Libros escritos por Sai Baba

{SB 74} Geetha Vahini ( El Gita )

CAPÍTULO XII

( Impreso en castellano en El Gita (Gita Vahini) cap. 12 )

CAPITULO XII

"La Naturaleza inferior (aparaprakrithi) de la que hablo es sólo una manifestación de Mi Poder, de Mi Gloria; recuérdalo. Visto superficialmente con una visión tosca, el Universo denso puede parecer como si fuera múltiple; pero esto es un error. No hay tal multiplicidad. El anhelo de la conciencia interna (anthakarana) está dirigido hacia lo unitario; ésa es la verdadera visión. Cuando la visión interna está saturada de Conocimiento, el mundo o la Creación se ve como Dios y no como otra cosa. Por lo tanto, la conciencia interna tiene que ser educada para que se interese solamente por el Conocimiento". El Universo está saturado del Señor del Universo (Jagadisha). La Creación no es otra cosa que el Creador con esa Forma. Se dice: "Todo esto es Dios".

Aunque sólo hay Uno, parece haber muchos. Recordemos un ejemplo de Krishna en relación con esta declaración. Imaginemos que caminamos durante el denso crepúsculo vespertino, cuando las cosas apenas si se ven. Una cuerda yace tirada en el camino. Cada uno al verla se forma su propia idea respecto de lo que es, aunque en realidad sólo es un pedazo de cuerda. Uno salta sobre ella, tomándola por una guirnalda; otro la pisa, considerándola como la marca dejada por una corriente de agua; un tercero imagina que es una rama, una enredadera desprendida de un árbol y que cayó sobre el sendero; otros se asustan creyendo que es una serpiente. ¿No es así?

Similarmente, el Ser Unico (Parabrahsman), a quien no afecta cambio o transformación alguna, siendo todo el tiempo aquello y solamente aquello, se manifiesta como el mundo visible de múltiples nombres y formas, la causa de toda esta apariencia, el ocaso de lo ilusorio (la maya). La cuerda puede parecer muchas cosas y provocar diversos sentimientos y reacciones en distintas personas; se convierte en el origen de la variedad. Pero nunca se vuelve muchos; es siempre el Uno. La cuerda es siempre la cuerda. No se convierte en guirnalda, ni en marca dejada por el agua, ni en rama trepadora, ni en serpiente. Dios puede ser malinterpretado en una diversidad de maneras, pero siempre es solamente Dios. Para todas esas diversas interpretaciones, Dios es la única base verdadera. Como el hilo para la guirnalda o el cimiento para el edificio, Dios es el hilo que une y mantiene unida la guirnalda de individuos; es el cimiento para la estructura de la Naturaleza. Fíjate en esto. El hilo y la estructura no son visibles; solamente las flores y el edificio son evidentes. ¡Eso no significa que aquéllos no existan! En efecto, dan apoyo tanto a las flores como al edificio. Pues bien, tú te enteras de su existencia y su valor con un pequeño esfuerzo de razonamiento. Si no te tomas esa molestia, no te darás cuenta de ellos. Razona, examina y podrás llegar hasta el hilo que mantiene unidas las flores y hasta el cimiento que se encuentra bajo tierra. No te dejes llevar por el contenido, por la cosa contenida, a negar el sostenedor, el recipiente, la base, el apoyo. Si tú lo niegas, se te escapará la verdad y te aferrarás al error. Razona y discrimina; luego cree y experimenta.

Para lo que se ve, existe una base que no se ve; para captar lo invisible, el mejor medio es la indagación, y la mejor prueba es la experiencia. Para quienes ya han tenido la experiencia, ya no se necesita ninguna descripción.

La Naturaleza y las cualidades de cada una de las cuentas del rosario no tienen ninguna importancia y no deberán distraer nuestra atención. Concéntrense más bien en la realidad interna, en la base de todas las cuentas del rosario: Dios; ésa es la búsqueda esencial. En una guirnalda podrá haber muchas variedades de flores: sencillas florecillas silvestres (individuos tamásicos), o flores de relumbrón (individuos rajásicos); pero el hito, la base, el Absoluto Universal (Paramatma), es independiente de todas ellas y nada lo altera; es la verdad, lo permanente, lo puro.

Así como las flores no pueden convertirse en guirnalda sin el hilo, Dios es imprescindible para unir a todos los individuos. No pueden separarse. Dios lo llena todo. Los cinco elementos son sólo manifestaciones Suyas. Es el motivador interno, invisible para aquellos que miran sólo a la superficie. Es el morador interno (antharyamin), en otras palabras. Por eso Krishna dijo: "Soy el sabor en el agua; soy la refulgencia en el Sol y en la Luna; soy el sonido primordial (pranava) en los Vedas; soy el sonido en el éter (akasha); soy purusham (heroísmo, aventura y aspiración en el hombre".

Consideremos el tema del pranava o sonido primordial, que ya se ha mencionado. Krishna dijo que el sonido primordial o pranava (OIvI) es la vida misma de los Vedas, ¿no es así? Los Vedas supuestamente son "sin principio". Se dice del pranava que es el aliento vital de los Vedas, los cuales están más allá de todo principio. Aceptemos que el sonido primordial es la esencia sutil, la forma subyacente en toda partícula y en toda sustancia del Universo.

Hay dos partes en cada sustancia individual del Universo: nombre y forma. Retiren las dos y ya no habrá Universo. La forma es concebida y controlada por el nombre. La forma depende del nombre; de manera que si razonan para indagar cuál es más duradero, encontrarán que el nombre es permanente y la forma es efímera. Consideren el caso de las personas que han hecho buenas obras, que han logrado actos meritorios, que han construido hospitales, escuelas, templos o lugares de adoración; aunque ya estén ausentes del mundo y los demás hombres ya no puedan ver sus formas, están presentes en la memoria humana sus nombres, con toda la fama a ellos asociada, ¿no es así? La forma dura poco tiempo; en cambio el nombre perdura.

Los nombres son incontables, y lo mismo lo son las formas. Pero hay algo que deben tomar en consideración aquí, algo que está en la experiencia diaria de todos, desde el pandit hasta el ignorante: las letras. En telugu hay cincuenta y dos letras; en inglés existen únicamente veintiséis. Si ustedes amontonan toda la producción literaria que existe tanto en telugu como en inglés, y cada montón crece hasta alcanzar el tamaño de una montaña, estará siempre compuesto por las cincuenta y dos letras del telugu o por las veintiséis del inglés, y por ninguna más.

Similarmente, en el cuerpo humano hay seis centros nerviosos, todos en forma de. flor de loto. Las seis formas de loto tienen una letra o sonido adherido a cada pétalo. Como las teclas del armonio, cuando los pétalos son movidos, cada uno emite un sonido distinto. En aquellos que siguen inteligentemente esta aseveración podrá surgir una duda: si se dice que los pétalos son movidos, ¿quién o qué cosa los mueve? La fuerza que los mueve es el sonido primordial (anahatadvani), el sonido indistinguible e indiferenciado, que emana sin esfuerzo, independientemente de la voluntad consciente. Eso es el pranava OM. Como cuentas en el hilo, todas las letras y los sonidos que ellas representan están engarzados en el pranava. Ese es el significado de la declaración de que El es el sonido primordial (pranava) de los Vedas. La enseñanza de Krishna es que ustedes deben fundir su mente en el pranava, que es la base universal.

La mente tiene una tendencia innata a fundirse con todo aquello con lo que hace contacto, y lo desea con vehemencia. Por eso está siempre agitada e inquieta. Pero mediante la práctica y el entrenamiento constantes, puede ser dirigida hacia el sonido primordial y enseñada a fundirse en él. También es atraída naturalmente por el sonido. Por eso es por lo que se le compara con una serpiente. La serpiente tiene dos cualidades toscas: una, su movimiento ondulante, y la otra, su tendencia a morder todo lo que le pasa por delante. Estas son también las características del hombre. También él trata de agarrar y poseer todo aquello en lo que posa su mirada, también él se mueve torcidamente.

Pero hay en la serpiente un rasgo laudable; no importa cuán venenosa y mortal sea su naturaleza: cuando escucha los acordes de la música del encantador despliega su capuchón y se funde en la dulzura del sonido, olvidando todo lo demás. Similarmente, el hombre también puede, mediante la práctica, fundirse en la Bienaventuranza del pranava. Esta práctica es el medio principal de realizar al Ser Supremo (Paramatma) que es el "pranava de los Vedas" y que no es otra cosa que la palabra revelada. Esa es la razón por la cual el Señor dijo que El es el principio activo (purusha) del hombre.

El principio activo (purusha) es la vitalidad, el aire vital (grana) del hombre. Sin él el hombre no tiene calidad de tal. No importa cuán poderosa sea la fuerza de arrastre de los nacimientos anteriores, ésta tiene que ceder ante la fuerza de la osadía y del logro que emanan del principio activo (purusha). A1 no darse cuenta de esta potencialidad, el hombre necio se engaña y llega a maldecir su destino y a los "inevitables" efectos de lo que él teme como su karma destinado a ser consumado en la vida actual (prarabdha karma).

Cada uno tiene que ejercitar su principio activo (purusha), pues sin él, la vida misma es imposible. Vivir es luchar, esforzarse, lograr. Dios ha creado al hombre de tal manera que puede utilizar el talento del principio activo (purusha) y lograr con él la victoria. Su propósito no ha sido hacer del hombre tan sólo un consumidor de alimento, una carga sobre la Tierra, un animal esclavo de sus sentidos. No se ha propuesto crear una horda de holgazanes que esquiven el trabajo duro y que, acumulando grasa, se conviertan en figuras monstruosas. El no creó al hombre con la idea de que éste, mientras viva, ignore a su Creador y niegue al Atma, deambule sin rumbo como los animales, desperdiciando tanto su inteligencia como su capacidad de elección, cambiando constantemente de un lugar a otro, sin un ápice de gratitud hacia el Dador de todos los bienes que consume y disfruta.

Ira Naturaleza también castiga a quienes ta explotan para su propia exaltación, diciendo: "Esto es mío, eso también es mío y aquello pertenece a quienes me pertenecen". Ella castiga duramente a quienes violan su código; por eso Krishna le describe en gran detalle a Arjuna el camino de la adoración (upasana), pues la adoración consiste en usar la Naturaleza para alcanzar al Señor que la trasciende.

"¡Arjuna! Mucha gente ansiosa de ofrecerme adoración continua se retira a la espesura de la selva. Eso es una locura. No es necesario ir allá, como si Yo estuviera sólo allá. No hay lugar donde Yo no esté; no hay forma que no sea Mía. Soy los cinco elementos: ¡tierra, agua, fuego, aire, éter! ¿Dónde podrías encontrar un lugar que estuviera totalmente desprovisto de alguno de estos cinco? Para experimentar Mi Presencia y Mi Gloria no hay lugar especial, puesto que Yo soy todo y estoy siempre en todas partes. La naturaleza ígnea del fuego soy Yo mismo. Soy la vida que alienta en todos los seres vivientes. Soy la fuerza de los fuertes, la fuerza libre de codicia y de lujuria. Mía es la naturaleza que mueve a los seres a desear las cosas y los medios correctos.

"Por supuesto, cuando digo `fuerza' quiero decir la fuerza del intelecto (buddhibalam). Pues el mundo conoce muchas variedades de fuerzas: la nacida de la riqueza (dhanabalam); la nacida de la erudición (vidyabalam); la proveniente de la conciencia de que uno tiene muchos seguidores (janabalam); la que surge de la propia determinación (manobalam) y la que es sólo fuerza muscular (dehabalam). Todas éstas han de considerarse Mías, puesto que soy el Ser Supremo (Paramesvara). Sólo que todas las formas de fuerza deben estar libres de deseo y apego. Si el deseo o el apego (kama y raga) se les adhieren entonces se vuelven fuerzas bestiales y no divinas (kama y raga).

"`Kama' significa el deseo de poseer una cosa, tan fuertemente que aun cuando no se vea la posibilidad de obtenerla, la mente la apetece. `Baga' es el sentimiento de que una cosa debe estar en posesión de uno, aun cuando sea evidente que no puede estar ahí mucho tiempo en virtud de que, después de todo, es una cosa que se desvanece. La raíz de la palabra 'raga' es 'ranjana,. Ranjana indica la capacidad de proporcionar placer. Cualquier forma de fuerza que esté desvirtuada por alguna de estas dos características se ve privada del privilegio de considerarse divina.

"Algunas formas de fuerza logran altura o profundidad, según la situación que les sea asignada por su respectivo dueño. Por ejemplo, la riqueza. Si la riqueza le toca a un hombre malvado, entonces da origen a vanidad, orgullo, crueldad y desprecio. Si acompaña a un hombre bueno, entonces es conducida por senderos de caridad y buenas obras. La fortaleza física la utiliza el malvado para lastimar a otros, mientras que el bueno la utiliza para proteger a otros de todo daño."

Aquí debemos señalar otro punto. Krishna dijo que aun la ira y la codicia, cuando no se opongan al deber, son formas de expresión de lo Divino. Por lo tanto, y para qué repetirlo mil veces: todos los sentimientos, todas las formas, todas las cosas y todos los seres nacen de las naturalezas superior e inferior que provienen de la misma Esencia Divina. Pero para tener sentimientos y emociones más elevados, uno debe acostumbrarse a ver a la forma de Dios en los sentimientos más elevados, en las formas más elevadas y en los seres más elevados. Sin embargo, no hay que quedarse con la idea de que solamente lo más elevado es Divino y lo inferior no. Eso no es correcto; el mundo objetivo, con todas sus cosas, reacciones, impulsos sátvicos, rajásicos, tamásicos... todos se originan en Dios. Esta convicción podrá crecer y fijarse con firmeza en ustedes solamente si razonan y afirman su verdad.

El Señor mismo declaró: "¡Arjuna! Todo esto se originó en Mí, todo esto existe en Mí, pero Yo no dependo de nada de esto; recuérdalo: estoy desprendido de todo esto". Aquí hay dos puntos de vista: el punto de vista del individuo, y el punto de vista del Señor. El individuo tiene la doble experiencia de lo bueno y lo malo; el Señor no tiene dualidad alguna. Puesto que todo es Dios, puesto que Dios es el Atma que está en el interior de todos, ¿cómo podría haber dos, uno bueno y otro malo?

Ahora bien, la gente común podrá abrigar dudas sobre este punto. El Señor dice que todas las cosas, tanto las buenas como las malas, se originaron en El y que El es su causa primigenia; pero al mismo tiempo declara que ¡El no está ni ligado ni alterado por los efectos o defectos de todo aquello que así se originó! Dice que no tiene relación con ellos y que está por encima y más allá de todo aquello de lo cual El es la causa.

De esa declaración ustedes podrían inferir que el hombre tampoco es responsable en lo más mínimo de lo bueno y lo malo hecho a través de él por la Divinidad, que su verdadera naturaleza está más allá de lo bueno así como de lo malo, y que sus actos, por malos que sean, son básicamente provocados por el Señor mismo, pues, el hombre no tiene nada que pueda reclamar como acto propio. Cierto; pero la fe en la actitud de que "nada está hecho por ti", de que "todo es la voluntad de Dios obrando a través de ti", debe ser firme, sincera, profunda e inamovible. No debe haber la menor traza de individualismo. Si ese fuera el caso, entonces un hombre así ciertamente habría alcanzado la más alta meta en la vida. Estaría colmado de bendiciones. Esa realidad tiene que conocerse y ese conocimiento tiene que estabilizarse. En verdad, aquel que tiene la convicción de que todo es Dios, de que no tiene ninguna clase de relación o parentesco con el mundo objetivo, de que él está por encima y más allá de éste, es un sabio, un individuo cuyo paso por aquí ha valido la pena.

Las palabras, sin embargo, son fútiles. Ustedes podrán repetir, como loros amaestrados, frases como: "Todo es el Señor", "yo sólo soy un títere", "E( mueve los hilos y yo bailo como El quiere que baile", "nada es mío, yo sólo cumplo Su voluntad". ¿Pero qué es lo que generalmente hacen ustedes? Cuando realizan un acto laudable lo reclaman como suyo y cuando el acto es condenable ¡se lo atribuyen a la incitación del Señor! Ustedes gritan desde los estrados, hasta secárseles la garganta, que por su propio esfuerzo obtuvieron honor, fama, condición y nivel de vida, autoridad y posición, caudales y posesiones, logros y hazañas; pero si se trata de confesar su participación en la infamia o la denota, el mal o lo erróneo, entonces muy cómodamente le echan la responsabilidad al Señor, diciendo: "Yo sólo soy un instrumento en Sus manos; El es el Maestro, yo sólo soy una herramienta". Esto se ha convertido en un hábito del hombre de hoy. No sólo eso, sino que se ha constituido en una especie de moda. La gente oscila del "yo" al "El" como el péndulo del reloj. Eso es engaño, basura espiritual.

La mente, la palabra y el acto deben estar acordes con la creencia de que todo forma parte de Su juego; ése es el sendero genuino. Constituye una debilidad humana el querer separar las cosas como buenas y malas, e imputarle eso a Dios es un sacrilegio. Podrá alguna vez parecer que el Señor también tiene esa debilidad, pero eso es una ilusión pasajera, una nube que trata de ocultar Su gloria y no algo que pueda mancharlo.

Aunque los atributos humanos (gunas) emanan del Señor, no lo afectan: el humo surge del fuego, pero no afecta a éste; las nubes se forman y se mueven en el cielo, al que tampoco afectan. Todos están unidos a El como cuentas; pero El es libre, independiente. El Universo está basado en El, pero El no tiene necesidad del Universo como base.

Tomemos el ejemplo de la tela: la tela se teje con el hilo, depende del hilo; pero el hilo no depende de la tela, es extraño, ajeno a ella. La jarra proviene del barro, pero el barro es independiente. De nuevo, la tela es hilo, la jarra es barro. El barro es Brahman o Dios; la jarra es la Naturaleza (Prakrithi). El hilo es Dios (Brahman), la tela es el Universo de nombres y formas, de la múltiple diversidad (prakrithi). Prescíndase de la figura, la forma de la tela y el nombre; obsérvese la cosa fundamental que permanece en y a través de la tela, y entonces se sabrá que es solamente hilo. Sin barro, no puede haber jarra; sin hilo, no puede haber tela. Así también, sin Dios (Brahman) no puede haber Naturaleza. Es más correcto decir que "todo es Dios" que decir "Dios está en todo". Es más grandioso conceptuar a Dios como la base de todo (Sarvaadhara), que concebirlo como la realidad interna de todos los seres (Sarvabhuthaantharatma). Esa es la Verdad.