Libros escritos por Sai Baba

{SB 74} Geetha Vahini ( El Gita )

CAPÍTULO XXVI

( Impreso en castellano en El Gita (Gita Vahini) cap. 26 )

CAPITULO XXVI

"¡Krishna! Tú dices que la naturaleza divina y la demoníaca del hombre son la consecuencia de actos y sentimientos que hicieron impacto en el individuo en nacimientos anteriores. Puesto que es imposible escapar a tales impactos, ¿cuál es la suerte de aquellos que son condenados a llevar a cuestas esta carga? ¿Hay algún medio para evitar esto? ¿Pueden mitigarse sus consecuencias? Si existe alguna manera, por favor dímela para poder salvarme." Arjona preguntó de esta manera con el propósito de obtener del Señor el remedio para toda la humanidad.

Krishna dio la respuesta inmediata. "No hay escasez de medios. Escucha. Hay tres clases de gunas: el satva, el rajas y el tamas. Están basados en la conciencia interna (anthakarana). Esto depende también de los alimentos que se ingieran. Tú eres lo que comes: tus actividades modelan tu naturaleza. Así que por lo menos en este nacimiento, mediante la regulación del alimento y de la actividad, el hombre puede vencer las tendencias demoníacas que prevalecen en él. Puede alentar las tendencias sátvicas o santas por medio de su propio esfuerzo." Este consejo fue dado amorosamente por el Señor al ansioso inquiridor Arjona.

Arjona se emocionó por la alegría que le causó escuchar que el hombre posee los medios para salvarse a sí mismo y se sentía impaciente por informarse más aún. Krishna desparramó Su gracia con una sonrisa encantadora y condescendió a responder. "¡Arjona! El alimento es la principal fuerza formativa. La mente impura ensombrece el brillo de la excelencia moral; ¿cómo podría un lago de aguas turbias dar reflejos con claridad? Lo Divino no puede ser reflejado en la mente malvada o viciosa. El alimento hace al hombre fuerte de cuerpo; el cuerpo está íntimamente conectado con la mente. La fuerza de la mente depende también de la fuerza del cuerpo. La conducta moral, los buenos hábitos y el esfuerzo espiritual dependen de la calidad del alimento; la enfermedad, la debilidad mental y la pereza espiritual son el resultado de una alimentación defectuosa."

"¡Krishna!", expresó Arjuna, "te ruego me digas los constituyentes del alimento sátvico, del rajásico y del tamásico".

"¡Arjuna! El alimento, para ser sátvico, debe ser capaz de fortalecer a la mente tanto como al cuerpo. No debe ser demasiado salado, demasiado picante, demasiado amargo, demasiado dulce ni demasiado agrio. No deberá tomarse mientras esté hirviendo. El alimento que aviva las llamas de la sed también debe ser evitado. El principio general es que debe haber un límite, una restricción. El alimento cocinado en agua no deberá usarse al día siguiente; se vuelve dañino. Aun las cosas fritas deberán consumirse antes que adquieran olores desagradables.

"El alimento rajásico es lo opuesto del sátvico. Es demasiado salado, demasiado dulce, demasiado picante... demasiado agrio, demasiado oloroso. Un alimento tal excita e intoxica."

"Señor, perdóname si parezco impertinente; pregunto por el deseo de saber, eso es todo. Por el mero cambio de los hábitos de alimentación, ¿puede cambiarse el carácter de un guna por otro? ¿O tiene que hacerse algo más para complementar el proceso de purificación? Dime, si es que hay algo más."

"¡Mi querido cuñado! Si la transformación del carácter fuera tan fácil, entonces la maldad y el vicio, tan característicos de la naturaleza demoníaca, hubieran podido ser erradicados de la faz de la Tierra en un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto, hay otras cosas más que tienen que hacerse. Escucha. Hay tres `purezas' que deben observarse: pureza de los alimentos; pureza de los utensilios con los que se prepara el alimento; y pureza de las personas que sirven los alimentos preparados.

"No es suficiente que las provisiones sean puras y de buena calidad. Deben haber sido obtenidas por medios honestos; ninguna ganancia deshonesta, injusta, falsa, debería usarse para la manutención propia. Estas provisiones están contaminadas desde su origen. Tanto el origen como el curso y la meta final deben ser igualmente puros. El utensilio debe estar limpio, libre de impurezas. La persona que sirve debe ser no solamente limpia en el vestir sino limpia de hábitos, de carácter y de conducta. Debe estar libre de odio, de ira, de preocupación e indiferencia mientras sirve los platillos; debe estar contenta y tranquila. Y debe ser humilde y llena de amor. Mientras atienda a los comensales, no debe permitir que en su mente moren ideas malas o viciosas. La limpieza o el encanto meramente físicos no son ninguna compensación para los pensamientos y los hábitos malos. El aspirante que quiere tener concentración ha de ser cuidadoso respecto de estas restricciones. De otra manera, durante la meditación, las sutiles influencias de los malos pensamientos del cocinero y de los sirvientes rondarán a su alrededor. Debe tenerse cuidado de que haya solamente individuos virtuosos cerca suyo. El encanto exterior, la excelencia profesional, los salarios reducidos no deberían constituir factores para que se prejuzgara en favor de cocineros y ayudantes peligrosos. Examina cuidadosamente sus hábitos y su carácter. El alimento que comes es un constituyente muy importante del material físico y mental con que tienes que luchar en el campo espiritual. La pureza de la mente puede y tiene que ser completada por la pureza del cuerpo así como por la pureza en esa importante función suya, el habla. Esa es la verdadera austeridad o `tapas': tanto física, como mental y verbal.

"I_a mente debe estar libre de ansiedad, de preocupación, de odio, de temor, de codicia y de orgullo. Debe estar saturada de amor hacia todos los seres. Tiene que morar en Dios. Tiene que ser refrenada para que no persiga los placeres objetivos. A ningún pensamiento inferior debería permitírsele entrar en ella; todos los pensamientos deben estar dirigidos a buscar la elevación del individuo hacia los planos superiores. Esta es la práctica de la austeridad apropiada para la mente.

"Ahora, para practicar la austeridad o `tapas' físico, usa el cuerpo y su fuerza y capacidades para dar servicio a los demás, para adorar al Señor, para cantar Su gloria, para visitar los lugares santificados por Su nombre, para hacer ejercicios regulados por el control del aliento; para mantener los sentidos alejados de caminos peligrosos y para caminar por el sendero que conduce hacia Dios. El servicio a los enfermos y a los que están en desgracia, la observancia de los códigos de moral y los actos de beneficencia, deben hacerlo sacrosanto.

"El `tapas' verbal también tiene que cumplirse. Evita hablar demasiado; abstente de hacer aseveraciones falsas; no gustes de la murmuración y la maledicencia; nunca hables con dureza; habla con suavidad y dulzura; habla con el recuerdo de Dios siempre presente en el fondo de tu mente.

"Si una sola de estas tres acciones, el tapas físico, el tapas mental y el tapas verbal está ausente, la refulgencia del Alma (Atmajyothi) no podrá irradiar su luz. Tanto la lámpara como la mecha y el aceite son esenciales para tener luz; el cuerpo es la lámpara, la mente es el aceite y la lengua es la mecha. Los tres tienen que estar en buenas condiciones.

"Algunas personas piadosas consideran que los actos de caridad son también tapas físicos. Es bueno que piensen así. Pero cuando se hace la caridad hay que hacerla después de reflexionar sobre el lugar, el tiempo y la naturaleza del beneficiario. Por ejemplo, los donativos para escuelas deberían hacerse en lugares donde hasta entonces no ha habido ninguna; los hospitales deben establecerse en zonas donde las enfermedades están difundidas; el hambre de la gente debe ser satisfecha en donde las inundaciones o sequías han causado condiciones de hambruna. Hay que tomar en cuenta la naturaleza y la condición del beneficiario al impartir la enseñanza de la moral y sabiduría divinas mientras se hacen servicios de diferentes clases. Aquel acto caritativo que le quita a una persona la deficiencia que le es más perjudicial para su progreso es el llamado sátvico."

"Krishna", interrumpió Arjuna, "¿puedo hacer aquí una preguntó? La caridad, como quiera que se:haga, es caridad, ¿no es así? ¿Por qué distingues Tú entre sátvjca, rajásica y tamásica? ¿Existen tales clases de caridades?"

Krishna contestó: "Por supuesto que las hay. Entre aquellos que hacen donativos para caridad, la mayoría están anhelantes de obtener por ello nombre y fama; ése es el motivo del acto que realizan. Buscan algo en compensación de lo que ofrecen. Muy pocos son los que desean la Gracia del. Señor y nada más. Los regalos que se hacen con ese solo objetivo, el recibir la Gracia del Señor, son sátvicos. Los regalos que se han hecho esperando algo en compensación como fama y publicidad, estimación pública y poder, o entregados con petulancia, o de mala gana, o bajo presión, éstos deben clasificarse como rajásicos.

"La caridad debe darse con reverencia y con fe. No debería arrojarse nada más a la cara del beneficiario. Ni debería darse a persona que no la merezca, o en un momento inoportuno. Más alimento para el que está sobrealimentado resulta una carga, no un favor. Los hospitales establecidos en lugares inaccesibles son tan inútiles como la caridad tirada a la calle. Tal caridad sin beneficio y desperdiciada es llamada tamásica.

"Cuando uno se dedica a hacer caridad, tiene que estar muy vigilante. No debería brindarse a cualquiera que la pida; ni debe derramarse en toda clase de lugares. Ten cuidado de recordar las tres clases que te he mencionado, y luego actúa como te parezca más apropiado. El regalo que hicieres no debe ser para obtener nombre y fama; ni debe tener ningún motivo de pompa o publicidad; debe tener un buen motivo y ser útil. En todos los actos la actitud sátvica es la mejor. Esta actitud debe interpenetrar todas las cosas que se ven, que se oigan y que se digan."

Arjuna, que estaba escuchando todo esto con la cabeza baja y con gran concentración, embelesado con la dulzura del semblante del Señor, le preguntó así: "¿Qué es exactamente el verdadero escuchar y el verdadero ver? Por favor, dímelo detalladamente y entonces podré seguir tus instrucciones". Le rogó a Krishna en un tono tan suplicante que el Señor sonrió amablemente.

Krishna le dio palmadas en el hombro y dijo: "El escuchar sátvico es oír las historias, las experiencias y los mensajes de los sabios y santos que tuvieron aspiración por Dios y lo realizaron. La vista sátvica es la forma de mirar a los adoradores del Señor, las imágenes de los santos y de los sabios e incluye el hecho de asistir a festivales en los templos. La vista rajásica consiste en ver escenas de lujo, cuadros de goce sensual, de pomposa espectacularidad, de exhibición de poder y posición, y de ostentación y autoridad ególatra. El regodearse con la descripción de escenas e incidentes sensuales, con la demostración de poder y autoridad, con la afirmación de poderío y valentía son actos que deben clasificarse como de audición rajásica. Otros se complacen en escuchar aventuras horripilantes, cuentos de gente malvada y de acciones viciosas. Tales son los individuos tamásicos. Admiran la crueldad y las tácticas aterradoras y se complacen en mantener presentes tales escenas. Adoran a los dioses demoníacos sedientos de sangre y se encantan con relatos de fantasmas y de fuerzas misteriosas".

¡Queridos lectores! Esta es la esencia de la enseñanza del Bhagavad Gita. Sus cuerpos y vidas están basados en el alimento; están sustentados por el alimento (arma). Así, es el alimento el que decide el nivel del logro y determina que sea elevado o bajo. Hoy día se pone énfasis en la disciplina y en la conducta regulada, sin hacer referencia al alimento. Por grande y erudita que sea una persona, por mucha que sea la atención que preste a las enseñanzas del Vedanta y se esfuerce por difundirlas, si descuida el estricto código fijado para el alimento, que es la base misma del cuerpo y de sus funciones, no podrá lograr el éxito. Se descuida la pureza de los alimentos, del cocinero y de los que sirven lo que ha preparado. Quedan contentos en cuanto sus estómagos se llenan, en cuanto se satisface el hambre. ¡El primer templo que visitan al romper el alba es el restaurante en donde ofrecen idli (preparación de arroz con especias) y sambar (especie de caldo de vegetales muy picante) al Alma llena de dulzura y Bienaventuranza (Atmarama)! ¿Cómo pueden estos glotones lograr ninguna concentración? La pureza en la preparación, la pureza de las provisiones y la pureza en el servicio... ¿cómo podrían considerarse garantizadas en los restaurantes? ¿Quién les presta atención? No ponen atención a esto y la gente se queja en voz alta ¡que no tienen éxito en la concentración!... y sufren una confusión mayor. El efecto deseado se alcanzará únicamente cuando las causas apropiadas funcionen bien. Si se cocinan cosas amargas, ¿cómo puede el platillo acabado ser dulce?

El alimento y la diversión están, ambos, muy cuidadosamente regulados en el Gita, pero poca atención se pone a esta enseñanza y no se la considera tan esencial. Hay personas por todas partes que juran por el Gita, que hacen exposición de su contenido durante horas y horas y que predican sobre él... pero muy pocas ponen en práctica sus enseñanzas. Los versos colman sus cabezas, pero ellos son incapaces de enfrentarse a los reveses con buen ánimo y filosofía. La felicidad y la paz pueden lograrse únicamente cuando el alimento y la diversión son limpios y depurados.

Las tinieblas y la luz no pueden coexistir; el deseo (kama) y Rama no pueden estar juntos en el mismo sitio; son como el fuego y el agua. ¿Cómo puede uno librarse de una mala reacción si se tiene al Gita en una mano mientras que en la otra se sostiene una taza de té o de café, o un cigarrillo encendido o una pizca de rapé? Algunos hasta tratan de justificar sus indisciplinadas vidas declarando que no obstante lo que coman, la manera como lo coman y el lugar donde lo coman, ¡el alimento se vuelve puro y aceptable en virtud del vehemente fuego del conocimiento (jñana) que tienen dentro de sí!

¿Cómo puede un fruto amargo convertirse en dulce por el solo hecho de sumergirlo en varios ríos sagrados? ¿Cómo pueden aquellas personas que simplemente hablan del Gita saturarse de la dulzura de su mensaje? Lo que en realidad sucede es que aquellos que escuchan tales hipocresías pierden hasta la poca fe que tenían en nuestras Escrituras y se convierten en escépticos endurecidos.

¿Cómo puede esperarse que una persona que se sienta incapacitada para restringir y regular sus hábitos de alimentación restrinja y regule sus sentidos? Si no puede limitar y controlar sus alimentos, ¿cómo puede limitar y controlar los sentidos? ¿Cómo puede el que es demasiado débil para subir una escalera, ascender a las alturas celestiales? Cuando un hombre es la impotente víctima del café, de los cigarrillos o del rapé, ¿cómo puede reunir fuerza y valor para vencer a enemigos más poderosos como son la ira, la lujuria y la codicia? Si no puede renunciar a la inmundicia, ¿cómo puede renunciar al deseo? Dominen la lengua y luego podrán dominar al sexo. Ambos están firmemente intercomunicados, tan cerca el uno del otro como los ojos y los pies.