Libros escritos por Sai Baba

{SB 77} Prashanti Vahini ( La Paz Suprema )

CAPÍTULO 2

( Impreso en castellano en La Paz Suprema (Prashanti Vahini) cap. 02 )

Cada uno nace con una misión, pero todos existen solamente gracias al mismo alimento y bebida: la Paz; porque sin ella no hay Bienaventuranza. La Paz embellece cada acto, ablanda la capa más dura del hombre; ella los lleva a los pies del Señor y obtiene para ustedes la visión de Dios. No conoce distinciones: es la fuerza que establece igualdad; la miel del Amor en la encantadora flor de la vida; una necesidad esencial para el yogui y el aspirante espiritual. Habiéndola adquirido, ellos pueden alcanzar la realidad, si no en este momento, sí mañana; no lo duden.

El yogui y el aspirante deben vencer todos los obstáculos del camino; Shanti les dará la fuerza necesaria para ello. Sólo a través de la Paz, la devoción y el conocimiento pueden expandirse, asegurarse y echar raíces. La más alta Sabiduría nacida de la Paz, es la única manera de vivir la vida plenamente o la vida que no conoce el morir. Y es que la indagación "¿Quién soy?" aclara el camino para la realización. Así, el hombre debe esperar paciente y calladamente, poniendo su fe en la Gracia y Sabiduría del Señor. Aquel que inquiere de esta forma siempre será empeñoso y penitente, vencerá al miedo y, lleno de Paz, llegará a la convicción de que el Señor está en todas partes, visiblemente presente para todos.

Para adquirir Paz debe ser aplacado su acérrimo enemigo, la cólera. La ira es la cosecha de una mente inquieta: esclaviza al hombre y oscurece su entendimiento; en cambio, el entendimiento se vuelve fácil cuando ustedes están llenos de una devoción profundamente enraizada. El tipo de devoción llamada devoción pacífica es el mejor camino para obtener Bienaventuranza eterna y perdurable. Vuélvanse los mensajeros de la Paz sin principio ni fin, tengan en lo alto la luz de la Paz para la humanidad. Vivan la vida ideal: siempre conformes, jubilosos y felices. Los aspirantes al progreso espiritual y los devotos de antaño alcanzaron su meta sólo a través de la Paz. Shanti les dio a Ramdas, Tukaram, Kabir, Thyagaraja y Nandanar, la fortaleza necesaria para soportar todas las calumnias, torturas y tormentos que sufrieron en su vida. Si los aspirantes al progreso espiritual basan sus esfuerzos en estos ejemplos, ellos también se librarán de la ira, la desesperación y la duda. A veces, para los aspirantes espirituales son más útiles los relatos de esas luchas y triunfos que la misma contemplación de los poderes y talentos del Señor. Estos relatos les ayudarán a tratar de desarrollar, con base en sus experiencias, los métodos que ellos descubrieron. Inclusive uno puede obtener Shanti (Paz) por el solo recuerdo de cómo esos santos vencieron los obstáculos, soportaron los problemas y los caminos que siguieron para cruzar a la otra orilla.

Se encontrará que Shanti fue la principal arma que los salvó de los enredos de la ira, el dolor, la arrogancia, la duda y la desesperación. Por lo tanto, escuchen ¡oh aspirantes espirituales! y adquieran el arma, la Paz, mediante la Gracia del Señor; dirijan todos sus esfuerzos a ese fin. Sin importar lo difícil que sea el problema y grande el tormento, persistan y triunfen por medio del recuerdo de aquellos ejemplos.

¡Acuérdense de Bhisma! El, a pesar de estar postrado en un lecho de flechas, soportó el dolor pacientemente, aguardando la llegada del momento propicio. El nunca clamó a Dios en su agonía, pidiéndole que pusiera fin a su sufrimiento. Al contrario, solamente exclamó: "Yo debo soportar todo. No importa cuán grande sea el dolor ni cuán larga la agonía. Yo me quedaré callado hasta que llegue el momento. Tómame cuando llegue". Y es que Bhisma era el más grande entre los santos devotos, por eso se mantuvo firme.

Shanti es esencial. Tenerla es tenerlo todo y no poseerla quita la alegría a todo. Aunque Shanti es la misma naturaleza del hombre, la ira y la codicia triunfan al suprimirla. Pero cuando éstas se eliminan, Shanti brilla con luz propia.

El hombre siempre debe tener pensamientos benignos; sólo entonces podrá experimentar la ecuanimidad mental. La disciplina de la mente es difícil al principio, pero una vez conquistada, es capaz de sobreponerse a todos los problemas y preocupaciones. Una mente serena es lo necesario para todo aspirante; además constituye una de sus cualidades más beneficiosas. Una mente así proporciona felicidad y fuerza auténtica. Deben empeñarse en adquirirla aunque fallen en los primeros intentos, ya que con seguridad triunfarán en los siguientes.

La historia de Bruce, quien tomando el ejemplo de una araña ganó los honores de la victoria al octavo intento, es un valioso ejemplo para recordar. ¿Qué fue lo que le dio la victoria?: Shanti, una mente serena. Bruce no dio lugar a la desesperación, la cobardía, la impotencia: él se mantuvo siempre calmado, así aseguró el triunfo. Aun si la calamidad sobreviene, el aspirante al progreso espiritual no debe perder la cabeza; la mente debe estar siempre pura, calma y llena de valor. No es bueno lamentarse por el pasado; en lugar de esto, hay que concentrarse de lleno en la ejecución de la tarea presente. Esta es la principal característica de un aspirante. Estar preparado para aceptar alegremente cualquier obstáculo en el camino. Sólo así los aspirantes al progreso espiritual pueden alcanzar su objetivo.

Gozo en la ganancia y el regocijo, decepción en la pérdida y en la miseria, son las características comunes para todos los mortales. ¿Cuál es, entonces, la excelencia del aspirante al progreso espiritual? El no debe olvidar el principio de estar siempre atento y enfrentar lo inevitable alegremente. Cuando las dificultades y las pérdidas los agobien, no se precipiten sobre alguna solución, mediten calmadamente sobre el porqué de tales descalabros y traten de descubrir algún medio sencillo para vencerlos o evitarlos dentro de una atmósfera de Shanti.

Cuando les tiran un golpe a la cabeza, vean que sólo el turbante lo reciba; éste es el signo de la inteligencia aguda, para la cual la Paz es esencial. La prisa y la preocupación confundirán a la mente. Shanti desarrolla todas las cualidades benevolentes del hombre, incluso la facultad de ver el futuro, por medio de la cual los obstáculos y peligros pueden ser advertidos y prevenidos. Así, los aspirantes espirituales deben prestar atención a ciertos puntos sutiles tales como sus propias debilidades, defectos, desventajas, etc.; el poder de sentir (ichchashakti), puede purificarse y fortalecerse para que estas circunstancias no se repitan. Si los pensamientos se ocupan de estos defectos y comienzan a preguntarse sobre el porqué, el cómo y el cuándo de su origen, ustedes estarán propensos a cometer otros más, pues una vez que han sido reconocidos como fallas, ¿para qué preocuparse por sus causas y antecedentes? Por el contrario, permítanle a su mente pensar en cosas buenas. ¿Qué se gana con emplear el tiempo en cosas que ya no son necesarias? ¡No piensen más en ellas! El aspirante encontrará muy útil esta actitud.

Si el aspirante al progreso espiritual fracasa en seguir una disciplina. su deber es buscar v conocer la causa de su derrota. Como segundo paso, el aspirante cuidará que su error no se vuelva a cometer, debe hacer lo posible por alejarse de él. En estas circunstancias es recomendable ser rápido y activo cómo una ardilla, pero combinando la agilidad y vigilancia con la agudeza del intelecto. Ahora bien, todas estas cualidades sólo pueden ser adquiridas por medio de Shanti. Para evitar y vencer los conflictos de la mente, un anhelo firme y sin desviaciones es muy importante. Hay que estar tranquilo y sin agitaciones. El valor, la sabia determinación y la constancia harán que el poder de la voluntad sea fuerte y robusto.

Luminosidad en el rostro, esplendor en la mirada, apariencia firme, voz noble, sentimiento de caridad y bondad inmutable, son los síntomas de un poder de voluntad que está en desarrollo. Una mente sin agitaciones, una mirada limpia y alegre son las señales de la persona en quien Shanti se ha implantado.

El devoto puede orar para obtener Paz pidiéndole al Señor este regalo, o también puede pedir las buenas cualidades necesarias para su desarrollo. El aspirante espiritual tiene, como principal medio para alcanzar sus metas, esta única arma: la oración.

Existen personas que tienen sus dudas con respecto a esto y se preguntan: ¿Qué beneficio encontramos en la oración? ¿Nos dará el Señor todo lo que le pidamos en ellas? El puede darnos solamente lo que, de acuerdo a su criterio, necesitemos o merezcamos. ¿No es así? ¿Se complacerá el Señor en concedernos todo lo que le pedimos en nuestras oraciones? Bajo estas circunstancias, ¿cuál es la necesidad de rezar? Por supuesto, todas estas dudas pueden ser resueltas.

Si el devoto ha dedicado todo, cuerpo, mente y existencia al Señor, El mismo velará por todo, porque siempre estará con su devoto.

En estas condiciones no hay necesidad de la oración. Pero, ¿se han dedicado a sí mismos y entregado todo al Señor? No. Cuando ocurren pérdidas y calamidades, cuando los planes se desvanecen, el devoto culpa al Señor. En cambio, otros le rezan para que los salve. Exceptuando ambos casos, así como la dependencia sobre otros, si en todo momento ponen fe absoluta en el Señor, ¿por qué habrá de negarles Su Gracia?, ¿por qué desistirá de ayudarles? Los hombres no saben descansar completamente y sin reservas en el Señor, por lo tanto, aunque sean el agente y el instrumento al hacer todo, continúen orando con fe y devoción. La fe es el producto de Shanti y no de la prisa y el apuro. La cualidad de Shanti es una necesidad vital para adquirir la Gracia del Señor y su resultante toma de conciencia de la realidad. Todo aspirante está enterado de cómo Draupadi mereció la Gracia del Señor por su Rectitud y Amor. A pesar de que sus esposos eran héroes poderosos y renombrados monarcas, ella buscó refugio en el Señor Krishna, sabiendo que todo lo demás era inútil. Sin embargo, también se sabe que en circunstancias similares, Prahlada no buscó refugio; pero se debe a que desde su nacimiento había entregado todo al Señor, sabía que Dios estaba siempre a su lado, entonces no tenía necesidad de llamarlo para sentir su protección. Por lo tanto, Prahlada era inconsciente de todo, excepto de Dios; o sea, no podía distinguir entre una y otra de las funciones del Supremo. Entonces, ¿para qué pedir protección, él, que no sabía que Dios castiga? Para todas esas almas intoxicadas de Dios y dedicadas a El la oración es innecesaria.

Pero hasta que ese estado se alcance, la oración con una actitud de Paz es esencial para los aspirantes, y en este sentido la oración promueve la ecuanimidad. Se puede orar al Señor por medio de la Contemplación concentrada en la gloria de Dios, Repetición del Nombre de Dios, meditación y cantos devocionales, ya que en todos estos actos el objeto principal es el Nombre Divino. Debido a esto Krishna habló en el Gita sobre el Conocimiento de Dios por la Repetición de su Nombre. Es mejor hacer la Repetición del Nombre en voz alta para transformarlo en canto devocional: si además es cantado con una voz dulce las personas serán atraídas hacia Dios. Gradualmente se desarrollará en ellas el amor por Dios y, a su debido tiempo, le seguirá la Gracia; pero para ser bendecido por ella habrá que esperar pacientemente. Unicamente la serenidad nos llevará a triunfar en la práctica espiritual; incluyan esta lección en todas las disciplinas que desarrollan habitualmente del mismo modo que el Shanti mantra (mantra de la Paz). El Shanti mantra es: "Asatho ma sadgamaya thamaso ma jyothir gamaya mrityor ma amritham gamaya". El significado de este mantra se ha traducido de varias formas, algunas muy elaboradas, otras muy bellas: "Oh Señor, cuando obtenga felicidad mediante los objetos de este mundo, hazme olvidar estos objetos irreales y enséñame el camino de la felicidad permanente". Esta es la primera oración. La segunda dice: "Oh Señor, cuando los objetos del mundo me atraigan remueve la oscuridad que esconde a la omnipenetrante Alma, que realmente lo es todo".

La tercera oración y el significado del mantra es el siguiente: "Oh Señor, bendíceme mediante tu Gracia con la inmortalidad resultante de la conciencia de la refulgencia del Alma inmanente a todo objeto".

El verdadero devoto siempre estará viviendo en Dios, no tendrá tiempo para sentir su bienestar o preocupaciones, si está feliz o preocupado; alcanzar al Señor es la única idea en su mente. Es difícil entender esta forma de ser, pero pongamos un ejémplo: un niño pequeño corre por ahí lleno de miedo y gritando: Mamá, mamá, buscando a su madre ausente. La madre lo toma en sus brazos colocándolo en su regazo; entonces el chico deja de llorar y se despoja de todo temor. Pero, ¿encuentra el niño la diferencia entre su pasado previo y el presente? No, no es necesario que lo haga. Así también, quien busca servir al Señor se sumergirá en El cuando la gloriosa oportunidad se le presente; y en tal presencia ninguna ansiedad o problema lo molestarán. De hecho, éstos lo atormentarán hasta el momento del logro; pero luego toda la atención se concentrará en la experiencia. La lucha y afanes pasados serán olvidados.

En la misma forma, aspirantes y devotos deben ignorar y olvidar los problemas que han tenido y dirigir sus pensamientos al Supremo. Sumérjanse en ellos y extraigan la felicidad al hacerlo. De igual modo, la devoción tiene otra recompensa; ella es la causa y el efecto a la vez; no hay dos devociones, hay una sola y es la realización en sí. También por el Camino del Conocimiento, al ser removido el velo de la ignorancia, ocurre la realización.

En el Camino de la Devoción no se obtiene felicidad alguna, excepto la de Dios. Todos los obstáculos de este camino pueden ser vencidos por medio de la inteligencia. Pero la inteligencia puede ser debilitada por el egoísmo y el sentimiento de propiedad, o sea: "Yo soy el que disfruta", "Todas estas cosas son mías", etcétera. Mientras se tenga esta conciencia no se podrá obtener satisfacción real, uno será atraído a buscar cosas que le puedan dar aún más goce.

Lo que todo devoto espera es, en última instancia, experimentar la alegría de la Suprema Bienaventuranza como resultado de su práctica espiritual. Pero esa Bienaventuranza no es una experiencia nueva que se adquiera o gane por medio de la práctica espiritual, está dentro de él, en él: sólo que en ese momento, debido a los obstáculos del ego que actúa como un velo que la aparta de la vista, no puede disfrutarla.

Uno tiene que hacer desaparecer ese velo, y la disciplina espiritual es todo lo que el aspirante necesita para lograrlo. Sólo entonces podrá ser conocida la siempre existente Bienaventuranza, que no emerge de repente, sino que siempre estuvo ahí; lo que va y viene es la pantalla del "yo" y "lo mío", que la encubren.

Mientras trata de quitar la pantalla del egoísmo y del sentimiento de propiedad, el aspirante no debe apresurarse ni preocuparse demasiado si no obtiene la Bienaventuranza esperada. En tales ocasiones Shanti es una ayuda infalible, ya que si ella es bien cultivada podrá triunfar en cualquier tarea, no importa lo difícil que sea.