Libros escritos por Sai Baba

{SB 78} Prasnotara Vahini ( Preguntas y Respuestas )

12. Los Shastras y el renunciante

( Impreso en castellano en Prasnotara (Prasnotra Vahini) cap. 12 )

XII.- LOS SHASTRAS Y EL RENUNCIANTE

P.: Swami, dices que uno tiene que hacer ciertas cosas y que no debería hacer otras. ¿Cómo podemos saber cuál es cuál? ¿Quién tiene autoridad en esto?

R.: Los Shastras tienen la autoridad. El Manusmriti mismo declara, por ejemplo, que la división en castas y etapas durante la vida (uarnas y asramas) es solamente para la purificación fisica y que no afectan en el logro o en la pérdida del Más Alto.

P.: Si es así, ¿por qué tanto lío de castas y etapas y de reglas y reglamentos que los rigen?

R.: ¡Ah! Se necesitan hasta que uno quede liberado del apego. Hasta entonces, y para eso mismo, los reglamentos, las limitaciones y las reglas tienen que ser obedecidas al pie de la letra. La medicina tiene que tomarse en tanto persista la enfermedad. Cada clase de enfermedad tiene una medicina especial para su curación, ¿no es así? Y un sistema diferente de dieta y régimen especial. Una vez libre de la enfermedad, uno podrá participar en una fiesta con los demás. Sin aceptar esto, si los sanos y los enfermos exigen la misma fiesta, eso conducirá a consecuencias calamitosas. Las castas y las etapas son como la medicina prescripta para aquéllos que sufren de esta enfermedad del mundo, de los males del mundo y del apego al mundo. El apego es una enfermedad que puede desaparecer únicamente mediante un régimen observado estrictamente. A menos que uno se alivie, no puede ser liberado. Este es el verdadero significado del Vedanta; aquél que sabe esto, cualquiera sea su estado, logra la liberación.

P.: Swami, ¿han logrado algunas grandes almas la liberación mientras se encontraban en la etapa de jefe de familia?

R.: Janaka, Aspavati, Dilipa, ofrecen ejemplos de personas que obtuvieron la liberación mientras eran jefes de familia.

P.: Swami, ¿es necesario seguir estrictamente el mandato de los Srutis o tradición sagrada, que impone al hombre el deber de completar la etapa de celibato y luego, después de pasar por la siguiente de jefe de familia, entrar en la de anacoreta y observar todas las limitaciones y reglas de esa etapa, antes de asumir finalmente la de renunciante, la vida plena de renunciación? ¿O puede uno tomar el estado de renunciante aun sin pasar por las otras etapas?

R.: Sí, si se logra el desapego de los objetos, puede tomarse el estado de renuncia. A menos que el hombre aproveche tal oportunidad, estará propenso a caer. Cualquiera sea la etapa en que te encuentres, al alcanzar la renunciación total puedes entrar en la etapa de renunciante desde ese mismo momento. No hay regla invariable que te obligue a pasar por los tres estados anteriores. Este también es el mandato de los Srutis. La razón es que un alma pura, como tal, ha tenido ya el entrenamiento de las otras etapas: la purificación en el crisol de la vida de sus existencias anteriores. Sus tendencias destructivas han sido desenraizadas y las progresivas, las que elevan, han sido desarrolladas también en vidas pasadas.

P.: ¿Cómo podemos saber que tal transformación ya ha sido lograda en vidas pasadas? ¿Hay algunas señas por las cuales podamos descubrir que tal o cual estado o etapa puede ser saltada? Si las hay, por favor, dímelo.

R.: El hecho de que una persona no tenga ninguna inclinación por las tres primeras etapas, que no tenga apego o atracción por ellas, es una señal clara. Si el desapego se desarrolló en la vida anterior, no habrá inclinación en el presente. Desde el momento en que surge la conciencia de que solamente el Alma es real y la persona no se apega a las tres primeras etapas de la vida, al aparecer el deseo de renuncia uno puede abandonar la vida mundana, aun cuando la serie anterior tenga que pasarse por alto. Esto está aprobado por los Srutis. Pero el que confiera la autorización para entrar al estado de renunciante (sanyasi), deberá examinar cuidadosamente al aspirante y convencerse de que aquél a quien lo está confiriendo carece de impulsos sensuales y de apegos. El estado de renuncia debería darse únicamente a quien no tenga ninguna agitación en la mente; sólo de tales personas puede decirse que son desapegadas. El candidato también debería examinarse a sí mismo y ver si su conciencia interna está libre de los gunas (atributos de la materia), tanto de los densos como de los activos y aun de los progresistas. Si no está libre aún, no sólo violará los votos de renuncia y será expulsado, sino que hasta podría desmoronarse bajo el peso y encontrar un fin desastroso.

P.: ¿Es la renuncia (sanyasa) de una sola clase o la hay de diferentes clases? Por favor, dime.

R.: Hay tres clases de renuncia. Ellas son: renuncia al cuerpo, renuncia a la mente y renuncia al Alma.

P.: ¿Qué significa renuncia al cuerpo (dehasanyasa)?

R.: Renuncia en apariencia, en cuanto al cuerpo externo se refiere. Quien lo sigue viste la túnica color ocre, asume el nombre, da la apariencia por la forma; pero no tiene conciencia del Alma; vaga en medio de todos los deseos objetivos asiéndose a las cosas externas. Es como un hombre ordinario, para toda intención y propósito.

P.: ¿Y la renuncia a la mente (manosanyasa)?

R.: El que renuncia a la mente abandona todas las decisiones y los deseos; tiene la mente bajo estricto control; no se deja guiar por impulsos o agitaciones; siempre está tranquilo y centrado.

P.: Mencionaste la renuncia al Alma (Atmasanyasa) como la tercera clase.

R.: Esta pasa de largo y trasciende todos los pensamientos sobre cosas que no se relacionan con el Alma, pues siempre está sumergido en la contemplación de la auténtica realidad, "Yo soy Dios" (Aham Brahmasmi). Es constante en la conciencia de que es el Alma. Su bienaventuranza es continua. A esto se le llama "el dulce néctar de la renuncia" (amrithasanyasa). Así como la más densa oscuridad puede ser destruida únicamente por la luz que emana del espléndido astro solar, similarmente, sin el esplendor de la renuncia del Alma, la ignorancia no puede ser dispersada; las coberturas que ocultan el corazón no pueden ser despedazadas y el Alma no puede brillar en su gloria propia.

P.: ¿Cómo se alcanzan estas clases? ¿Cuáles son las señas de que han sido logradas?

R.: La renuncia al cuerpo (dehasanyasa) se logra al hacer una distinción entre lo eterno y lo temporal, lo evanescente y lo duradero. La renuncia a la mente (manosanyasa) es alcanzada por el control del lenguaje, de los sentidos y de la mente. La renuncia al Alma (Atmasanyasa) se gana llenándose uno de los principios del pensamiento vedántico. Cuando estas influencias educativas se vuelven fuertes y uno está bien establecido en estas virtudes y actitudes, entonces puede liberarse con el efecto de estas etapas de desarrollo.

P.: ¿Quiénes son los verdaderamente afortunados que han vivido sus vidas en forma valedera?

R.: Bueno, aquél que, como la abeja, liba en silencioso y profundo éxtasis la miel de la flor, que insiste en gustar ininterrumpidamente del néctar de la bienaventuranza del Alma, que ignora al mundo y lo considera tan sólo como una "escena", ése en verdad es el más afortunado; su vida es la más valiosa.

P.: Entonces, Swami, ¿a qué se refieren los ancianos cuando hablan de alcanzar verdad, indestructibilidad, pureza y ecuanimidad?

R.: Como ya dije, aquél que no se apega a la "escena" sino que está absorto en su propia bienaventuranza, es quien logra la verdad, la indestructibilidad y la paz. Y aunque sólo alcance una de las tres, es suficiente, pues cada una incluye a las otras dos.