Libros escritos por Sai Baba

{SB 77} Prashanti Vahini ( La Paz Suprema )

CAPÍTULO 6

( Impreso en castellano en La Paz Suprema (Prashanti Vahini) cap. 06 )

Si aspiran a Shanti, la Paz, la ecuanimidad, lo principal es estar conscientes de lo temporal de la naturaleza y dedicarse a la contemplación ininterrumpida de Dios.

Por lo tanto, no adopten posiciones egoístas; trabajen en el cumplimiento de sus obligaciones y no se permitan sentir satisfacción por el triunfo ni decepción por la derrota; renuncien a todo lo que es dañino y después, por medio del discernimiento, hagan sonar el tambor de la victoria. Las grandes declaraciones como ésta revelan la verdad más alta y la gloria de Dios.

Si se comparan los dos caminos, el del Conocimiento y el de la Devoción, puede decirse que la Gracia de Dios se gana más fácilmente primero por medio de la devoción y luego por el conocimiento. En la práctica espiritual de la devoción hay necesidad de comprender plena y claramente la realidad y su significado interno. El mundo objetivo mismo es el argumento y la prueba, el esfuerzo y los medios. Para lograr el conocimiento, la indagación espiritual deberá fomentarse. Tal indagación les otorgará una paz inquebrantable; sólo ella puede revelarnos la Verdad tras el mundo objetivo. Cuando tienen una labor cuidadosa que hacer y a medida que trabajan van corrigiendo los errores, éstos no volverán a repetirse. En esta forma obtienen más éxito del que esperaban, ¿no es verdad?

Lo único que se necesita es el deseo insaciable de alcanzar la victoria; él mismo los llevará a descubrir los medios para desarrollar la intensidad y el cuidado en el logro de los mismos y en la obtención del éxito. La voluntad fortalece al deseo y el esfuerzo a la voluntad.

Tomen el ejemplo de una persona ansiosa por ser más fuerte. Si el deseo es firme, pondrá en, práctica todos los medios para alcanzar su meta: ejercicios, dieta, disciplina, etcétera. Una vez que ejercitó su voluntad, sigue con la constancia y el esfuerzo. Hay muchos que arguyen que la ausencia de deseo y de voluntad es lo mejor, pero esto no es tan bueno como tener un deseo más anhelado que los demás o, mejor aún, un solo deseo con la exclusión de cualquier otro. Es más, es superior la persona que desarrolla constancia y esfuerzo en concretar un deseo, porque puede promover no sólo su propio bien sino también el del mundo. Entonces, que su voluntad, deseo y esfuerzo se dirijan a su propio bien. Que no los impulsen hacia los placeres mundanos, porque eso dañará y destruirá la Paz.

El hombre es un manojo de impulsos e intenciones y reduce su innata divinidad y su paz interna soltándole las riendas a éstos. Los impulsos son el combustible, las intenciones el fuego. Este sólo puede apagarse eliminando el combustible, o sea los impulsos. La extinción del fuego significa el logro de la Paz. Sumérjanse en el océano de la Paz y obtengan la invaluable perla de la Bienaventuranza del Alma. Cuando esa oportunidad es aprovechada y realizada, el hombre se convierte en la personificación de la Paz sagrada y radiante. No deben engañarse imaginando que son el origen de la inquietud y la falsedad; sepan que son la encarnación de la Paz, que el Amor es la sangre que fluye por sus venas y que su naturaleza íntima es el júbilo. Comprendan esto mediante la práctica y la experiencia.

Sin Paz es imposible ver la Verdad. Así como los rayos del Sol son necesarios para el nacimiento y la maduración de la fruta, los rayos de la Paz son necesarios para el completo desarrollo del hombre. Sólo entonces podrá madurar en la realización de lo verdadero, lo etéreo, el Bienaventurado Brahman (Dios).

Brahman es un océano sin límites ni profundidad. Ese océano es la base de las inquietas olas; y éstas son la evidencia y el resultado del poder de aquél. Las olas se producen en el océano, sobresalen de él, para volver a caer y disolverse nuevamente. A pesar de que el poder del mar se manifiesta en estos movimientos de ascenso y descenso, el mar es firme e inmóvil. Pero el mundo se interesa más por lo temporal y lo cambiante y piensa que las olas son lo importante. Lo mismo pasa con el aspirante espiritual que está empeñado en alcanzar lo evanescente, no la vivencia permanente y estable del principio único, Brahman.

Todos los sentidos e impulsos emergen con fuerza sobresaliente como las olas del mar; rugen con furia, y cesan su pasión turbulenta en las mismas aguas, pero no confieren la paz. La sabiduría consiste en olvidarse de estas olas y dirigir la atención al océano que yace debajo, sin cambios. Nadando felizmente en sus calmas y profundas aguas podrían gozar Shanti.

¿Por qué los habitantes de las profundidades del mar son tan felices? Porque tienen agua cubriéndolos por todas partes. No pueden sobrevivir mucho tiempo fuera de ella; mucho menos cuando han tenido que salir de ahí por la fuerza. Cuando esto pasa, luchan por volver a su elemento, porque su falta les causará la muerte. Lo mismo ocurre con el hombre que está sumergido en Shanti: experimentará la alegría y el regocijo en todas sus formas. Una persona que ha probado esta felicidad no puede tolerar ni siquiera un segundo estar fuera de ella, o sea en el estado de desasosiego; y nunca se apartará de la Paz. Y si fuera forzado a salir de ella, luchará furiosa y desesperadamente por regresar a su atmósfera de Shanti, aunque muera en el intento. Pero, ¿por qué tal persona pasaría del estado de paz al de inquietud arriesgando su vida al tratar de volver a su condición original? ¿No puede estar en un estado de Bienaventuranza, sumergido en el océano de Shanti permanentemente? Esta persona no tendrá necesidad de flotar en las olas superficiales de los impulsos (vasanas) y las intenciones (sankalpas), buceará y tratará de sumergirse en los niveles más calmados; ésta es su tarea más urgente. Así, no correrá el riesgo de ser sacada de allí y ser llevada a la árida playa.

Esta clase de Paz sagrada y pura es la que derribará las barreras que dividen a los hombres; transformará todos los odios absurdos, los malentendidos, los disgustos y prejuicios que deforman el comportamiento humano. Shanti es la manifestación de la grandeza del Amor; proveerá a todos los que se le subordinen de un poder extraordinario permanente. Shanti pone a Dios al alcance del hombre y al hombre al alcance de Dios.

La práctica espiritual no puede conceder poder más grande. Se trata del mismísimo secreto del principio de la vida en la Creación y es la más alta individualización de la gloria del Alma. La disciplina espiritual es la varita mágica en las manos del devoto, con la cual puede dominar al mundo entero. Además, confiere el nivel más grande de felicidad.

Shanti no significa inacción; su esencia no es compatible con la vida pasiva de sólo comer y dormir; no deben desperdiciar su tiempo, diciéndose a sí mismos que el Señor vendrá a socorrerlos cuando haya necesidad. Deben despertar y trabajar. Dios ayuda al que se ayuda a sí mismo, y a ningún otro. De la vida de Prahlada (un devoto célebre del Señor) se puede aprender la lección de que es al Señor a quien se debe amar, y también la técnica para lograrlo. Hagan el trabajo que ha llegado a sus manos con sinceridad y eficiencia, despréndanse de todo lo que no sea servicio al Señor y sigan los pasos de Prahlada; así obtendrán, mediante la Gracia de Dios, la gloria de Shanti, la emoción de la plenitud y la Bienaventuranza de la inmortalidad.

El trabajo es necesario para que el tiempo no se alargue y se convierta en una carga. El trabajo es la misión del hombre. Sin él, el hombre se pierde en la oscuridad de la ignorancia y es dominado por la pereza. Esta ignorancia hará crecer su duda y sólo con la espada de la sabiduría ambas podrán cortarse.

En una ocasión, aprendiendo estos temas místicos, Arjuna, confundido, preguntó a Krishna: "Dices que uno debe renunciar a todos los karmas (las acciones), y por otro lado que el karma yoga (filosofía de la acción realizada con dedicación a Dios) tiene que ser adoptado. Dime, ¿cuál de estos caminos es el mejor?" Krishna respondió así: "¡Oh Arjuna! Ambos, la renuncia y el karma yoga, conducen al mismo fin: la Liberación". Pero existe más felicidad en trabajar que en dejar de hacerlo. La renuncia y el trabajo no son contradictorios: son interdependientes y complementarios. Renunciando al trabajo, el hombre declinará sin el progreso y la preparación que por él se obtiene. El renunciante verdadero es aquel que no desea una cosa y odia la otra. La palabra "renuncia" puede ser aplicada al trabajo hecho sin importar el triunfo o el fracaso, la ganancia o la pérdida, el honor y el deshonor, haciendo de cada acto una ofrenda a Dios. La simple inactividad de los que usan la ropa ocre o se afeitan la cabeza, no es renunciación de ninguna manera; sólo merece tal nombre aquel que está por encima de la dualidad de la alegría y la tristeza, de lo bueno y lo malo. Así pues, mejor que renunciar al trabajo es renunciar a sus frutos, da mucha más alegría, es el mejor camino. Por lo tanto, escogiendo cualquiera de los dos, el fruto del otro podrá obtenerse. Porque hay Bienaventuranza en karma yoga y hay Bienaventuranza en la renunciación.

La renuncia sin karma yoga llevará al dolor. Porque, ¿cómo puede alguien alejarse del karma (de la acción)? Por mucho que traten de evitarlo, ¿no es necesario dedicarse al recuerdo del Señor al menos en la meditación o en la repetición del Nombre? Esto también es karma. Si se renuncia a la meditación y a la repetición del Nombre no hay felicidad en la vida. Quienquiera que sea, el hombre debe llevar a cabo algún karma (acción), sin importar su forma. Por ejemplo, aquel que se dedica al karma yoga renunciando a todo fruto de la acción, siguiendo la disciplina del silencio, puede, en poco tiempo, realizar a Dios.

A ellos el karma no les traerá malas consecuencias porque es como la respiración. Así como la vida es imposible sin el karma de la respiración, también lo es el trabajo para el aspirante espiritual. La falta de paz surge sólo cuando se desea el fruto del trabajo; si éste se descartara, se obtendría la alegría del mismo karma, entonces uno adquiere la Paz Suprema. Por ejemplo, nadie piensa en los beneficios y resultados del karma de la respiración, ¿no es así? Así también cuando el karma o acción se hace sin preocuparse por el fruto o resultado, eso da paz real.

Muchas y variadas son las ideas que se forman en el corazón humano y que vagan sin ningún sentido preciso en todas direcciones. Algunas se apoyan entre sí, otras se destruyen mutuamente. No hay que dejarlas libres, tienen que ser canalizadas y disciplinadas a fin de servir a un propósito más alto; así podrán ustedes instalarse firmemente en Shanti. Es necesario tener la habilidad para canalizarlas, no para adquirir destreza en el uso de las cosas externas, sino que más bien depende del control de las facultades mentales, lo cual es esencial para el florecimiento del Alma. Para entender las facultades de su propia mente, es bueno aprender de los mayores con experiencia en la sublimación de los caprichos de la mente.

Mientras no fijen inteligentemente una dirección precisa para todos sus pensamientos y actividades, estarán construyendo castillos en el aire. Porque sus sentidos aún irán por caminos contradictorios y distraerán su atención a tal grado que no podrán decidir fácilmente sobre el ideal. Los sentidos les harán creer que sus caminos son mejores; pero ustedes siempre deben tratar de cambiar el curso de los sentidos y de la imaginación hacia temas o deseos que los conduzcan al ideal. No importa la dificultad ni la seriedad de la crisis; ésa es una característica de inteligencia verdadera. Ese es el sendero de la Paz.

Gracias a la naturaleza humana, todos poseen el discernimiento necesario para alcanzar el ideal; pero no se permitan el más mínimo descuido porque sólo les va a estorbar. La Paz basada en la Sabiduría sólo resulta de la experiencia; el fin y la consecuencia de todos sus actos debe ser la Sabiduría. El progreso del individuo consiste en la actividad hecha con discernimiento.

Por ejemplo, no obstante que por la Gracia de Dios una persona puede tener todos los medios modernos de transporte, automóviles, aviones, etc., tendrá que caminar para conservar la salud. Lo mismo sucede con cualquier persona, cualquiera sea la práctica espiritual que se imponga: tendrá que experimentar la actividad y aprender las consecuencias ella misma a fin de conservar su salud mental. De otra manera no se podrían curar las debilidades de la mente.

Para llegar a esto hay que convivir con hombres experimentados, que sean ejemplos básicos de una buena vida. Uno puede entender la realidad con su ayuda y experiencia. Sólo así podrá asentarse la Paz en la personalidad.

En este mundo, la sabiduría está envuelta por la ignorancia. Es inevitable: siempre que la lámpara brilla, hay una sombra detrás; si la llama de la ilusión está encendida, la sombr de la ignorancia es inevitable. Si la ignorancia que rodea al Alma se destruye con el conocimiento, todo se iluminará como el amanecer y Shanti será la consecuencia directa.

Hay que hacer un esfuerzo para que el conocimiento destierre a la ignorancia y crear las condiciones necesarias para ello; la mente está condicionada para lo bueno o lo malo que la rodea. De ahí que el hombre deba formar por sí mismo el ambiente que necesita. Los reformadores de hoy no intentan transformar las cualidades del hombre; se afanan en conseguir la igualdad sólo en términos de economía y vida material; pero esa igualdad sólo puede perdurar si las cualidades del carácter se basan en la ecuanimidad. Si no se desarrolla la virtud de la igualdad, aunque todo se dividiera y repartiera en partes iguales, ese sistema no perduraría. Así pues, se impone reformar el carácter mediante el Conocimiento del Alma, y esta reforma es la que dará el fruto de Shanti; por eso es necesario dirigir la cultura hacia ella; hasta donde sea obtenida, podrá ajustarse el nivel de la vida económica. Antes que nada, hay que educar al hombre en la técnica de la paz y la felicidad, pero como no dependen de lo externo del mundo visible y objetivo, no hay ningún beneficio en preocuparse por debatir sobre ellas. Busquen refugio en el Alma y en la contemplación de su naturaleza, es decir, el verdadero "yo". Todo este mundo objetivo sólo brilla a través de la gloria del Alma; el cuerpo no merece ser identificado con lo inmortal: es la materia inerte, nada más. Ustedes no son la cosa nombrada con la palabra "yo", sino que son el Uno sin Segundo. El cuerpo está sujeto a cambios, es evanescente y tendiente a declinar. ¿Cómo lo podría ser el Alma? No, el Alma es única; no puede coexistir con otra entidad. La alegría, la igualdad y la ecuanimidad podrán establecerse en la Tierra cuando todos los aspirantes espirituales, todos los hombres, estén conscientes de esto.

Por consiguiente, reflexionen sobre la realidad haciendo a un lado lo visto y concentrándose en el que ve. Eso iluminará la verdad.