Libros escritos por Sai Baba

{SB 82} Sathya Vahini ( La Senda de la Verdad)

1. La Realidad Suprema

( Impreso en castellano en La Senda de la Verdad (Sathya Vahini) cap. 01 )

1.- LA REALIDAD SUPREMA

El proceso del vivir tiene como propósito y sentido alcanzar lo Supremo. Por Supremo se implica al Alma. Todos los que han nacido en la cultura Bharatiya (de la tierra de Bharat, que tiene apego al Señor) los bharatiyas saben que el Alma está en todas partes. Sin embargo, cuando se les llega a preguntar cómo lo saben, algunos afirmarán que es algo que les han enseñado los textos de los Vedas (Escrituras Sagradas), algunos citarán los textos de los Shastras (Códigos de moral) y otros se apoyarán en el testimonio de la experiencia de los grandes sabios. Cada uno de ellos basará su conclusión y la probará como correcta de acuerdo con la agudeza de su intelecto. Muchos grandes hombres han orientado su inteligencia hacia el descubrimiento del Alma omnipresente y han tenido éxito en visualizar aquel Principio Divino. En este país, Bharat, se tiene la evidencia del exitoso logro de las metas que se habían fijado numerosos predicadores, pandits (filósofos), aspirantes y ascetas, cuando se empeñaron sinceramente en perseguirlas. No obstante, entre millones de hombres no podemos contar sino unos pocos que han sido capaces de visualizar al Alma Universal.

Ningún otro ser viviente ha sido dotado de inteligencia y de facultad discriminatoria en tan alto grado como para permitirle llegar a visualizar al Alma. Es esta la razón por la cual el hombre ha sido aclamado como la cima de la creación y por qué los Shastras proclaman que la oportunidad de nacer como hombre constituye una muy rara forma de buena suerte. El hombre cuenta con las cualidades requeridas para buscar la causa de la Creación: tiene en sí tanto el impulso como la capacidad para ello. Hace uso del universo creado para promover su paz, su prosperidad y su seguridad; hace uso de las fuerzas y objetos de la naturaleza para promover su placer y felicidad. Ello lo aprueban los Vedas mismos.

Los Vedas representan la autoridad en que se basa la fe de millones de personas. Ellos son las propias palabras de Dios. Los hindúes creen que los Vedas no tuvieron principio ni tendrán fin. Dios le habla al hombre. Los Vedas no son libros que hayan sido escritos por algún autor, sino revelaciones que Dios les otorgó a muchos buscadores acerca de la vía para alcanzar la Meta Suprema. Antes de ser revelados ya existían como sendas valederas, y continuarán siendo válidos aunque el hombre se olvide del camino. No se originaron en ningún periodo determinado de tiempo ni hay tiempo alguno que los pueda borrar. También el dictado de Dios, la Rectitud (Dharma) que los Vedas nos permiten atisbar, carece de principio o de fin, porque se refiere a la Meta Suprema.

Naturalmente hay unos cuantos que arguyen que, aunque pueda concederse que la virtud, la naturaleza esencial del Ser referente a la meta suprema no tenga fin, es seguro que debe tener un principio. Los Vedas declaran que el ciclo de creación disolución no tiene un punto en el que se pueda decir que haya comenzado ni uno en el que vaya a terminar. Representa un girar continuo. Y no existen cambios en la cantidad de la Energía Cósmica: no muestra incremento ni disminución; es siempre igual, eternamente establecida en sí misma. Lo Creado y el Creador son dos líneas paralelas que tienen un comienzo desconocido y un final inabarcable. Se mueven a igual distancia la una de la otra, por siempre jamás. Pese a que Dios es eternamente activo, su voluntad y el poder tras ella no le son claros al intelecto humano.

De acuerdo con los bharatiyas (los herederos de la cultura de la India), lo Supremo es la vastedad misma. Se eleva hacia los altos cielos y se mueve libremente en esa expansión. Esto fue declarado en términos muy claros, mucho tiempo antes del periodo histórico. El estudio del concepto de lo Supremo y su difusión sufrió serios traspiés a lo largo de la historia. No obstante, los enfrentó todos con éxito y está afirmándose hoy en día, vivo y activo. Ello constituye una prueba de la fuerza innata de esta revelación. Las concepciones de la Meta Suprema expresadas en el judaísmo, el cristianismo y el zoroastrismo, buscaban incluir en sus categorizaciones al concepto bharatiya e integrarlo como parte de ellos. Sin embargo, este aceptó una condición de ajeno en su propio "lugar de nacimiento" y, por otra parte, ayudó a aclararles a aquellas mismas religiones su propio concepto de lo Esencial, enfatizando la unidad de todos los puntos de vista y estableciendo la armonía sobre la base de la ausencia de diferencias. En tanto que la corriente del conocimiento relativo a la meta suprema descubierta por los sabios bharatiyas siguió fluyendo, los conceptos de las demás religiones se mantuvieron estancados junto a ella.

En la India misma nacieron muchos credos que surgieron como hongos del tronco principal. Todos ellos trataron de arrancar de raíz o de infligirle un golpe mortal al concepto del hinduismo sobre la Realidad, lo Supremo. No obstante, al igual que después de un terremoto retroceden las aguas del mar sólo para volver a golpear con furia multiplicada las costas que parecían haber abandonado, la corriente de la sabiduría bharatiya fue restaurada en su prístina gloria luego de alzarse por sobre los conflictos y las confusiones de la historia. Cuando se calmó la agitación, atrajo a las diferentes sectas que distraían la mente de los hombres y las fundió en su forma expansiva. El principio bharatiya del Alma abarca, revela y explica todo y es todopoderoso.

Desarrollar fe en el Principio del Alma y amarlo con sinceridad es lo que constituye la verdadera adoración. Para el hombre, el Alma es el único Amado. Sentir que es más digno de amor que cualquier objeto de aquí o del más allá, viene a ser la verdadera adoración que el hombre le puede ofrecer a Dios. Esto es lo que enseñan los Vedas. Los Vedas no enseñan la aceptación de un cúmulo de reglas y restricciones terriblemente duras; no ponen frente al hombre la amenaza de una prisión en la que queda encerrado tras las rejas de causa y efecto. Nos enseñan que hay Uno que es el soberano tras todas estas reglas y restricciones, Uno que es el centro de cada objeto, de cada unidad de energía, de cada partícula o átomo y Uno bajo cuyas órdenes solamente operan los cinco elementos (éter, aire, fuego, agua y tierra). Ámenlo, adórenlo, ríndanle culto, dicen los Vedas. Esta es la grandiosa filosofía del amor que se encuentra expuesta en ellos.

El secreto supremo es que el hombre debe vivir en el mundo en el que ha nacido, como las hojas del loto, las cuales, pese a nacer en el agua, flotan en la superficie sin que aquella las afecte o las moje. Es evidente que resulta positivo amar y adorar a Dios con el objeto de ganar frutos valiosos ya sea aquí o en el más allá; no obstante, puesto que no hay un fruto u objeto que sea más valioso o que valga más la pena que Dios mismo, los Vedas nos aconsejan amarlo sin traza de deseo en nuestra mente. Amen, ya que deben hacerlo, solamente por amor al amor; amen a Dios por sí mismo, ya que todo lo que pueda otorgarles valdrá menos que El mismo; ámenlo sólo a El, sin anhelo ni petición alguna.

Esta constituye la suprema enseñanza de los bharatiyas. Dharmaraja, el mayor de los hermanos Pandavas, representa, tal como se le describe en el Mahabharata, el ideal de este tipo de enamorado de Dios. Cuando perdió ante sus enemigos su vasto imperio, que incluía toda la India, y tuvo que vivir oculto en cuevas en medio de la cordillera de los Himalayas con su consorte, Draupadi, ella le preguntó un día: "Mi señor, tú eres, indudablemente, el primero entre los que siguen sin vacilar la senda de la virtud. Sin embargo, ¿cómo es posible que te haya sobrevenido esta terrible calamidad?". Ella se sentía agobiada por el sufrimiento.

Dharmaraja le respondió: "Draupadi, no sufras. Mira esta cordillera. ¡Cuán magnífica es! ¡Cuán gloriosa! ¡Qué bella y sublime! Es un fenómeno tan espléndido que lo amo sin límite alguno. Los Himalayas no me otorgarán nada, pero está en mi naturaleza el amar lo bello, lo sublime. Por eso, también aquí vivo con amor. La personificación de esta belleza sublime es Dios. Este es el significado y la importancia del Amor por Dios.

"Dios es la única entidad que es digna de ser amada. Esta es la lección que nos ha revelado la indagación que desde tiempos remotos han realizado los bharatiyas. Es por esta razón que lo amo a El. Nunca desearé un favor suyo. No rezaré por obtener don alguno. Que El me tenga donde le agrade. ¡La mayor recompensa para mi amor es su amor, Draupadi! Mi amor no es una cosa que esté en el mercado".

Dharmaraja entendía que el Amor es una cualidad divina y que ha de ser tratada como tal. El le enseñó a Draupadi que el Amor constituye la naturaleza de aquellos que tienen siempre la conciencia del Alma.

El Amor que tiene al Alma como base es puro y sublime. Sin embargo, como el hombre se encuentra atado por variadas formas de falso amor, piensa de sí que no es más que un individuo aislado y se niega de esta manera la plenitud y la vastedad del amor divino. Por ende, el hombre ha de ganarse la gracia de Dios; una vez que se asegure esa gracia, el individuo (jivi) será liberado de la identificación con el cuerpo y se podrá identificar con el Alma. El logro de esta meta se denomina en los Vedas, ya sea como "soltarse de las ataduras" o como "liberación" (Moksha). Para luchar en contra de la identificación con el cuerpo y ganar la gracia de Dios como único medio que asegure la victoria, fueron establecidos algunos ejercicios espirituales como la indagación espiritual, además del control de los sentidos y otras prácticas o disciplinas espirituales. El llevarlas a cabo asegurará la purificación de la conciencia, la cual se convertirá, entonces, en un límpido espejo que reflejará al objeto, y así quedará claramente revelada el Alma. Para el logro de la más alta sabiduría (Jñanasidhi), el camino a seguir es la purificación de la conciencia (Chitasudhi). Y ello le resulta una fácil empresa a un corazón puro. Lo anterior constituye la verdad central de la búsqueda de la realidad última en la India. Es el propio aliento vital de la enseñanza.

El enfoque bharatiya no pierde tiempo en la discusión y la afirmación de dogmas de fe. No hay interés por coleccionar conchas vacías tiradas en la playa. Lo que importa es alcanzar las perlas que se encuentran en las profundidades del mar; para eso los bharatiyas se lanzaban alegre y valientemente a bucear en lo profundo para buscarlas. Los Vedas les mostraban el ideal a seguir y el camino conducente a la realización. El ideal lo constituye la conciencia de la Verdad suprema que reside más allá del conocimiento adquirido a través de los sentidos del hombre. Los Vedas les recuerdan que el Alma no física se encuentra dentro del "yo" físico y que la encarnación de la Verdad es el Alma Suprema, el Paramatma. Sólo eso es real y permanente, todo lo demás es transitorio, efímero.

Los Vedas tomaron forma tan sólo para demostrar y enfatizar la existencia de Dios. Los hindúes que han alcanzado la más alta meta de la disciplina espiritual (sidhapurushas) emprendieron todos la senda de los Vedas y llevaron a cabo sus investigaciones de acuerdo con sus enseñanzas. Los Shastras contienen las auténticas versiones de sus experiencias y de la bienaventuranza que alcanzaron. Tanto en los Shastras como en los Upanishads se repite la afirmación: "Tuvimos la percepción consciente del Alma". Los hindúes no pretenden atacar algún dogma o teoría y conseguir una victoria; lo que buscan es comprobar ese dogma o esa teoría en la práctica real. Su meta no la constituye meramente una fe vacua, sino el nivel alcanzado y la sabiduría adquirida. El objetivo de la vida de los bharatiyas es alcanzar la plenitud a través de un perfeccionamiento espiritual constante, esa plenitud que nace de la conciencia de la divinidad de uno. La fusión con lo Divino representa el logro de la plenitud. Esto es lo que constituye la victoria suprema para el hindú, el bharatiya.