Libros escritos por Sai Baba

{SB 81} Sandeha Nivarini ( Dudas Resueltas )

Prólogo

PROLOGO

En la religión hindú se cree que Dios encarna de tiempo en tiempo para promover el bienestar de la humanidad. A esta encarnación se la llama Avatar y es un Ser extraordinario.

Un Avatar manifiesta dieciséis cualidades especiales. Las más profundas, que lo distinguen con claridad del hombre mortal, son su completo dominio y trascendencia del mundo físico, incluyendo la facultad de materializar objetos a voluntad: además de las cualidades de Omnisciencia, Omnipresencia y Omnipotencia, la amplitud de transmitir una corriente de Amor puro e inagotable y una Gracia especial que trasciende todas las circunstancias del karma (el resarcimiento exigido por los actos llevados a cabo en el pasado), que se patentiza en su poder de transformar milagrosamente la vida de una persona, por un acto de Voluntad Divina.

Tradicionalmente, en la religión hindú se cree que el último Avatar completo fue Krishna, quien vivió hace cerca de cinco mil años.

La distinción que se establece entre un Avatar y un aspirante espiritual o un individuo espiritualmente evolucionado es ésta: los dos últimos pueden ascender, por medio de la práctica espiritual, a niveles superiores de autorrealización, incluso quizá desarrollando poderes yóguicos. Por contraste, el Avatar nace con plena conciencia. Más que nacer en la Tierra y ascender al cielo o a planos de la existencia superiormente evolucionados, el Avatar, ya Divino por completo, elige descender a la Tierra.

Su tarea es conceder Paz y Alegría, dar un sentido de plenitud a los buscadores que se han esforzado largo tiempo. El descenso de Dios a la Tierra, la encarnación de lo Sin Forma en una Forma, es la concreción del anhelo de los que buscan a Dios. Es la dulzura solidificada de la devoción de los aspirantes a Dios.

Se cree que Sai Baba es el Avatar de esta Era.

Sai Baba vino al mundo en Puttaparti, un remoto pueblo en el sur de la India, el 23 de Noviembre de 1926, y se le dio el apellido de Sathyanarayana Raju. Las anécdotas familiares y de los lugareños hablan de "milagros" que empezaron a ocurrir poco antes de su nacimiento. Por ejemplo, se dice que los instrumentos musicales de la casa familiar tocaron por sí solos. Se cuenta otro incidente extraordinario que sucedió poco después de que había nacido el bebé: alguien notó movimientos bajo sus mantas en el piso y rápidamente lo tomaron en sus brazos. Debajo de las mantas estaba una mortífera cobra, que por alguna razón no había dañado al pequeño. (La cobra, por coincidencia o no, es el símbolo de Shiva, un miembro de la Santa Trinidad del hinduismo.)

Desde la infancia se evidenció que el joven Sathya era bastante diferente de sus compañeros de juego. Aunque su familia comía carne, El era un vegetariano natural que aborrecía el pensamiento de matar animales. Era servicial en extremo con toda la gente del pueblo; trabajaba desinteresadamente y llevaba con frecuencia indigentes a su casa a fin de que sus padres los alimentaran, aunque ellos le reñían a menudo, por lo que creían una generosidad improcedente de El. Sus compañeros de juego lo llamaban "gurú" (maestro espiritual), porque los dirigía en cánticos devocionales antes de entrar a la escuela, y los fascinaba y divertía extrayendo dulces y juguetes de una bolsa aparentemente vacía.

Ocurrió un misterioso incidente cuando Sathyanarayana tenía trece años. Un día, mientras jugaba afuera, lanzó un grito y brincó agarrándose uno de sus descalzos pies. Su familia temía que le hubiera picado un escorpión y no sobreviviera. Pero esa noche durmió sin dolor ni malestar aparentes. Veinticuatro horas más tarde, perdió el sentido y permaneció así durante un día. Cuando despertó, su conducta era extraña, alternaba períodos de inconsciencia con los que parecían ser estados de trance. Empezó a cantar y a citar largos pasajes de poesía y filosofía sánscrita, fuera del alcance de su educación formal.

A veces se ponía rígido y a quienes estaban a su alrededor les parecía que abandonaba su cuerpo: luego les describía lugares distantes que sus padres decían que nunca había visitado y gente que según ellos, jamás había conocido. Reía y lloraba, explicando complicadas doctrinas religiosas. ¿Estaría poseído por espíritus malignos?

Sathya sufrió un período torturante, ya que sus padres lo llevaron con exorcistas por toda aquella región del país. Un exorcista famoso y temido, para quien el demonio en el muchacho se había convertido en un reto personal, rasuró la cabeza de Sathya, le hizo tres incisiones en forma de cruz en el cráneo, y luego vertió material cáustico en la herida, como así también en los ojos, los cuales se le inflamaron hasta que casi se cerraron. Por fin sus padres no pudieron soportar más estas experimentaciones y pidieron detenerlas, aunque aparentemente su hijo no estaba curado.

Con voz calma, pero firme, el muchacho anunció: "Yo soy Sai Baba". Entonces procedió a relatar cómo había escogido esa familia en particular para su encarnación, en atención a las plegarias de un devoto sabio ancestral. Dijo que era la reencarnación de un santo mahometano poco conocido, pero respetadísimo, llamado Sai Baba de Shirdi, quien vestía como musulmán, pero llevaba ceniza en la frente al igual que un hindú. El primitivo Sai Baba había muerto ocho años antes de que Sathya naciera, y según las crónicas, aquél había dicho a sus devotos que transcurriría dicho lapso antes de su reencarnación.

Naturalmente, para muchos en el pueblo era difícil aceptar a este muchacho, por más encantador y extraordinario que fuera, como la reencarnación real de un hombre que sus seguidores consideraban santo.

En verdad, el joven Sathyanarayana empezaba a ser más bien un misterio. Un par de meses después, un jueves (el Día del Gurú en la India), un grupo de lugareños inquisitivos se le acercaron rogando: "¡Muéstranos una señal!"

Con un ademán rápido e inesperado, Sathya arrojó al piso un ramo de flores de jazmín, que al caer, formó claramente la palabra "Sai Baba" (escrito en telugu, la lengua del pueblo).

Más tarde, Sathya dijo a su familia que ya no residiría con ella, pues sus devotos lo llamaban y tenía que irse. Dejó la escuela en octubre de su año decimotercero y comenzó a reunir seguidores en torno de El. El número de éstos creció y fue necesario establecer un ashram donde hubiera la posibilidad de que vivieran con su gurú, y los que buscaran su conducción lo pudieran ver. La construcción de Prashanti Nilayam (La Morada de la Paz Eterna) continúa todavía, intentando alojar al creciente número de devotos de Sai Baba. Aquí y en Brindavan, su residencia de verano, Baba ha recibido a millones de personas de la India y de todo el mundo.

Baba declaró con posterioridad, que desde entonces demostraba que El está por encima del placer y el dolor, por encima de la dualidad. Reveló que de hecho no hubo una picadura real de escorpión: "Ninguna picadura así podría crear un Sathya Sai Baba, y si pudiera, los escorpiones deberían ser objeto de la mayor veneración y adoración".

Dos meses después de la supuesta picadura, en mayo de 1940, el padre de Sathya vio una multitud reunida alrededor de su hijo. Parecía que estaba materializando dulces y frutas a partir del simple aire, y mucha gente se desplomaba gritando que El era una encarnación de Dios. Confundido y frustrado por la extraña conducta de su hijo y ahora por este despliegue de prestidigitación, o peor, de magia negra, el padre de Sathya recogió una vara y se acercó amenazadoramente: °¿Quién eres Tú... quién eres Tú?", preguntó con enojo.

Sai Baba dice que su nombre es significativo. "Sai" denota el aspecto femenino del Universo y "Baba" el masculino; el nombre completo expresa el enlace de los dos. También ha proclamado que El es la manifestación tanto de Shiva como de Shakti, fases del Universo y aspectos masculino/femenino de lo Divino.

A algunos les parece que revela estas dos cualidades: sus movimientos son delicados y ligeros, a la vez que fuertes y autoritarios.

Baba habla con frecuencia de la vida de Shirdi Sai Baba y materializa retratos de El para sus seguidores, e ilustra además sus lazos con el Santo mediante la formación de Vibhuti (ceniza sagrada). Shirdi Sai Baba también distribuía ceniza entre sus devotos, pero lo hacía tomándola de un hogar constantemente encendido. Ahora, es evidente que Sai Baba de Puttaparti tiene ese fuego encendido en otra dimensión a la cual penetra con un simple movimiento de su mano para extraer, de una provisión aparentemente ilimitada, la ceniza sagrada.

Sai Baba ha efectuado la mayoría de los milagros que se atribuyen a Jesucristo. Sus seguidores creen que El está por encima del tiempo y del espacio y no lo limitan las leyes de la física.

Hay relatos de que ha contraído la enfermedad o el daño de una persona para preservar la salud de la misma o salvar su vida, indisponiéndose físicamente en su lugar y curándose enseguida.

Otros informes dicen que cura mediante la materialización de instrumentos quirúrgicos que El mismo maneja con gran pericia, o manifestándose El mismo realmente en el cuerpo de un cirujano para llevar a cabo operaciones peligrosas. Virtualmente, no

hay enfermedad de la cual se dé razón que no haya curado, y hay pruebas de que incluso resucitó a un devoto.

"Yo vine, dice Sai Baba, porque los hombres buenos del

mundo: el sabio, el aspirante espiritual, el gurú y el piadoso, suspiraban por Mí. Regocíjense los puros y rectos".

Texto publicado en "Sai Baba y el psiquiatra" escrito por el Dr. Samuel H. Sandweiss.