Libros escritos por Sai Baba

{SB 74} Geetha Vahini ( El Gita )

CAPÍTULO II

( Impreso en castellano en El Gita (Gita Vahini) cap. 02 )

CAPITULO II

El primer capítulo estaría mejor denominado "El Gita de Arjuna", en vez de "El Gita de Krishna". Abrumado por la tristeza y la confusión, Arjuna se retira de la guerra y deja a un lado sus armas; en su carro, detenido entre las dos fuerzas, se encuentra abatido; se vuelve de un lado a otro perplejo y perturbado; examina las caras de sus parientes y amigos; está agobiado por la compasión; su famoso arco resbala de su mano; se siente demasiado débil para permanecer de pie y aun sentado. Su mente entonces se desvía hacia los preceptos de la escuela del pensamiento Purva Mimansa (filosofía que enseña el arte de razonar para facilitar la interpretación de los Vedas). Jura que no entrará en la lucha. Cuando Sanjaya informó esto al rey ciego Dhritharashtra, éste se regocijó grandemente, pues ¡la victoria estaba a la mano! El no tenía visión premonitoria ni clarividencia y mucho menos Visión Divina; de manera que se sintió feliz de saber que su sueño de obtener un imperio sin merma se volvía realidad sin esfuerzo alguno.

Pero Sanjaya, quien sí tenía Visión Divina, pensó: "¿Qué es este malsano regocijo que le complace? Si el Señor mismo está del lado de los Pandavas, ¿cómo puede tener éxito el malvado plan de este rey?" Luego se imaginó las horribles consecuencias que ocasionaría la entrada de Arjuna en la luchó.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Arjuna. Se veían remolinos en sus ojos. Ni el Señor mismo pudo soportar este cuadro; ni permanecer callado. Tomó el pulso de Arjuna y diagnosticó su mal. De inmediato supo que la enfermedad del engaño, del error motivado por una falsa evaluación (moka) había penetrado en sus tres cuerpos: el denso, el sutil y el causal. Vio que la compasión que envolvía a Arjuna no era "genuina", pues la auténtica piedad está dotada de exaltados impulsos y motivos divinos (diavi sampath) y no debía desoír los mandatos del Señor. En realidad, se trataba de egoísmo oculto bajo el velo de la compasión. Así, el Señor decidió curarlo de esa debilidad. El Gita dice que Arjuna estaba imposibilitado, "agobiado por la compasión", y de eso tenía que curarse.

Así como un espíritu que se posesiona de una persona tiene que ser exorcizado, Arjuna tenía que ser librado del temor y la cobardía. Pues quien tiene al Señor a su lado no tiene nada que temer. "¿Qué puede hacer un simple fantasma a quien es el Señor de los cinco elementos? El Señor es el médico supremo". Narayana (Dios, El Creador) era el médico que necesitaba Arjuna y lo tuvo.

¡Cuán afortunado fue Arjuna! Aun desde las profundidades mismas del sufrimiento surge la alegría. Hasta el decimoprimer verso del segundo capítulo se habla del desaliento de Arjuna, del efecto de la "posesión". Esa es la razón por la que el primer paso para la curación es "la exposición del sankhya yoga, del Sendero del Conocimiento (Jñana)".

La enseñanza que otorga la inmortalidad (Amrithopadesa) de Krishna comienza desde este verso décimoprimero; en efecto, el Bhagavad Gita empieza en ese punto. Hasta aquí, se trata de la descripción del error de Arjuna nacido de la ignorancia y de la torpeza del intelecto. Krishna, desempeñando el papel de testigo, permite que el abatimiento profundice en él y lo oscurezca. Cuando al fin Arjuna arroja su arco negándose a pelear, cuando confiesa que ha perdido toda idea del bien y del mal, cuando ruega a Krishna que le enseñe el camino que mejor resuelva sus problemas, entonces Krishna se adelanta y le dice:

"¡Arjuna! ¿Cómo pudo apoderarse de ti esta miserable sombra de cobardía, cuando todo el tiempo te has mantenido lúcido y preclaro? Esto es por demás indigno del héroe que tú eres. La palabra `Arjuna' significa un carácter inmaculado y puro. ¿Por qué esta desazón? La batalla es inminente. Los nubarrones de guerra se han acumulado y están tronando. Los enemigos al frente sólo esperan el momento de lanzarse a la refriega. Han acumulado sobre ti incontables injusticias y crueldades, y ahora se aprestan a apoderarse de la tierra que por derecho te pertenece. Tú hasta ahora has soportado toda la aflicción que te han causado, sin apartarte un ápice del camino recto. Has cumplido con todas las condiciones que te fueron impuestas y has pasado todos los años de destierro que te fueron prescriptos. Tus esfuerzos por llegar a un arreglo resultaron inútiles; no pudiste evitar el choque de las armas. Cedimos cuanto pudimos. Ahora, la guerra es el único medio por el cual los ojos del malévolo Duryodhana podrán ver su propia iniquidad.

"Esta guerra se decidió después de una larga deliberación No ha sido una decisión precipitada resultado de un ataque de ira. Ancianos dignos de confianza analizaron los pros y los contras y llegaron a la conclusión de que era inevitable recurrir a las armas. Tú y tus hermanos aprobaron todo esto y acataron la decisión. Te has venido preparando con entusiasmo para esta batalla. En efecto, has estado pensando en ella más que otros. ¡Cuán erróneo resulta que ahora vuelvas atrás!

"Esta guerra no te fue declarada en un abrir y cerrar de ojos. Se han venido acumulando sus causas desde hace tiempo. ¿Recuerdas cómo luchaste, sufriste hambre y viviste de raíces y frutas silvestres para merecer del Señor Shiva su tridente (Pasupatha) , y cómo llegaste hasta el mundo del Señor de los dioses, Indra, a fin de obtener flechas celestiales para esta batalla?

"Creí que el momento señalado por el destino para el aniquilamiento que la malvada progenie de los Kauravas merecía, habría llegado. ¡Pero ahora tú empiezas con este canto fúnebre! ¿Por qué esta nota ominosa? ¿Cuál Sastra (Código Moral) te dicta esta actitud? Piensa en tu deber como miembro de la casta de los guerreros (kshatriyas): sostener la Rectitud (el Dharma), practicar e imponer la justicia. Tuya es la riqueza del valor, de la osadía, de la entereza. Ahora estás abrumado por este extraño desapego que te pone patéticamente fuera de lugar.

"Esta cobardía trae vergüenza sobre ti y hasta sobre tus famosos antepasados. ¡Qué vergüenza! Has arrastrado a la raza guerrera a la desgracia. La guerra es el camino indicado para los de tu clase, el camino que lleva al cielo. ¿Cómo podrás librarte de la infamia si ahora te retiras del campo? Has ganado el título de `victorioso' por la proeza de tu brazo. No manches la reputación que has logrado con el esfuerzo de toda una vida. Abandona ya este agobiante error.

"Escúchame: acuérdate de lo que sucedió en Amaravathi; desairaste los requerimientos amorosos de la divina doncella Urvasi y cuando te pidió un hijo, le replicaste: `Tómame como tu hijo'. Eso te reveló como un héroe incomparable. La maldición que en su despecho lanzó sobre ti te ayudó en la corte del rey Virata a pasar por eunuco y poder enseñar dama a las princesas, ¿no es así?

"¿Adónde se ha ido ese heroísmo? Dime.. ¿De dónde le viene esta pusilanimidad a un valiente tal? Tú viniste a Mí e interrumpiste Mi sueño con tu petición de ayuda para esta batalla, de la cual ahora huyes. ¿He de ayudarte aun así? ¿He de vigilar Yo mientras tú huyes? Arranca este error desde sus raíces; reduce a cenizas este miedo. ¡Vuelve a ser un héroe!" Así lo exhortó Krishna.

Krishna utiliza cuatro cualidades en este contexto: la ignorancia (kasmalam); el carácter que es perjudicial a la naturaleza divina en cada uno (anarya jujushtam); la cualidad que destruye lo divino en el hombre (asvargyam), y la que ocasiona la declinación de la riqueza que es duradera (akirthikaram).

Estas inspiradoras palabras que harían hervir la sangre de cualquier guerrero, causaron un efecto tremendo en Arjuna. La densa nube de ignorancia que lo abrumaba empezó a disiparse un poco. La cualidad tamásica (ignorancia, pereza) que le había hecho olvidar la verdad quedó eliminada. Volvió la rajásica (activa, dinámica) y Arjuna encontró palabras para preguntar: "¿Cómo?" Este término revela mucho. Muestra que el Gita expone no tan sólo lo que ha de hacerse, sino también cómo ha de hacerse.

Arjuna invoca a Krishna: "¡Oh, Madhusudana! (apelativo indicando a quien puede destruir su ego). Escucha mis palabras. Los que están en primera fila de la línea de batalla enemiga son todos merecedores de reverencia. El gran Bhishma nos cuidó cuando perdimos a nuestro padre, nos educó desde la infancia y nos convirtió en lo que ahora somos. Es como un padre para nosotros, es el gran viejo de nuestro clan. ¿Y qué puedo decir de Drona? El me amaba más que a su propio hijo, Asvathama; yo tenía todo su amor; él es el gurú (maestro espiritual) que, por ese amor, me tomó como su discípulo favorito y me convirtió en el arquero que soy. ¿Quieres que yo ahora utilice la habilidad que él me enseñó para abatirle? ¿Es correcto que un hijo de Bharat (la tierra caracterizada por la devoción al Señor) haga tal cosa? En batalla tenemos que matar a nuestros enemigos, ¿no es así? ¿O es que podemos pelear contra padres y maestros que merecen reverencia?

"Tú dices que el cielo puede ganarse mediante la batalla. Yo no puedo entender cómo es que el cielo pueda obtenerse mediante la matanza de estos venerables gurús. Si se esparce esta idea, ¡pocos Maestros podrán sobrevivir! Lo que sea que Tú digas, permíteme decirte esto: antes de ganar la felicidad y el poder mediante este recurso, creo que es mejor vivir pidiendo limosnas de puerta en puerta. El alimento ganado matando a hombres como éstos queda manchado con su sangre, y antes prefiero mendigarlo. Y aun cuando yo abandonara estos escrúpulos y peleara, ¿cómo podría contar con la victoria? Suponiendo que la victoria nos favoreciera, ¿cómo puedo decidirme a matar a estos ancianos y perder ambos mundos? Si acaso ganaran ellos, la mendicidad sería inevitable; si ganáramos nosotros, entonces resultaría tan malo como perder, pues ¿qué ganaríamos con la victoria, si el precio que pagaríamos sería la destrucción de nuestros parientes y amigos? ¡Sólo ganaríamos un pesar inconsolable por el resto de nuestras vidas, Krishna! Me siento incapaz de resolver este dilema. Mi inteligencia me ha abandonado. Mi carácter ha sufrido un cambio notable no sé por qué. Ya no puedo distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre la Rectitud y el faltar a ella (el Dharma y el adharma).

"Mi sangre de guerrero hierve en señal de protesta cuando Tú me aguijoneas así; Tú me empujas a la batalla. El temor de convertirme en el asesino de estos venerables ancianos es lo que me detiene. Me siento impotente. Así como guías este carro, guíame a mí también y muéstrame el camino. Además, ya no me interesa la prosperidad mundana; sólo anhelo progreso espiritual." Así se expresó Arjuna.

Desde ese momento, Krishna se convirtió en el maestro y Arjuna en el discípulo. Arjuna imploró para alcanzar esa posición y la obtuvo. Hasta el momento en que Arjuna aceptó esa actitud de aprendiz, su corazón había estado lleno de egoísmo y de debilidad. El héroe se había reducido a cero. Había asumido una actitud que era opuesta a la de Krishna.

La razón de todo esto, si se estudia cuidadosamente la situación, no es otra que el "egoísmo". El amor es el punto de vista de Krishna, y el engaño el de Arjuna. Eso le produjo angustia. Entonces se dio cuenta de que el egoísmo sólo conducía a una mayor ignorancia y confusión. Hizo entrega de su discernimiento al Señor y se salvó. Se ofreció como instrumento en las manos del Señor. El reconocer el propio error es la primera cualidad de un buen discípulo; es el comienzo de la sabiduría. Sólo los necios creen que lo saben todo y sufren del horrendo mal del engreimiento.