Libros escritos por Sai Baba

{SB 79} Prema Vahini ( Sobre el Amor )

El Anacoreta (Vanaprashta)

( Impreso en castellano en Sobre el Amor (Prema Vahini) cap. 25 )

EL ANACORETA (VANAPRASHTA)

Después de ser un padre de familia y haber experimentado el dolor, la felicidad, la alegría, y haber aprendido el verdadero significado de todo esto, el hombre tiene que retirarse al bosque cuando llegue a la edad de 45 ó 50 años, abandonando el hogar que ha construido y el lugar donde vivió. Si su mujer todavía vive, tiene que pedirle su consentimiento y confiarla al cuidado de sus hijos o sus parientes o bien llevarla consigo, tratándola como a una hermana que se dedicare al celibato. Aun en la dieta hay un gran cambio. El tiene que comer raíces, frutas y tomar solamente leche. Las cosas no deberán ser horneadas completamente sino hasta una tercera parte solamente. El arroz no deberá utilizarse mucho. Si no es posible arreglar la dieta para uno mismo sobre estas condiciones, se deberá visitar el pueblo más cercano y mendigar la comida. Pero tiene que traer el alimento al bosque y comerlo allí, en su propia vivienda. Tiene que dar a las personas que dependen de él el mismo alimento que él tomó, porque ellas no pueden preparar el alimento que prefieren o lograr que les sea proporcionado. Si a ellas no les agrada, tienen que contentarse con leche y fruta solamente; no debe cambiar su rutina para satisfacer a otros. La disciplina no debe ser modificada ni abandonada, no obstante lo molesta que pueda ser. Esto tiene que ser cumplido especialmente. No puede realizar ningún culto, dar limosnas ni contraer deber alguno. Aun si da alimento o algo a otros, ello no puede ser considerado como limosna. El tampoco puede recibir como limosna (dana), cualquiera cosa de otra persona, debe tener el mismo amor puro hacia todos en igual medida. Desechando la ropa vieja una vez al año, debe ponerse otras ropas en el mes Aswija. El llamado Sendero de la Luna es el más importante de los retiros o votos religiosos realizados por los anacoretas. Durante ese mes, debe comer en los primeros quince días un bocado menos, y durante los quince restantes un bocado más. Tiene que tomar solamente agua en la cual se ha hervido el arroz en los días de Luna nueva y Luna llena. En la temporada de lluvias debe hacer prácticas ascéticas, de pie, en la lluvia; en el invierno debe usar ropas mojadas mientras efectúa su práctica. Ha de realizar sistemáticamente tal ascetismo, y bañarse tres veces al día. Tiene que estudiar los relatos diversos de los Upanishads y sus significados comprendidos y experimentados. Si tal anacoreta cae víctima de cualquier enfermedad, la rutina de la dieta debe ser cancelada y tendrá que vivir de agua y aire. Caminará sin cesar con dirección al Noreste hasta morir. Por otra parte, si no padece enfermedad corporal y está sano y vigoroso, experimentará después de que haya adoptado las disciplinas antes mencionadas, el despertar espontáneo del verdadero conocimiento. Por medio de este conocimiento alcanzará Moksha, el Estado de Liberación.

Muchos arguyen acerca de cómo puede conducir esta disciplina al despertar del conocimiento. Preguntan si estas no son simplemente limitaciones del cuerpo. El conocimiento puede surgir sólo por la realización del principio. Arguyen, ¿cómo puede algo que no contiene el principio de la autorrealización ser llamado conocimiento? Pero esto se basa en un gran error. Por medio de tales regulaciones físicas, los vasanas (rasgos del carácter) son destruidos y se establece la concentración. Las enseñanzas de los Upanishads sirven para nutrir y vigorizar esta atención centrada, pero solamente la experiencia de las afirmaciones de los Upanishads producirá el despertar del conocimiento. ¿No son los Upanishads el conocimiento mismo? Con esta forma del conocimiento mismo como compañera, realizándola en la propia experiencia, ¿qué necesidad hay de buscar el conocimiento en otra parte? Para establecer firmemente el Conocimiento en el corazón es necesaria la atención centrada y esta puede ser fácilmente obtenida por las disciplinas corporales y austeridades antes mencionadas. El control externo ayuda al control interno en muchas formas. ¡Tener éxito en lograr los controles externos es comparativamente más dificil que obtener éxito en controlar lo interno! Un giro del volante en las manos de uno, en cualquier dirección, hace que las ruedas del automóvil, que no están en nuestras manos, se muevan en la misma dirección. Las ruedas no girarán en otra dirección cuando el volante vira en un sentido. ¡Las ruedas internas están conectadas con el volante exterior!

Esta es la base natural. Algunas veces, cuando el volante es girado hacia un lado, las ruedas pueden tirar con fuerza hacia el otro, pero esto es a causa del abandono de la caracteristica natural. Las ruedas internas, si no tienen aire, que es la verdadera esencia, pueden comportarse como si no tuvieran relación con el volante. Sin embargo, no pueden ir más allá de los límites del volante. El volante que está en las manos está relacionado con las ruedas de abajo. Si no hay tal relación, el viaje se vuelve imposible. La conexión es indispensable. Por lo tanto, para aquel que ha luchado con las tendencias externas y las ha conquistado, las tendencias internas llegan a ser fácilmente controlables. Las tendencias externas tienen nombre y forma, y atraen porque se vuelven objetos de la experiencia. Por lo tanto, superarlas es bastante difícil. En cambio, las tendencias internas no tienen forma aunque pueden estar dotadas de nombre; ellas también son experimentadas como Bienaventuranza, y de esta manera pueden ser superadas más fácilmente o ser domadas con más facilidad. La preocupación se centra más en la conducta y el comportamiento externos. Estos están asociados con el gusto, la forma y el peso. Las tendencias internas no tienen forma, gusto ni peso. Son como el agua pura. El agua impura es diferente en los tres aspectos. Por lo tanto, clarificar el agua impura es verdaderamente difícil; sin embargo, al agua pura se le puede dar con gran facilidad cualquier forma que se requiera.

Similarmente, toda la dificultad consiste en purificar el comportamiento mental, el cual está corrompido por las ilusiones del mundo; no hay necesidad de corregir el comportamiento mental que esté libre de tales ilusiones. El comportamiento sin ilusión es necesariamente puro. No tiene ninguna huella de defecto y duda. ¿Por qué habría de corregirse? Por lo tanto, si los hombres primero controlan y conquistan tanto como les sea posible la ilusión externa, las tendencias externas se moverán fácilmente en la dirección de la bienaventuranza del Alma. Los ejercicios espirituales y las prácticas ascéticas son solamente otros nombres para el sendero del control y la conquista de estas tendencias e ilusiones externas. Las reglas del anacoreta no son sino métodos para tener éxito en estos ejercicios y prácticas. Cuando el hombre conquista las ilusiones de toda clase en el nivel de anacoreta, el viaje termina en Moksha, la Liberación. Sin embargo, no podemos decir que la Liberación tenga solamente este único sendero. A través de cualquier sendero se obtiene la gracia; ese sendero puede escogerse. La liberación se logra por las reglas y observancias del anacoreta y puede alcanzarse al seguir este sendero. También lo libera a uno de las ilusiones. Le da concentración y unidad de propósito.