Libros escritos por Sai Baba

{SB 74} Geetha Vahini ( El Gita )

CAPÍTULO XXII

( Impreso en castellano en El Gita (Gita Vahini) cap. 22 )

CAPITULO XXII

Arjuna siguió haciendo más preguntas, basándose en las respuestas de Krishna. "Describiste las características del adorador de la Divinidad con atributos. Dijiste que las personas con tales características son yoguis. Me siento en verdad feliz por haber llegado a saber esto. Pero así como los adoradores de lo que tiene atributos poseen ciertas características, asimismo los adoradores de la Divinidad sin atributos también han de tener características por las que puedan ser reconocidos, ¿no es así? Por favor, háblame de ellos; me gustaría saber."

A esto, Nandakumara, el de la forma primorosa, replicó: "¡Arjuna! Los adoradores del aspecto sin atributos tienen que adquirir el completo control de sus sentidos. Luego, deben ser indiferentes a las circunstancias. En tercer lugar, deben servir a otros en la desgracia. Tal ha de ser la naturaleza de los adoradores del Imperecedero".

Los lectores podrían inferir de esto que las características de los adoradores de la Divinidad con atributos y sin ellos son todas idénticas. Arjuna se alegró ante la respuesta de Krishna y exclamó: "Ahora he comprendido claramente este punto, pero quiero que me digas cómo debo proceder, cómo debo actuar para ganar la Gracia del Señor", y se dejó caer a los pies de Krishna. Narayana levantó a Nara (Arjuna) diciéndole: "¡Arjuna! No tienes necesidad de adquirir las características de ninguno de aquéllos. No son fáciles de alcanzar. Yo te diré de otro sendero más fácil que esos dos. Ese sendero seguramente te conferirá Mi Gracia.

"Este sendero se sigue así: establece tu mente y tu inteligencia en Mí. Si no puedes lograr esto por encontrarlo difícil, entonces abandona tu egoísmo y desempeña actividades que sean morales y santas. Si aun esto es demasiado difícil, abandona el apego por los frutos, los resultados de todos tus actos y ofrécemelos a Mí, como ofrenda a Krishna. La ofrenda de tus actos no deberá ser un mero ejercicio verbal. Cuida de actuar mediante tu palabra, tu obra y tu pensamiento, como suele decirse.

"¿Piensas que hasta esto está más allá de tu alcance? Entonces te enfrentarás a las consecuencias." Después de decir todo esto, Krishna permaneció callado durante un rato.

Tomen nota de esto. El aspirante a la Gracia debe tener ante su mente el acto y no su consecuencia, sea ésta beneficiosa o no. Esta es la razón por la cual Gopala dijo que el conocimiento es superior a la firmeza mental, que la meditación es superior al conocimiento, y el abandono del apego por las consecuencias de los actos es superior a la meditación. Un desapego tal, dijo Krishna, otorgará la paz.

"La devoción y el odio son como el fuego y el agua; no pueden vivir juntos. Yo amo a aquellos que no sienten diferencia entre el pesar y la alegría, el afecto y la aversión, lo bueno y lo malo. Si el odio en cualquier forma, y sin importar en cuán pequeña cantidad, reside en el corazón de una persona, ésta no puede ser un devoto, quien ha de estar convencido de que todo es Dios ("Vasudeva sarvam idam"). Es decir, el Atma de cada uno está en todas partes y en todo; esta verdad debe ser realizada, debe actuarse conforme a ella y finalmente, experimentarse. El odiar a otro no es sino despreciarse a sí mismo; el encontrar una falta en otro es encontrar una falta en sí mismo", continuó Krishna.

Los lectores podrían tener una duda sobre este punto. ¿Puede la mera ausencia de odio o de desprecio por otro dotarlo a uno de la conciencia plena de la verdad de que todo esto es Dios? No; la mera ausencia de odio, etc., no puede asegurar que uno va a alcanzar al Morador Interno ni que va a tener la bienaventuranza de reconocerlo. Eso no ganará la Gracia del Señor.

La tarea del labrador que cultiva la tierra es un buen ejemplo de esto; si ponen atención en ello, conocerán la verdad y sus dudas se desvanecerán. Antes de sembrar la semilla en un pedazo de tierra, el labrador quita toda la hierba feraz, las ramas, el chaparral y las demás plantas pequeñas. Pero eso no basta para llegar hasta la recolección de la cosecha. El terreno tiene que ser arado, dividido, regado y preparado para la siembra; luego los brotes tienen que ser nutridos y cuidados hasta que lleguen a su madurez, cuando la siembra estará lista para ser cosechada y almacenada en el granero.

Similarmente, las malezas espinosas del afecto, el odio, la envidia, el orgullo, etc., tienen que ser desenraizadas de la zona del corazón, y el campo tiene que ser arado por medio de "buenas obras". Luego hay que plantar ahí brotes de Bienaventuranza; la siembra tiene que ser nutrida cuidadosamente con disciplina y fe, y al final, como resultado de todo este esfuerzo, la cosecha de Bienaventuranza llenará nuestro granero.

La mera extirpación del odio de nuestro corazón no nos asegurará la Bienaventuranza. También hay que cultivar el Amor. Equivale a decir: desenraizar el odio y plantar el Amor. Si la ausencia de odio asegurara la devoción, entonces el cerro y el montículo, el árbol y la rama, el lodo y la montaña la tendrían, pues ¿a qué odian éstos? Ellos no tienen aversiones. Pero por esa sola razón, ¿acaso le atribuimos devoción a ellos? Por supuesto que no, pues eso sería absurdo. El devoto tiene primero que estar libre de odio y lleno de amor. Además, su amor tiene que expresarse como servicio al afligido y sufriente, declaró Gopala.

Arjuna escuchaba todo esto con gran atención. Luego preguntó: "¡Krishna! ¿Es suficiente la ejecución de estas tres acciones? ¿O hay alguna otra que deba seguirse y practicarse? Por favor, dime". Krishna replicó: "Con sólo plantar los vástagos no es suficiente; el campo tiene que ser regado y abonado. La extirpación del odio y la siembra del Amor en su lugar habrán logrado solamente completar la primera etapa. Tan pronto como aparezcan los brotes, deben efectuarse los dos procesos siguientes: la eliminación del sentimiento de `lo mío' (nirmamakara) y del ego (nirahamkara). Estos actos son como el riego y el abono y son esenciales para alcanzar el éxito en la cosecha de la Bienaventuranza.

"Esto quiere decir que tienes que librarte de los sentimientos del `yo' y de `lo mío', que no son distintos uno del otro, más bien el segundo brota del primero, y ambos surgen de la ignorancia de la verdad fundamental; por tanto, una vez eliminada la sonrió y dijo: "¡Qué pregunta tan tonta! Al inquirir y conocer la naturaleza del campo, el propio pesar queda destruido. Conociendo la naturaleza del conocedor se adquiere felicidad. Esta felicidad se denomina también Liberación" (moksha).

Krishna calló y se quedó en silencio. Pero Arjuna, que es el representante de toda la humanidad en el campo de la batalla que se libra entre los impulsos más elevados y los más bajos, volvió a inquirir: "¡Krishna! ¿Quién experimenta ambos sentimientos: la destrucción del pesar y el logro de la felicidad? ¿Es el individuo o es el cuerpo? Por favor, aclara".

Krishna replicó: "¡Arjuna! El cuerpo está asociado con los gunas o atributos tamas, rajas y satva; así, el individuo, en contactocon aquél, se identifica con el cuerpo e imagina que está experimentando pesar y alegría, que son las consecuencias de los gunas. El Ser Interno (Purusha) o conocedor no tiene relación verdadera con los gunas; es sólo un testigo. Cuando el hierro se pone en contacto con el fuego, adquiere el poder de quemar; pero no es el hierro lo que quema; es el fuego. Por su contacto con la naturaleza, el Ser o morador interno (Purusha) aparece como el hacedor y el experimentador.

"Por tanto, no es propio inferir que el individuo tiene pesar y alegría por el solo hecho de ocupar el cuerpo, que es el vehículo de los gunas. La tierra sustenta y ayuda a la semilla a crecer hasta convertirse en árbol, o hasta deteriorarse. Es el guna de la tierra lo que ocasiona estos dos resultados. Así también, la semilla del verdadero conocimiento del Alma individual crece y florece en el verdadero conocimiento de Dios en el cuerpo, que es el principio tierra. Así como el estiércol y el agua son esenciales para que el árbol florezca y dé fruto, así la verdad, la paz, la ecuanimidad y el autocontrol son esenciales para el florecimiento del espíritu en la Sabiduría del Alma (átmica). Los atributos o gunas de la Naturaleza le hacen adoptar múltiples formas.

"Piensa en este punto y entonces todo el problema se te aclarará. El hombre es feliz en un determinado momento, miserable en otro; tiene miedo en una ocasión y se siente valiente en otra. ¿Por qué? Porque así está estructurado por los gunas. ¿Dices que no? Entonces, ¿cómo puedes explicar estos cambios? Sólo ellos pueden transformar así al hombre, llevándolo de una fase a otra.

"Si los tres gunas, satva, rajas y tamas, están parejamente equilibrados, entonces no habrá cambio en él. Mas esto nunca sucede; siempre están fuera de equilibrio. Cuando uno es el dominante y los otros quedan latentes, entonces la Naturaleza obliga al individuo a asumir muchos aspectos. Los gunas representan los tres aspectos de la naturaleza humana. El rajas es el apego que genera deseos y crea el anhelo de disfrutar el mundo de los objetos materiales que es `visto'; fomenta el deseo por el placer físico y el celestial. El tamas no puede captar la realidad, de ahí que fácilmente malinterprete y tome lo falso por verdadero. Conduce a las personas a la negligencia y al error; ata en vez de liberar. El satva controla la causa del pesar y la tristeza; estimula a la gente a seguir el sendero de la alegría y la felicidad verdaderas. Por tanto, concentrarse y no sentirse afectado por ninguno de estos tres atributos constituye la base de la pureza y de la constancia. "

Tengan ustedes limpia la bombilla del quinqué y la luz será brillante. Pónganle una bombilla multicolor y su luz se atenuará. Si, en cambio, la lámpara se mete dentro de una olla de barro, la oscuridad seguirá como antes. El quinqué es el mismo, pero la olla en que se encuentra impide que dé iluminación. El satva es la lámpara que brilla con claridad a través de una bombilla transparente; el rajas es la bombilla de muchos colores que hace que la luz se vea tenue y débil; y el tamas es la olla de barro dentro de la cual la lámpara es totalmente ineficaz.

El satva es el conocimiento del Atma; el rajas está empañado hasta cierto punto, pues el humo ensucia la bombilla y atenúa la luz, y también agita la llama de la lámpara, que ya no es recta ni inmóvil; y el tamas es la ocultación de la luz o del conocimiento, que es la naturaleza misma del hombre.