Libros escritos por Sai Baba

{SB 77} Prashanti Vahini ( La Paz Suprema )

CAPÍTULO 1

( Impreso en castellano en La Paz Suprema (Prashanti Vahini) cap. 01 )

LA PAZ SUPREMA

Lectores: que este flujo de Amor (Prema) sea el agua que apague los fuegos ardientes de la inquietud, la ignorancia, la injusticia y la irreligión que los consume, y sacie su sed. Que derrame sobre ustedes paz, alegría y felicidad.

Muchas personas no saben siquiera el significado de la palabra "prashanti". Prashanti es como el esqueleto para todo individuo, y el aliento mismo para el aspirante espiritual, aunque cada uno le da significado diferente. Muchos sienten que obtienen paz cuando satisfacen algún deseo mundano que los inquietaba; pero eso no es la paz real, sino sólo un efímero intervalo entre una preocupación y otra. La sílaba "pra" de prashanti denota expansión, alargamiento; así, Prashanti es esa clase de Paz, Paz Suprema, es decir, la ausencia de deseo e ira, codicia y odio. "Prashanti" significa el triunfo en la eliminación de esas tendencias clasificadas en deseo e ira. Ese acto de control de los sentidos es esencial para todos. El aspirante espiritual debe estar dedicado a su práctica.

¿Qué anhela el aspirante espiritual? Satisfacción plena, ¿no es así? Entonces su anhelo es Paz (Shanti). Ahora bien, la Paz es la naturaleza innata del hombre, es el poder que viene en ayuda de aquellos que tratan de adquirir discernimiento, desapego y agudeza de intelecto. La Paz no es más que una fase del Alma misma. Así como el Alma, la Paz tampoco tiene principio ni fin, nada puede destruirla; sólo se iguala a sí misma, por lo cual no tiene comparación.

La Paz debe manifestarse en sentimiento, palabra, postura y acción en uniforme e igual medida. Luego Shanti (la Paz) se transforma en Prashanti, la Paz Suprema. Careciendo de tal Paz, es imposible obtener la dicha material del mundo o del más allá porque Shanti es la base de toda felicidad o alegría. Thyagaraja, el santo hindú, ya sabía esto cuando cantó: "Si no hay Paz no hay alegría". Todos los hombres, sin distinciones, la necesitan: sean ascetas o eruditos, piadosos o filósofos.

Sin embargo, aunque el hombre no es capaz de estar en sosiego ni por un momento, no podemos llamar Paz a la simple ausencia de cólera. La adquisición de un objeto deseado y la satisfacción que de ello deriva no deben ser confundidas con la Paz.

Por otra parte, la Paz que ha penetrado en el corazón no puede ser trastornada por ninguna razón, ésa es la única clase de Shanti que merece ser llamada Prashanti. Y es que la Paz Suprema no tiene altibajos; no puede ser parcial en la adversidad y total en la prosperidad. No puede ser una cosa hoy y otra mañana, ya que un flujo permanente de Bienaventuranza es lo que se llama Paz Suprema.

La Paz Suprema los hace comprender diciéndoles cómo adquirirla y utilizarla, además de describirles sus atributos. Todo aspirante espiritual tiene el legítimo derecho de adquirir esta Paz Suprema; sólo debe aprender el camino para alcanzarla. El mundo sufre ahora de políticas egoístas, ideología nihilista y competencias sin escrúpulos; es éste por cierto el estado de las cosas. El hombre ha olvidado completamente su naturaleza divina. En tal crisis, lo más urgente es Paz y Amor Puro. Estos son los medicamentos necesarios para esta terrible enfermedad.

El Amor Puro e lnegoísta es el único medio para obtener Paz. Amor es el combustible que proporciona la divina llama de la Paz y da como resultado la unión de toda la humanidad y ésta, instruida en el conocimiento espiritual, hará de la paz mundial una realidad.

La disciplina del ser es el cimiento para una vida próspera. Sólo a través de ésta el hombre puede saborear la paz real y perdurable, sin la cual no puede haber felicidad. La Paz es la misma naturaleza del Alma y coexiste solamente con un corazón puro; no puede asociarse con uno codicioso y lleno de deseos. Shanti (la Paz) es la señal que distingue a los aspirantes espirituales, los iluminados y los verdaderos seres humanos; no depende de condiciones externas. Ella hace que sus poseedores se alejen de egoístas o sensuales y que incluso sientan aversión por la compañía de estas personas.

La Paz es la característica del Alma interna, maravillosa, estable y permanente. Está llena de elevación espiritual y sabiduría, que son el acompañamiento natural de la Bienaventuranza.

La Paz genuina es obtenida por el control de los sentidos; sólo cuando esto se alcanza podrá llamársele Paz Suprema. La experiencia de tal estado es el flujo de la paz que calma la agitación mental, nivelando los torbellinos de los gustos y aversiones, el amor y el odio, el dolor y la alegría, la esperanza y la desesperación. La Paz debe ser obtenida y mantenida sin perturbaciones.

La Paz es de la naturaleza del Alma, infinita e imperecedera, a diferencia del cuerpo y la mente; universal, sutil, y su esencia misma es el Conocimiento; por consiguiente, la Paz también posee estas características. El Conocimiento del Alma destruye lo ilusorio, la duda y el temor, de ahí que confiera la Paz más inmutable y, con ella, la santidad y la felicidad. El Alma no es el objeto del Conocimiento, sino su fuente y manantial.

Jñana o el Conocimiento es aquello que muestra el camino hacia la madurez, la libertad, la inmortalidad, la felicidad y la paz eternas. Aquel que se deja dominar por los caprichos de los sentidos no puede conocer el Alma. Brahman (Dios) es el único, el inalterable en este mundo de mutaciones, por eso el Alma no es afectada por las transformaciones y cambios externos; la gloria del cuerpo no es la del Alma. El Alma, en pocas palabras, no es nada que pueda asirse; sólo puede decirse que es "Eso", el Alma, el Brahman (Dios).

Brahman se ha convertido por sí mismo en Verdad, Amor, Luz, Paz, Conocimiento y Suprema Bienaventuranza. A través de cualquiera de estos caminos se puede, sin duda, alcanzar a Dios. Esta es la verdad.

El Alma no puede ser los cinco sentidos, tampoco el intelecto, o el aliento vital; ni siquiera el aliento de vida. Sólo puede ser descrita por lo que no es y nadie puede definirla como esto o aquello; y si lo hiciera, podemos concluir que no sabe nada del asunto. Puede decirse mucho acerca de algo que es desconocido; se le puede aplicar cualquier nombre, pero, finalmente, el Alma no puede ser descrita mediante palabras.

La Bienaventuranza es la naturaleza innata del hombre. Pero desgraciadamente él busca en todas partes excepto donde realmente la puede encontrar. La Bienaventuranza no es algo sin vida, inactivo, sino otro nombre para vivir con algún propósito. La regla de Ananda (la Bienaventuranza) prevalece bajo la autoridad de Shanti (Paz); es ella la que regula los límites y las leyes para todas las actividades.

Debe hacerse estable de tal manera que no se vea afectada por la mente o por los sentidos, que siempre se encuentran conectados al mundo exterior. Shanti es el tesoro más preciado, pero solamente puede ser experimentada de manera personal y mediante el estado natural de Jñana (Conocimiento). Aquel que alcanza lo que es imperecedero, lo que no puede ser destruido ni modificado, es el que disfruta de la Paz. El, igualmente, no tiene muerte.

Shanti es un océano sin límites; es la luz que ilumina al mundo. El tenerla es tenerlo todo, pues nos confiere el conocimiento de ambos mundos: éste y aquél. Nos conduce a la comprensión de Brahman (Dios) o sea el mismísimo objetivo de la vida humana que la filosofía Vedanta trata de enseñar.

El Amor Puro sólo puede emanar de un corazón sumergido en Shanti, porque ella es una atmósfera que todo lo penetra y purifica. Shanti no es una convicción a la que se llega por medio de la lógica; sino la disciplina de todas las vidas disciplinadas. Cuando el hombre nace su mente es como una hoja de papel en blanco, pero tan pronto como se inician los procesos de pensar, sentir y actuar, la hoja de papel empieza a mancharse. El cuerpo depende del prana (aliento vital), de la mente y de los deseos que la agitan. La justicia y la verdad se confunden con las necesidades de educación, moda, convencionalismos, costumbres, etcétera, y el individuo es lanzado a una multitud donde su soledad es invadida y arrebatada. Es por ello que la mente debe calmarse y aquietarse primero; solamente logrando esto el cuerpo será saludable y el intelecto agudo. La mente se proyecta hacia un solo objeto en un único instante, no en muchos; pero aun así ésta es un conglomerado de pensamientos, deseos, caprichos, imaginaciones, etc. En pocas palabras, la mente tiene dentro de si la historia entera de la Creación. Por eso es la matriz de maya en el hombre. La mente es el campo de batalla donde lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo, compiten por la supremacía.

El hierro sólo puede ser compactado por el hierro. De la misma manera, la mente "inferior" tiene que ser moldeada por la misma mente "superior". Uno tiene el deber de hacer fuerte y superior a su mente a fin de lograr la superación personal.

¡Beban las aguas del río de la disciplina! Sumérjanse en ellas y límpiense; que su frescura alivie sus tristezas y dolores y apague los fuegos del pecado.

Otra enfermedad ya ha empezado a propagarse en el mundo para debilitar a la Paz. Son muchos los que, como loros, dan abundantes consejos sobre moral, religión y disciplina. Pero son ellos quienes no practican siquiera una parte de tales consejos. Los llamados mayores sólo saben cómo hablar, pero no cómo actuar. ¿Cómo pueden aquellos que no saben cómo actuar, hablar de ello? ¡Las palabras sin experiencia son la enfermedad que padece el mundo actual!

Esto debe ser tratado y erradicado, porque con ello la Paz puede ser desviada. Hablar es fácil para todos; sin embargo, el aspirante espiritual genuino es aquel que actúa y luego habla basado en la experiencia. Aquel que solamente habla pero no actúa es la persona que ocasiona el desastre. Estos peligrosos aspirantes espirituales y santos se han multiplicado y han confundido el camino verdadero. Los devotos inocentes y de mente simple que se apegan a tales individuos son arrastrados fuera del camino y engañados; que los lectores y aspirantes observen la conducta primero y escojan después. Si no hay observancia del consejo dado, el consejero merece el mismo respeto que una grabación de disco, no más. Una grabación debe ser tratada romo tal solamente, no como divinidad, hasta que alcancen la etapa en la cual la verdad de que "todo es Dios" se haga patente en ustedes. Es un error mayor y pecado dejar el "Todo es Dios" en meras palabras, mientras que en la práctica se trata a algunas personas como pecadores.

Muchos consideran que la discreción y la dulzura son muy importantes y por supuesto lo son, pero sólo hasta cierto punto. La dulzura debe estar presente siempre que el habla se recuerde en la memoria y además no deberá amargarse con el transcurso del tiempo; solamente entonces esas palabras serán "amrita" (néctar de los dioses). Hoy en día la dulzura no persiste, enseguida se torna amarga y la razón de esto es que no hay coordinación entre el que habla, el tema y su conducta. Por consiguiente, en vez de "amrita", las palabras se hacen "anrita" (mentira, falsedad). La impresión será incambiable y permanente si un buen tema es tratado en un estilo apropiado y presentado con el debido sentimiento sobre la base de una experiencia.

Lo que los aspirantes al progreso espiritual tienen que hacer ahora es lo siguiente: primero desarrollar discernimiento; es decir, la capacidad de distinguir lo eterno de lo transitorio y decidir qué es lo que tiene valor; en segundo lugar deben hacer un sincero intento por experimentar lo que consideran valioso y verdadero. Por último, tal intento no debe abandonarse pase lo que pase. Estos tres pasos pueden llamarse prácticas ascéticas. De estas prácticas nacen la paz real y la alegría.

Ahora bien: todo, desde una hormiga hasta el Omnipotente, está sujeto a algún cambio en todo momento. No hay objeto ni ser viviente que sea excepción de esta ley; pero esta mutabilidad es de dos clases: externa e interna. El cambio externo puede ser fácilmente visto; el interno no es tan patente ni fácil de entender.

Por eso resulta tan necesario comenzar por adiestrarse para comprender los cambios externos, que son más claros; y luego ir gradualmente acercándose al problema de la transformación interior. Cualquiera que sea el cambio que estén tratando de lograr, háganlo de todo corazón, para satisfacción de sus propias conciencias, no sólo para obtener la estima de otros, agradarlos o ser alabados por ellos como grandes devotos. Tal actitud es una traición al propio Ser.

El Señor ama lo interior, no lo exterior, pero no por eso ustedes deben descuidar lo segundo. Aun en el comportamiento y las acciones debe mostrarse el sentimiento interior: eso les dará una oportunidad para experimentar la sensación de quietud y paz en toda su extensión. Y es que el sabor de tal Paz debe ser degustado a través del pensamiento, la palabra, el gesto y la acción. Solamente cuando la Paz es percibida en estas formas, se vuelve completa. En otras palabras, la mente desaparece y se alcanza el estado designado como Shanti o Yoga.

El mundo de hoy está lleno de filosofías incomprensibles, y de escrituras que no son practicadas, por lo que no vamos a hablar de ellas. El cambio real debe hacerse en la conducta y comportamiento habituales; pues siendo parte de la vida cotidiana de todos los hombres, pueden ser practicados fácilmente y su propósito entendido claramente. Solamente cuando éstas son transformadas, el Alma interna, profunda, muy misteriosa y esencial, puede ser comprendida. En cada pequeño acto, actividad o palabra, uno debe discernir y adoptar lo mejor: es la cualidad más importante de un genuino aspirante espiritual.

La Paz y la Devoción nunca pueden ser obtenidas a través de otra persona, tienen que ser creadas y desarrolladas individualmente. Además, es fundamental contar con la Gracia del Señor; como se dice en las Upanishads: "Aquel que El escoge, le alcanza".

Sin embargo, el aspirante podrá tener esta duda: ¿Cuál es, pues, la necesidad de la práctica o ejercicio espiritual? Aquel que piensa en el Señor con devoción puede vencer todo tipo de karma heredado o acumulado; con Su Gracia, uno puede alcanzar incluso la inasible Bienaventuranza. De todos modos, no duden sobre la práctica de disciplinas espirituales, que nunca será estéril para nadie. Adhiéranse firmemente a esta convicción, y recuerden que una devoción firme ganará la Gracia de Dios.