Libros escritos por Sai Baba

{SB 78} Prasnotara Vahini ( Preguntas y Respuestas )

11. Etapas y castas

( Impreso en castellano en Prasnotara (Prasnotra Vahini) cap. 11 )

XI.- ETAPAS Y CASTAS

P.: Swami, de los cuatro estados, de celibato, hombre de familia, anacoreta y renunciante, ¿cuál es básicamente más importante?

R.: Así como todas las cosas vivientes dependen del aliento vital, así todos los estados dependen del jefe de familia. Es él quien provee de alimento y bebida a los demás y quien los alienta. El impulsa el estudio de los Vedas y cuida las escrituras. Así que el estado de jefe de familia es el más importante. En los Srutis o tradiciones, en el Narada Pariurajakopaníshad yen el Manudharmasastra se declara que el jefe de familia que estrictamente se adhiere al dharma de su estado es merecedor del más grande respeto.

P.: Pero Swami, algunas personas dicen que el renunciante es superior al jefe de familia; ¿hasta qué punto es esto correcto? Por favor, acláramelo.

R.: Cualquiera sea el estado, si la persona observa el dharma (la rectitud) fijado para esa etapa, cumpliendo con él en la práctica y anhelando la liberación con perseverancia, puede alcanzarla; no hay duda. Para alcanzar el Conocimiento del Alma, uno no necesita preferir ese estado o aquel otro; todos son adecuados para alcanzarlo. No hay superior ni inferior. Es solamente la conducta y el carácter lo que puede llamarse superior e inferior.

P.: Swami, dicen que el estado de jefe de familia sujeta, mientras que el de celibato y el de renunciante liberan. ¿Cómo surgió esa opinión?

R.: Yo no concuerdo con eso. ¡Vamos! Aquél que gana dinero por medios lícitos, que rinde honor a sus invitados, que sirve y complace a sus semejantes, logra la liberación igual que aquellos eruditos en los Shastras y que aquéllos que están bien establecidos en el conocimiento de la filosofia fundamental del espíritu. Nadie puede cruzar el océano de nacimientos y muertes por el solo hecho de ser renunciante o estar en estado de celibato. El alto abolengo, los logros en ascetismo, el estado monástico, la erudición profunda, ninguno ayudará por sí solo. Tiene que haber además la fiel y constante observancia del propio dharma (la acción correcta con uno y los otros), el estudio de las escrituras como los Vedas o el Bhagavad Gita y una disciplinada vida espiritual de repetición del Nombre y de meditación.

P.: Swami, ¿cuáles virtudes deberían cultivar las personas en cada uno de estos cuatro estados para salvarse?

R.: Hay diez virtudes que juntas comprenden el dharma básico del aspirante: la compasión, la firmeza, la reflexión, la sabiduría, la veracidad, el control de los sentidos, la pureza, la paciencia, la valentía y el control de la ira; estas diez virtudes deben ser cultivadas por todos, cualquiera sea su estado, y son suficientes para salvarlos, dondequiera que estén. En cambio, si no las han adquirido, su vida se habrá desperdiciado, cualquiera sea su estado. La rutina diaria de su vida es lo esencial y debería reflejarse en estas diez cualidades. Es precisamente esto lo que el Señor Krishna dijo a Arjuna en respuesta a su pregunta.

P.: Swami, dices que esta misma pregunta respecto a la importancia que tiene la observancia diaria de las diez condiciones antes mencionadas la hizo Arjuna; ¿cuál fue la respuesta que Krishna le dio?

R.: Krishna dijo: "La más elevada etapa de liberación que es alcanzada por los yoguis Samkhya, los adeptos del Conocimiento Supremo, es también lograda por aquéllos que son adeptos del yoga del karma (acción) sin deseo por los frutos del mismo; ambos rinden igual resultado. Sabe esto como la verdad. No hay diferencia a este respecto entre el jefe de familia y el renunciante. Lo que se necesita es práctica incesante y esfuerzo sincero. Esto requiere la renuncia al deseo, el abandono de todo egoísmo y sentimiento de posesión, y hasta dejar de pensar activamente; asimismo requiere también la concentrada aspiración del verdadero conocimiento de Dios. Para quien haya alcanzado esto, no habrá pesadumbre, puesto que no habrá quedado en él ni sombra de ignorancia. El sabio que haya alcanzado esta altura jamás podrá ser engañado por lo falso o por lo temporal. Aun si a último momento de su vida uno es capaz de realizar este conocimiento, de seguro que será liberado del ciclo de nacimientos y muertes".

P.: Entonces, ¿por qué se establecieron aquellas castas?

R.: Se relacionan con el aspecto fisico del hombre, pero no pueden afectar el aspecto espiritual en nada. Indican la hechura fisica. Por supuesto, "físico" incluye al intelecto, la mente, la inteligencia, el ser interno, etc. A menos que éstos sean entrenados y regulados, el dharma del Alma no puede ser comprendido. La condición que dan el nacimiento, la madre y el dharma son atributos que sirven para ayudar en la regulación y para sublimar los instintos e impulsos del hombre. Por esta razón los sabios aceptaron y honraron. El Alma es existencia, conciencia y bienaventuranza (satchit ananda); y dichos atributos son su naturaleza, si de alguna manera ha de decirse. Esto sólo puede obtenerse mediante la purificación del corazón, de la mente y del intelecto del hombre. Las personas que tienen esa pureza, cualquiera sea la casta o el estado a que pertenezcan, pueden con eso lograr la liberación. Eso es lo que declaran los Shastras. Cuando una persona es acosada por el apego a unos y el odio hacia otros, aun estando en la soledad de la selva sólo encontrará el mal. Aun cuando uno esté llevando la vida de jefe de familia rodeado de ella, si es que ha logrado la victoria sobre los sentidos, entonces es un verdadero penitente. Ocupado en el karma que le corresponde, tiene derecho a convertirse en un sabio. Para quien está desapegado, el hogar es una ermita. Entonces, aun por medio de la progenie, de la actividad, de la riqueza, del sacrificio, del culto y ritos similares, puede alcanzarse la liberación. Lo que se requiere para la liberación es tan sólo verse libre de la impureza del apego. El apego es la atadura.