Libros escritos por Sai Baba

{SB 77} Prashanti Vahini ( La Paz Suprema )

CAPÍTULO 7

( Impreso en castellano en La Paz Suprema (Prashanti Vahini) cap. 07 )

La naturaleza de la luz es revelar objetos iluminándolos. Pero la iluminación verdadera es propiedad del Alma. El Sol y el fuego pueden penetrar la oscuridad, pero no la destruyen por completo, porque la oscuridad y la luz son opuestas. Pero la refulgencia del Alma no tiene oposición: todos los objetos y naturalezas le son afines; los ilumina a todos.

Esa es la razón de la frase: "Los dioses la aclaman como la luz de luces".

Su forma es sabiduría, y no las cosas como el cuerpo físico. El cuerpo siempre está cambiando, no es eterno, y el Alma ilumina todo sin excepción y con la misma intensidad. Su propiedad esencial es la Bienaventuranza y el poder vital dador de vida. Se vuelve automáticamente Brahman; esta convicción es la esencia de la Sabiduría.

Aquel que ve una jarra puede saber claramente que es una jarra, ¿no es cierto? Pero, ¿cómo es que uno se identifica con el cuerpo? ¿Simplemente porque el apego lo hace sentir a uno que "es" su propio cuerpo? Esto es ignorancia, la posesividad, la conciencia del "yo" y "mío". La Sabiduría o Conocimiento, como el Alma, es permanente; la ignorancia, como el cuerpo, es destructible.

El Alma es amorfa, de ahí que no la afecte la triple aflicción. La séxtuple mutación tampoco le afecta, por ser siempre Existencia o El y sólo El; es un huésped distinto del cuerpo que habita, ya que el cuerpo sufre crecimiento, enfermedad y decaimiento, pero el Alma no varía, no tiene deseos ni impulsos. Está más allá de las cualidades tamásicas, rajásicas y sátvicas .

El productor original del mundo material (Prakriti) es el autor; el Ser Supremo es como el loto en el agua, inalterado y sin apegos.

El Alma es conceptuada equivocadamente con la palabra "yo", "aham". ¿Cómo puede lo visto ser el que ve, el eterno? ¿Cómo puede ser el cuerpo el verdadero yo? Cuando se comete este error no puede haber paz ni gozo; porque sólo comprendiendo esa verdad los podremos obtener.

El Alma tiene que ser comprendida como algo distinto a las cosas de este mundo, a todo lo que es visto; pero esto sólo es posible cuando se tiene discernimiento para liberarse del lazo del mundo objetivo y soltarse de la ignorancia que le dice a uno que lo visto es lo verdadero.

El discernimiento se adquiere con la práctica de la óctuple disciplina dirigida a limpiar la ignorancia (avidya), que es la que oscurece el intelecto; así éste se purificará y agudizará, dirigiéndose hacia el Alma. El entendimiento del Alma no está al alcance de la gente ignorante que se engaña con la creencia de que pueden obtener placer del mundo objetivo perceptible sólo a través de sus sentidos. Si uno reflexiona un poco, se dará cuenta de que hasta el más pequeño placer viene a ser la misma Bienaventuranza del Alma. Porque todo, en todas partes, es Ananda , es Amritha . Toda Ananda es Bienaventuranza y Dicha del Alma.

Pero ¿quién preferirá ver la Luna pintada en un lienzo pudiendo disfrutar de la frescura interminable de la verdadera Luna llena? ¿Quién le prestará atención? Dice el refrán: "¿Libará siempre la abeja jugo amargo?"

Asimismo, si el aspirante espiritual ha probado el néctar del autoconocimiento del Alma, ya no podrá disfrutar este mundo sensorial. Una persona absorta, enfrascada en la Luna pintada no podrá conocer a la Luna verdadera. De igual modo, el hombre engañado por la atracción del mundo material en su ignorancia del Alma, busca a ciegas y se revuelca en el variado mundo moldeado por los tres gunas o cualidades de la materia. Por el otro lado, el hombre sabio que busca la realidad, renuncia a fantasías y se regocija en el Alma, obteniendo así la Paz.

¡No deben confundir nunca lo visto, con lo permanente o real! No pueden sentir alegría sino en el océano de Bienaventuranza (Ananda) del indivisible Alma o Brahman. La felicidad entera únicamente se puede obtener en la significativa y dulce experiencia del Absoluto Universal. Sólo eso puede dar consuelo a este ciclo de nacimientos y muertes. Las cosas irreales nunca pueden dar alegría, el presente se vuelve inexistente y sin sentido. Algo que no es el Alma jamás podrá, en ninguna época y de ninguna manera, conferir algún beneficio o dar Paz. No puede terminar con el dolor ni dar Bienaventuranza.

Todo lo que no sea el Alma es falso, como la plata en la madreperla, una ilusión, como el agua en un espejismo, simplemente un error. Y esto se debe a que no es la plata que uno pueda asir ni es agua que uno pueda beber. Estructurando sus vidas en el mundo sensorial, en el no ser, producto de la ignorancia, nunca obtendrán la felicidad. Tales imágenes fantasiosas no pueden saciar el hambre, la sed o el deseo, porque sólo lo real puede satisfacerlos.

La eliminación del dolor recurrente de la sucesión de nacimientos y muertes se logra con la obtención de Dios. La Paz, cuando es genuina, no pudo haberse alcanzado mediante deseos, intenciones, estudios, erudiciones, pompa o publicidad. Pudo venir solamente a través de la experiencia del Alma.

Por lo tanto, el tener conocimientos acerca de Brahman, la Paz, la Verdad o la Autorrealización no conduce a nada; hasta pueden saber que hay Bienaventuranza en éstos, pero de nada sirve. Pongamos un ejemplo: por la fuerza de la imaginación, uno puede suponer una escena ocurrida en América, pero ¿es posible experimentar el hecho en ese mismo instante? No. No sirve imaginar y tejer fantasías, hay que experimentarlo en la mente, el cuerpo; sólo entonces uno puede decir que posee la Paz genuina.

Es necesario que dediquen su vida a lograr y sentir esa Bienaventuranza, pero tienen que imponerse la disciplina necesaria para adquirirla. Así merecerán la Gracia del Señor y la unión con El.

El Vivekachudamani ilustra este tema en varias formas. Aquel que sigue sus enseñanzas sin desviarse puede saborear el néctar de la Bienaventuranza del Alma, llevando a cabo así el objetivo de la vida. Desprovisto de dolor inevitable en la relación del individuo con los objetos sensorialesde deseos y de intenciones, uno puede estar absorto en la Bienaventuranza de la propia realidad. Sólo el hombre, en toda la Creación, cubre los requisitos para vivir en esta suprema alegría. ¡Es trágico entonces que él olvide su derecho y vague por ahí en busca de tontos placeres! Los niños juegan con figuritas de palillos llamándolos elefantes o caballos; pero eso no los hace ser elefantes o caballos reales. Asimismo, los ignorantes juegan con toda seriedad imaginándose los objetos del mundo como reales, lloran y ríen en el dolor y en el regocijo, florecen y decaen acordes con los altibajos de la vida; pero eso no hace que el mundo objetivo y cambiante (maya jagat) sea menos irreal.

Cuando ustedes están sumidos en el sueño profundo, ¿qué sucede con su felicidad, su tristeza, sus ganancias y sus pérdidas? Ellas no tienen realidad, entonces ¿la tendrán después? En ambos casos son creaciones de su imaginación. El que conoce este secreto siempre se regocijará en la alegría de la compañía de sí mismo, de la contemplación de su propia realidad. Esta es la alegría real y permanente.

¡Escuchen pues, aspirantes! Ustedes, los de naturaleza espiritual, busquen descubrir su propio ser, su realidad; obtengan el conocimiento de que son el Alma misma; regocíjense en el Alma; prueben la Bienaventuranza incomparable, ilimitada, no diluida, del Ser verdadero. Dejen que el tiempo se disuelva en El, porque su forma misma es el tiempo; ésa es la legítima misión del hombre. Así como se enseña en el Vivekachudamani: "Con el amuleto del conocimiento amarrado al brazo, uno puede escapar de la mala influencia de esas pérfidas estrellas llamadas atracciones sensuales". Pero no debería, por la confianza nacida de la conciencia del conocimiento, darle libertad a los sentidos. Es necesario estar siempre atentos al mundo exterior, y a la vez contemplar constantemente la realidad interna; ésa es una característica de los que conocen la más alta Verdad. Cuando uno está constantemente en ese estado, la Verdad autoiluminada brillará ante el ojo de su mente y desaparecerá el mundo objetivo; pero si éste se superpone al Dios indivisible, será tan irreal como lo son las torres y bastiones de una ciudad formada por las nubes. ¿Se puede construir castillos en el aire y vivir en ellos?

El éter, por supuesto, es su forma básica; pero por esa razón no pueden erigir una ciudad ahí. Las ciudades que se ven en las nubes son irreales; creaciones sin fundamento producto de la imaginación. En el cielo, del Absoluto Universal sin forma, todo este universo que se superpone es falso; no tiene base: no es más que la conciencia del Absoluto Universal sin dualidad, sin igual y lleno de Bienaventuranza.

Disfruten la paz resultante del cese de las agitaciones mentales. No permitan que su mente corra tras esto o aquello, adiéstrenla a permanecer quieta. Conserven a distancia las reacciones mentales causadas por el contacto con el mundo exterior. Luego solamente podrán llegar a ser mera existencia (sat); éste es el estado del nivel más allá del mundo de los sentidos, donde su poder no domina. Esto es la verdadera autorrealización, la meta de la vida.

Se dice: "voto de silencio”. Pero, ¿qué es eso? No significa permanecer con la boca cerrada, sino estar por encima de la influencia de todos los sentidos y establecerse siempre en la conciencia de la realidad. Ananda perpetua es Paz perpetua. Cuando la mente se retrae del mundo exterior y la lengua y los sentidos se inmovilizan, es lo que se llama un voto de silencio genuino.

Dicho estado no puede describirse con palabras; no puede ser explicado como esto o aquello. Pertenece al reino de la vivencia. Voto de silencio significa la forma de la Encarnación del Eterno Absoluto Universal, que está más allá de todo esto. Aquel que lo alcance vivirá en la Paz y la Ananda Supremas. Si las actividades de la inteligencia se aquietan, y ésta se refugia en Brahman, uno se fundirá con Brahman o el Absoluto Universal. Hay que observar el mundo desde lejos con una actitud desinteresada; por este medio puede ser vencido el mundo de la materia, y las personas que lo logren escaparán a los engaños del intelecto, que sólo crea dudas, ilusiones y dualidades ajenas a la realidad del Alma.

El intelecto es un instrumento primordial que hay que limpiar de la herrumbre del mundo sensorial y hacerlo brillar con su refulgencia natural propia. El intelecto no debe estimularse, agitarse, ni siquiera activarse porque cuando así acontece el mundo aparece variado y multiforme; en cambio cuando el intelecto está quieto, la Paz envuelve al hombre, lo sumerge en esplendor y lo sitúa en Bienaventuranza plena y continua.

Por lo tanto, que todos los aspirantes espirituales se establezcan en el conocimiento de su propia realidad íntima, mediante una vida disciplinada y de esfuerzo constante; que puedan mantener su mente alejada del mundo, que disfruten de la contemplación del Espíritu Supremo, se saturen de Ananda y se conozcan a sí mismos como el Uno sin Segundo.

Este es el estado de desinterés o condición de la persona que ha comprendido la Verdad. Nunca más existirá otro; todo lo que existe es este mismo estado. Suka, Sanaka y Sananda alcanzaron la Bienaventuranza de esta Paz incomparable. Dejaron de padecer aflicción, duda y distracciones y ya no necesitaron más pensamientos de indagación; ya no los afectaron los cambios, pues el Alma no los tiene. Una vez que la persona ha saboreado esa dulzura, nunca más dará importancia a opiniones o argumentos discrepantes; no tendrá más pensamientos dispersantes y no lo atraerá ningún apego; se mantendrá firme y fiel a su convicción.

La característica que diferencia al hombre de los demás seres es su poder de discernimiento. El hombre está sujeto a la acción haciendo uso de ella. Pero existen dos fuerzas que obstaculizan su camino: los ignorantes que nos incitan a la inacción y los instructores de la indagación en la naturaleza de los objetos materiales. Los primeros, que se abstienen de la actividad de los sentidos, pero que son incapaces de hacerlo en la mente y continúan actuando con ella, por lo que su inactividad carece de sentido y es irreal o "mithya". Los segundos usan varios argumentos en contra de la acción o karma; dicen ellos que da lugar a lo bueno y lo malo; así, el sabio tiene que abstenerse de todo karma ; aunque Krishna debatió este argumento en el Cita y enseñó la manera de obtener lo bueno y evitar lo malo del karma. Además argumentan que si se hace karma los resultados serán una mezcla de placer y dolor, de ganancia y de pérdida que llevan al individuo al cielo, al infierno o de vuelta a la Tierra, es decir, a un cierto encadenamiento. Entonces piden a la gente no hacer karma y mantenerse inactivos.

Pero el Gita también tiene una respuesta para esto; el karma traerá encadenamiento sólo cuando uno lo desempeña deseando su resultado; cuando, por el contrario, se ejecuta sin pensar en el fruto, conduce a la Liberación. La razón por la cual las personas liberadas hacen karma pese a que no obtengan ningún beneficio de él es fomentar el bienestar del mundo; o sea, todo lo que un hombre liberado hace conduce hacia el bienestar de la humanidad. Así pues, ejecutar el karma es la única manera de afianzar la paz obtenida.

Si existe algo más dulce que todo lo más dulce, más auspicioso que todo lo auspicioso y más sagrado que todo lo sagrado, es sin duda el Nombre del Señor... o el Señor mismo. Renuncien a la compañía de personas con mentalidad materialista, de las infectadas con cualidades demoníacas. Aléjense de cualquier mala acción, buscando siempre la compañía de los sabios o los buenos. Refúgiense en Narayana (Dios), el puro, la personificación misma de Shanti, de la Felicidad y del Conocimiento. El, el Señor Dios, reposa en todos. Está presente en todos los lugares donde tos devotos honran su nombre con sinceridad y con una actitud mental concentrada. Primero practiquen una devoción intensa hacia Dios, y después podrán alcanzar la felicidad real, permanente, y la sabiduría.

¿De qué sirve ir tras los placeres pasajeros de los sentidos? Adoren al Señor que vive en la intimidad de sus corazones; El está más cerca de ustedes que su mejor amigo, su padre, su madre o su gurú (maestro espiritual). El es todo esto y mucho más para ustedes. El cuerpo físico para el cual ansían todo tipo de lujo y confort, está sujeto al deterioro y al decaimiento; un día se vuelve alimento para los perros y los chacales. El Señor, sin embargo, les hace sentir ta felicidad y el amor divinos. Ríndanle su corazón. El no desea otra cosa de ustedes y no puede ser obtenido por otro medio, como la erudición extrema, los votos pomposos y el colorido ritual.