seguro de las diversas facetas de la naturaleza, El debe prescribir leyes perfectas. ¡Piensen solamente en lo numerosas y universales que deben ser! Ellas afectan a cada actividad de la naturaleza. Cada unidad debe tener (y tiene) sus propias y particulares restricciones y regulaciones. Dentro de un marco más amplio, cada una es más o menos un todo en sí misma. Posee una cabeza separada, con miembros de gobierno que coordinan deberes y responsabilidades y cooperan con otros.

Las oraciones de los afligidos pidiendo una ayuda oportuna o una guía útil son atendidas únicamente por las unidades apropiadas. Por ello, si por ignorancia o descuido, el ruego se dirige a la cabeza equivocada, ¿qué puede hacer esta? Sólo puede dejarlo de lado, señalando que no le concierne, puesto que le ha sido dirigido erróneamente. De este modo, las plegarias solicitando beneficios y dones específicos deben dirigirse a las instancias con las que se relacionen. La divinidad que corresponde ala lluvia es Varuna. Por lo tanto, las peticiones para que llueva y otras similares deben serle dirigidas a él, porque es el único autorizado para tratar con esto. De manera similar, Surya es el que preside la salud y el esplendor. Ganapati es la deidad que elimina las dificultades que obstaculizan las buenas obras. Bhudevi es la diosa encargada de la vegetación. Las siembras y las plantas medicinales son cuidadas por Chandra. De este modo, cada grupo de manifestaciones y expresiones de lo Divino posee una áutoridad divina menor, con el poder de supervisar y manejarla. A ellas se hace referencia como deidades. Existen deidades o dioses que supervisan, cuidan y guían cada uno de los sentidos del hombre.

Se puede plantear el interrogante: "Dios es uno, ¿por qué no puede entonces oír y responder El mismo a nuestras oraciones?". Esta pregunta se basa en un error; es un signo de fe debilitada. Por supuesto que hay un solo Dios. Mas en el gobierno del cosmos debe, necesariamente, haber diferentes campos de actividad que regir y regular. Estos son los que tienen las deidades subordinadas. Si me escriben a mí y dirigen la carta a otro, ella llegará solamente al destinatario que hayan indicado. No puede serle entregada a la persona con quien quieren comunicarse. Así también, deben dirigirse a la deidad encargada que tenga que ver con la satisfacción o la denegación del deseo que hayan expresado. Entonces esa deidad se interesará en su problema e iniciará los pasos que estén a su alcance para resolverlo.

Antes de formular una plegaria, es necesario averiguar sobre los méritos con que uno cuenta; esa indagación revelará si los pensamientos y resoluciones, las esperanzas y deseos que uno guarda, brotan o no de una fe firme. ¿Cómo se prueba y se descubre la verdad? La gente suele tomar una pieza de oro y trazar con ella una línea sobre un trozo de piedra; luego examinan el trazo y confirman la calidad. La prueba que les revelará la calidad de su fe es examinar si están practicando sinceramente los mandamientos que Dios ha establecido. Sus creencias y acciones deben ser expresiones de fe. Tener la santidad como núcleo. Estar tan llenas de amor y compasión que atraigan hacia ustedes la gracia de Dios.

La actividad que surge de tal convicción y fe sagradas es la meta de la sección de las escrituras védicas que se refiere al karma. Ella constituye la raíz principal del progreso humano, el aliento mismo de la existencia humana feliz; es el único alimento capaz de calmar el hambre del hombre, el agua sustentadora que puede saciar su sed. La actividad o karma está tan fundamentalmente ligada al hombre, como su necesidad de descubrir y conocer su propia realidad. Por ello, el primero y permanente deber del hombre es dedicarse a las actividades que se enseñan en los Vedas o que ellos aprueban.

Hay tres tipos de actividad que llegan hasta Dios y logran su gracia: 1) La actividad no impulsada por el deseo personal; 2) la actividad que emana del amor desinteresado, y 3) la oración que se eleva desde los corazones puros. Estas son las tres categorías a las que Dios presta atención y que llegan directamente hasta El. Las restantes son de la incumbencia de las deidades que las presiden. Por ello, las oraciones deben ser desinteresadas, estar saturadas de amor y libres de todo tinte de apego al don que la oración pudiera conceder.

La palabra Shastra, que se emplea frecuentemente para indicar "escrituras", significa "aquello que manda, ordena o dirige con autoridad". "Antes de ingerir alimento, cocínenlo bien; antes de sembrar semillas, aren el terreno para prepararlo convenientemente". No es necesario que los Shastras contengan este tipo de órdenes. ¿Quién ordena y en dónde se consigna esa orden de que el ternero recién nacido debe buscar su alimento en la ubre de la vaca, en donde ya está almacenado para apaciguar la angustia de su hambre? El nacimiento se produce simultáneamente con el sustento para el ser que nace.

De hecho, el alimento está listo con anterioridad y el nacimiento del ser que debe ser alimentado llega luego. El alimento del individuo y su nivel de vida dependen de los méritos o culpas acumulados en la lucha por la obtención de aquellos durante vidas previas. El ser utiliza su inteligencia para vencer los obstáculos y cultivar las habilidades que se requieren a fin de tener éxito en esta lucha, mas las pautas realmente valiosas para el progreso humano se sitúan fuera del alcance del entendimiento del hombre, e incluso de las capacidades de su inteligencia. No obstante, las características de su conducta, sus actitudes y aptitudes se encuentran delineadas en los Vedas y demarcadas en los Shastras. La actividad aparece tan esencial en las orientaciones védicas y sástricas como lo es en el nivel mundano para los seres humanos. Los eruditos deberían darse cuenta de que las actividades que se recomiendan en las escrituras promueven el mejor interés del hombre aquí y conducen hacia la paz y la armonía en el más allá.

En el tipo de actividad benéfica ocupa un papel preponderante el objetivo del servicio al género humano. Por su parte, también el individuo que persigue este objetivo es beneficiado, puesto que es parte de la comunidad a la que sirve. El es copartícipe de la magnífica aventura. Saber esto y tener conciencia de esta verdad cuando uno está dedicado al servicio es, en sí mismo, uno de los más elevados estímulos para servir.

Hoy en día escuchamos por todas partes consignas, cada una de las cuales subraya la idea de que el servicio prestado al hombre es veneración ofrecida a Dios. La idea es muy cierta y muy válida, pero algunos no han dilucidado bien el método de servicio. El llamado a servir al género humano es escuchado y aceptado, mas no se piensa en cómo y dónde debe practicarse ese servicio. Cada cual sigue su propio impulso e inclinación. El impulso más poderoso es el del autoengrandecimiento que se disfraza de servicio. En el nombre del "servicio" no se fomentan ni la prosperidad del mundo ni el avance espiritual. Es más lo que se logra destruir que lo que se construye. En cambio, al ayudar a uno, al cooperar con otro, al simpatizar con un tercero que ha enfrentado un fracaso, con aquellos que han sufrido una enfermedad o una

desgracia, se debe tener en cuenta no sólo al individuo, sino también la armonía y felicidad del mundo.

La organización de este impulso de servir y las direcciones en que este ha sido canalizado son algo que, desde tiempos remotos, se considera establecido por los sabios de antaño. Estos antepasados creían que la observancia misma de la rectitud y justicia por parte del individuo, contribuía al bienestar del mundo y podía ser valorada como "servicio". La gran huella circular de un elefante puede encerrar e inclusive borrar las huellas de muchos animales; de manera similar, esta rectitud y justicia incluyen el servicio a la sociedad y al género humano. Esto constituía el credo de los sabios.

Los dictados de Dios inspiran los más altos ideales. Los antepasados los absorbían desde que succionaban la leche del pecho materno. Debido a eso, su práctica era pura, digna de alabanza y conducente al más elevado bien. En aquellos remotos tiempos se creía que alimentar a los hambrientos como si se tratara de una festividad, proveer de habitación a los que carecían de techo, levantar templos, construir embalses y cavar pozos conducía a la felicidad humana. Los hombres buenos que propagaban tales ideales eran buscados y reunidos, apoyados y defendidos; poblados enteros eran conocidos por sus nombres y se les otorgaban terrenos cultivables para su sustento. La fresca y reconfortante luz de la.fama de estos guías y líderes ha perdurado incluso hasta ahora, entregando firmes ejemplos de amor, compasión y sabiduría al servicio de la humanidad.