Libros escritos por Sai Baba

{SB 74} Geetha Vahini ( El Gita )

CAPÍTULO XI

( Impreso en castellano en El Gita (Gita Vahini) cap. 11 )

CAPITULO XI

¿Cómo podrían personas tan consentidas y cómodas alcanzar la Liberación? Si un maestro espiritual no es capaz de atraer a esa clase de discípulos, ¿por qué ha de deplorar su suerte? ¡Resulta extraño que haya gurús que se lamenten de no poder atraer tales discípulos! Los comedores de opio, los fumadores de marihuana, son incompetentes para ser gurús. Son sólo engañadores. ¿Cómo pueden ser maestros aquellos que gastan todas sus energías en asegurarse el sustento? ¿Y cómo pueden ser discípulos aquellos que sólo buscan satisfacer sus antojos sensuales? ¡Los primeros son gurús del dinero y los segundos son discípulos del orgullo! Considerar a esa clase de personas como gurús o discípulos es arrastrar esos benditos nombres al lodo de la infamia.

¿Quién, entonces, es el auténtico maestro espiritual? Es aquel que enseña el camino para destruir a la ilusión y al engaño. ¿Y quién es el genuino discípulo? Es aquel que trata de controlar y conquistar la huidiza mente.

Los maestros (gurus) de hoy suelen gritar desde sus tribunas lo que apenas la víspera embutieron en sus cabezas a la luz de la lámpara de medianoche. Su actuación equivale a vomitar el alimento que tragaron antes y nada más. Hablan como los loros, que reproducen sólo lo que han aprendido de memoria. Hasta los niños saben que la codicia y la ira tienen que ser dominadas; pero en esa gente, la codicia y la ira, la envidia y el odio, la lujuria y el orgullo, asoman sus demoníacas cabezas en cada palabra que pronuncian, en cada acto que ejecutan. Si aquellos que dicen ser gurús no dominan ellos mismos estas propensiones, ¿cómo pueden tener éxito los infortunados discípulos que a ellos recurren?

Si el gurú tiene espíritu de sacrificio en grado sumo, estará saturado de simpatía altruista y tratará a todos del mismo modo; tratará también de sostener siempre la verdad, con el Alma infundida de pensamientos fortalecedores; se esforzará por lograr una vida sin sufrimiento para todos, llevando una vida dulce y sencilla, satisfecho tan sólo con la oportunidad de poder mostrar a otros el sendero y las sagradas virtudes. Entonces quizás sólo unos cuantos discípulos se reunirán en torno suyo. ¡Podrán atribuirle faltas que lo mancillen y suscitar dudas respecto a su integridad y autenticidad! Pero el gurú seguirá tan sereno como siempre, puesto que no sufre pérdida alguna. La pérdida la tendrán los discípulos, que así dejarán escapar su gran oportunidad.

De una cosa estén seguros: mientras la ilusión de que uno es el cuerpo no sea desechada, Dios no podrá ser realizado, no importa lo lejos que uno lo busque, o cuántos gurús se hayan podido seleccionar y servir. Si se aferran a esa ilusión, toda meditación, toda repetición del Nombre, toda el agua de todos los sagrados estanques en que logren bañarse, serán insuficientes para que tengan éxito. Todo su esfuerzo será tan inútil como intentar desaguar un bote con un recipiente lleno de agujeros.

Los jefes de familia que desempeñan bien sus deberes son en todo caso preferibles a tales sadhus; aquéllos cumplen el deber que les corresponde en cada etapa de su vida (ashrama dharma) y caminan por el sendero correcto con el recuerdo constante del Señor y alcanzan de esta manera la meta. Si la naturaleza de los gurús y de los discípulos de hoy día hubiera de tomarse en consideración, volúmenes enteros podrían escribirse; pero eso sería dedicar tiempo precioso a discusiones que no son esenciales. Así que regresaremos a nuestro tema principal.

Tan sólo hablar del sagrado lazo gurú discípulo que une a Krishna y Arjuna al mismo tiempo que de los "gurús" y "discípulos" de hoy día, sería un sacrilegio. Ellos son únicos, incomparables, un supremo par, por ningún otro igualado. Tienen que ser considerados como el ideal por los aspirantes y los maestros. Arjuna se inclinó humildemente y cumplió con sinceridad los preceptos del gurú. Krishna alentó lo que realmente era beneficioso para Arjuna; dio plena consideración a lo que realmente promovería la reputación, la Bienaventuranza y el Dharma de Arjuna; lo atendió y lo cuidó como al hálito mismo de Su vida. Esa es la clase de Maestro que el Señor fue para él.

Krishna es el Ser Supremo (Paramatma); Arjuna es el ser individual (jivatma); Krishna es el mejor, el más alto (Purushothama); Arjuna es el mejor de los hombres (narothama). Esa es la razón por la cual son el gurú y el discípulo ideales. Otros lo son sólo de nombre. Los discípulos voluntariosos y los gurús ebrios de poder están simplemente malgastando sus vidas en vanos logros. Krishna es un océano de Amor; cuidó de Arjuna como uno cuida los ojos o el corazón. Le enseñó la santidad y lo transformó en santo; amó y fue amado más allá de toda comparación. Eso hace que un maestro espiritual sea auténtico. ¿Y Arjuna? El también es un ser extraordinario. Su renunciamiento es irreprochable. Por crítica que fuese la situación, él se mantenía fiel al mandato de la palabra de Krishna; su camaradería con el Señor fue como una armadura que lo protegía de todo daño, como el cuerpo mismo en que moraba, como algo a lo que debía nutrir, fortalecer y cuidar; aunque se tratara de una fuerza poderosa, estaba presto a eliminarla si era necesario. Así es como guru y discípulo deberían estar unidos.

El Señor, que es la personificación del Amor, se dio cuenta de la sinceridad del discípulo, estimó sus logros, y enseguida le detalló los beneficios y la gloria que otorga el Conocimiento del Atma. "Kaunteya" (apelativo de Arjuna: "Uno que asimila tranquilamente"), le dijo, "mediante el Conocimiento tú puedes ver en ti mismo y en Mí a todos los seres; luego la dualidad y la consiguiente ilusión desaparecerán, como las tinieblas se dispersan al salir el Sol.

"Arjuna, conozco bien tu pasado y el ambiente en que naciste. No fue el tuyo un nacimiento ordinario; naciste con logros y herencia divinos. Sólo Yo me doy cuenta de ello, nadie más, y puesto que tú no te das cuenta, estás condenándote a ti mismo como un pecador que mata a sus amigos y parientes, a los maestros y a los ancianos.

"Aun cuando pecares, ¿acaso no se salvan los pecadores? El arrepentimiento es suficiente para transmutar el pecado en santidad. El Señor acepta benignamente la contrición y derrama Sus bendiciones sobre el arrepentido. El bandido que solía cometer actos pecaminosos hasta el momento en que surgió en él la sabiduría, se convirtió en santo por medio del arrepentimiento. Fue después el sabio Valmiki, ¿no es así? Su historia es una prueba del valor de la contrición. Tú preguntarás, ¿es bastante que uno esté libre dé los efectos del pecado? ¿No deberían abandonarse también los efectos del mérito (punya)? Uno tiene libertad para desechar los méritos de las buenas acciones (punya), aunque quizás no se tenga la misma libertad para desechar el demérito del pecado. El rugiente incendio del bosque reduce a cenizas todo lo que encuentra en su camino; así también la poderosa conflagración del Conocimiento consumirá y destruirá todo pecado y todo acto meritorio.

"Para adquirir este sagrado Conocimiento Espiritual, una cosa es esencial: la fe sincera (sraddha) y constante en los Sastras, en los maestros y en la adquisición de la Sabiduría. Sin un esfuerzo nacido de la fe, el hombre no puede realizar ninguna tarea, por pequeña que sea. Por lo tanto, puedes ver por ti mismo cuán esencial resulta, para adquirir el Conocimiento, el incomparable arcón de la ecuanimidad (sarna), del autocontrol (dama), de la ausencia de deseos (uparathi), de la resignación (thitthiksha) y de la atención fija (samadhana), cada uno posesión envidiable.

"La fe sincera es solamente el primer paso. Tú tienes que haber estado anhelando saturarte de las enseñanzas que te estoy impartiendo. Esto es muy necesario, pero deberás también ser vigilante y evitar caer en la pereza. Podrás también caer en compañía que no sea ni compatible ni alentadora. Para escapar de la mala influencia de una compañía tal, y con objeto de fortalecer la mente para que la evada del todo, se requiere el dominio de los sentidos.

"No admitas duda alguna en ti. La falta de fe o de firmeza no es tan destructiva como el veneno de la duda. En su acción y consecuencias es como el bacilo de la tuberculosis. Nace de la ignorancia y penetra en la cavidad del corazón del hombre, donde se reproduce. Es la causa del desastre.

"Por lo tanto, destruye a este demonio con la espada del Conocimiento del Ser (Atmajñana). ¡Levántate, Arjuna! Actúa como si estuvieras obligado por el deber; ten fe plena en Mis palabras; haz como Yo digo, sin pensar en el resultado de tus actos. Practica el karma sin deseo (nishkamakarma). Por medio de esa renunciación te establecerás en el Conocimiento y te liberarás de todo cambio, del nacimiento y de la muerte.

"Abandona la idea de que eres el hacedor y el beneficiario. Puedes hacer esto dedicando al Señor tanto la acción como el fruto de ella. Entonces ningún pecado podrá afectarte, puesto que no eres el hacedor, y la acción por fuerza tiene que ser santa. Así como el aceite en la lengua, el colirio en el ojo y la hoja de loto en el agua, la acción está `contigo', pero no es tuya ni parte de ti. Lo que tú hagas, escuches o veas te dejará indiferente, libre de acciones, inocente frente a todo lo que veas o escuches. El gozo derivado del mundo externo abre las compuertas del sufrimiento; es pasajero; pero tú eres eterno, la fuente misma de la Bienaventuranza, que estás por encima y más allá de todo esto, tú eres la Encarnación del Alma (Atmaswarupa) misma. Esa es tu naturaleza genuina. No estás relacionado con estas actividades llamadas acciones ni con estas consecuencias que ahora tienes por reales. Tú no eres el actor; ¡sólo eres el testigo, el observador! Toda tu perplejidad ha surgido de la ilusión de que eres el actor, de tu ego y de tu sentido de lo `mío'. Conoce a Brahman (Dios); encárgate de cualquier tarea pero renuncia a los resultados; la renuncia al fruto de la actividad es muy superior a la renuncia a la actividad misma. El Yoga de la Acción (karma yoga) es muy superior a la acción de la renuncia (karma sanyasa).

"Bien. Superior a estos dos es el Yoga de la Meditación (dhyana yoga). Te diré por qué. El Yoga de la Meditación necesita el apoyo del Yoga de la Acción (karma yoga); por eso el Yoga de la Acción fue enseñado primero. Aquellos que renuncian a los frutos mientras se encuentran activamente ocupados en el karma, son muy queridos por Mí; son los verdaderos renunciantes (sannyasines). No tengo afecto por aquellos que abandonan el fuego del ritual y desisten de toda actividad excepto el comer, el dormir y el desear los placeres sensoriales, comportándose como los parientes de Kumbhakarna (hermano del rey demonio Ravana) y desperdiciando ociosamente el tiempo. Soy inalcanzable y lejano para los haraganes. Quien no haya renunciado a la persecución de los deseos, nunca podrá convertirse en un yogui no importa qué tanto se dedique a la práctica espiritual (sadhana). Sólo aquel que tenga el cuidado de no enredarse con los sentidos y que no tenga apego a los resultados de sus actos podrá convertirse en un renunciante a todo apego.

"El Yoga de la Meditación (dhyana yoga) es posible únicamente sobre la base de esta acción sin deseo por los frutos (nishkama karma). Si la mente no está bajo control y no es dócil a las órdenes de uno, puede convertirse en el más poderoso enemigo. Por eso, vive en soledad, de tal modo que puedas dominar los sentidos. Un caballo sin riendas, un toro desacostumbrado al yugo y un aspirante espiritual cuyos sentidos no han sido dominados son como un río sin agua. Cualquier práctica que no incluya tal dominio es un desperdicio.

"¡Por lo tanto, levántate, Arjuna! Practica el Yoga de la Meditación (dhyana yoga). Proponte dominar los sentidos mediante este Yoga y síguelo firmemente, sistemáticamente, con regularidad, a una hora determinada y en un lugar fijo, sin cambiarlos a tu capricho. Un sistema regular es esencial para este Yoga. Obsérvalo estrictamente. No lo cambies al dictado de tu capricho; eso te acarreará consecuencias deplorables. Para aquellos que comen demasiado y se agotan con la tarea de asimilar el alimento, para aquellos que comen muy poco y son víctimas de la inanición, para aquellos que duermen demasiado o muy poco, para aquellos que practican la meditación según su conveniencia (es decir, que la practican un día durante largas horas por no tener otra cosa que hacer, y al día siguiente sólo hacen un remedo de meditación porque tienen mucho trabajo), para aquellos que dan rienda suelta a los seis enemigos internos (el deseo, el orgullo, la ira, la ambición, la codicia y la envidia), para aquellos que no dan alegría a sus padres y especialmente a la madre, y más aún que todos éstos, para aquellos que abrigan duda y tienen poca fe en el Señor o en el gurú a quien eligieron e instalaron en su corazón, la meditación no rendirá fruto alguno.

"La mente del adepto al Yoga debería ser como la llama erguida e inmóvil de una lámpara colocada en un sitio donde no hay viento. Al presentarse la menor señal de movimiento, deberás esforzarte por dominar tu mente, sin permitirle vagar. Desarrolla la conciencia de que tú estás en todo y mantén el sentimiento de unidad, de que todo está en ti. Entonces podrás dedicarte a practicar las distintas formas de Yoga y en todas tendrás éxito y quedarás libre de la tendencia a buscar diferencias entre `yo' y los `otros', o entre el Atma y el Ser Supremo (Paramatma). El gozo y el sufrimiento de los demás se volverán entonces también tuyos, ya no podrás nunca lastimar a nadie y podrás amar y adorar a todos al darte cuenta de que todos son el Señor mismo (Sarvesvara)." El Señor Krishna declaró que aquellos que han logrado tener esa visión son en realidad los yoguis supremos.

Entretanto, Arjuna sigue acosado por la duda y pide alguna aclaración y explicación para poder convencerse. "¡Krishna! Todo lo que me has venido diciendo es muy grato al oído y bien puedo imaginarme que ha de ser motivo de Bienaventuranza para aquellos que logran éxito. Pero es muy difícil y está fuera del alcance de todos. El Yoga en cuya práctica todo lo que se realice ha de considerarse igual (samathvam), está lleno de obstáculos hasta para el aspirante bien provisto; ¿qué puede decirse entonces de personas como yo, que somos aspirantes ordinarios? ¿Es posible que algún día podamos realizarlo? ¡Krishna! ¿Es la mente tan fácilmente controlable? ¡Ay! Ni siquiera un elefante puede arrastrar algo tan enorme como lo hace la mente; es el semillero de la indocilidad; su obstinación y su terquedad son también muy poderosas; es una arpía terrible. Nunca puede ser controlada; no se detiene en lugar alguno. El intento de atrapar la mente y domarla es como intentar capturar el viento o atar e! agua. ¿Cómo podría alguien iniciarse en el Yoga con una mente así? Son dos tareas tan difíciles una como la otra: controlar la mente y practicar el Yoga. Krishna, estás aconsejando llevar a cabo una labor imposible, que está más allá de la capacidad de cualquiera."

El Señor sonrió al escuchar estas palabras. "¡Arjuna! Has descripto la mente y conoces muy bien su naturaleza. Pero no es una tarea imposible de realizar; la mente `puede' ser dominada, no importa cuán difícil pueda resultar hacerlo. Mediante la práctica sistemática (abhyasa), la implacable inquisición (vichara) y el desapego (vairagya), la mente puede ser dominada. No hay tarea que no pueda ejecutarse con la práctica constante. Ten fe en el Señor y practica con la certeza de que tienes el poder y la gracia y así todas las tareas se te volverán fáciles.

"Por tanto, quien emprenda esta práctica con determinación, alcanzará la meta suprema, asequible sólo a las almas transmutadas a través de varios nacimientos. Recuerda: la persona que ha alcanzado buen éxito en el Yoga es superior a la que

domina el karma ritual; así es que esfuérzate, oh Arjuna, por convertirte en un yogui, por alcanzar esa elevada y santa condición. Pero esto no es todo lo que tienes que hacer. Hay un estado aún más elevado que éste. Quien fije su conciencia totalmente en Mí, quien medite en Mí, con exclusión de todo lo demás será superior a todos; ése es un mahayogui.

"El Yoga de la Meditación y el Yoga del Conocimiento (el Dhyana Yoga y el Jñana Yoga) son disciplinas internas; basadas ambas en la fe y en la devoción; sin estas dos virtudes aquéllas son inalcanzables y su búsqueda misma resulta vana. Un aspirante que carezca de ellas es como un muñeco de madera: sin vida e inconsciente de la meta que debe alcanzar. El requisito fundamental es el amor profundamente enraizado hacia el Señor. ¿Cómo puedes adquirirlo? Llegando a conocer Su gloria, esplendor, naturaleza y características; Su propia Naturaleza (Svabhava) y Su propia Forma (Svarupa). Es por eso por lo que ahora te estoy instruyendo sobre éstos. Te estoy impartiendo en forma total la sabiduría de los Sastras, complementada con la sabiduría de la experiencia interna. Sabrás que no hay nada más que tengas tú que saber. De entre miles de aspirantes, pocos hay que se esfuercen por adquirir este conocimiento. Y de éstos, sólo uno que otro obtiene buen éxito. No todos los que empiezan alcanzan la meta.

"¡Arjuna! Ten en mente que en el mundo no hay nada más elevado que Yo. Todos están ensartados en Mí, como flores en un hilo. Los cinco elementos y además la mente (manas), el intelecto (buddhi) y el ego (ahamkaram), estas ocho variaciones de la naturaleza han producido lo denso y lo sutil en la Creación. Se les llama naturaleza inferior (aparaprakrithi). Y existe otra que se conoce como naturaleza superior (paraprakrithi) o sea, que no es ni densa ni sutil: es la conciencia (chaithanya) que mora dentro del individuo. El mundo mismo es su aspiración.

"El Señor primeramente creó el mundo denso y luego, como Alma viviente (jiva), lo penetró y le dio existencia (chit) por medio de su conciencia. Esto está bien declarado en tos Vedas. Debes considerar que la naturaleza inferior (aparaprakrithi) es la propia Naturaleza de Dios, el Señor Supremo (Paramesvara), y que la naturaleza superior (paraprakrithi) es Su propia Forma. Reflexiona sobre su significado: la propia Naturaleza y la propia Forma y cáptalo bien. Lo denso está limitado por los dictados de la conciencia o chaitanya, que es el amo absoluto, siempre libre.

"El individuo o jivi significa aquello que asume el principio vital o grana; el individuo se aferra al grana, con su habilidad y su inteligencia. Es el vigilante interno (antharyamin) que lo penetra todo y que a todo sostiene. Así, la naturaleza superior (paraprakrithi) es sencillamente el Supremo mismo (Paramatma). Todo lo que se manifiesta con la misma conciencia (chaithanya) tiene que ser tomado como uno.

"Lo inanimado (jada) y la conciencia (chaithanya) son dos factores esenciales para la Creación entera. Son lo mismo que la Naturaleza (Prakrithi) y el Principio Masculino Supremo (Purusha). El poder de conciencia (shakti), cuando abriga la idea de la experiencia, expresa al mundo por su propio karma. Lo inanimado asume la forma del cuerpo. Estos dos entes son Mi Naturaleza. El Dios (Isvara) que causa la creación, la preservación y la disolución a través de aquéllos soy Yo mismo; recuérdalo. No hay otra sustancia aparte de Mí; no hay otra Realidad más que Yo. Soy la Causa Primaria, la Sustancia Primordial. `Soy uno; me convierto en los muchos'; así, Yo mismo decidí esta expansión hacia la multiplicidad llamada Creación. Esa resolución afectó y motivó a la fuerza de la ilusión (mayashakti) y así se produjo el Principio Supremo. Ese fue el primer paso en la evolución de la Naturaleza.

"Si una semilla es plantada en la tierra y se riega, en un día o dos absorberá la humedad y aumentará de tamaño. La semilla no habrá brotado aún, pero ya se presentó el primer cambio. El llamado Principio Supremo es un suceso semejante. Enseguida, de acuerdo con la voluntad del Señor, surge un brote (mahadahamkaram). De este brote surgen cinco hojas: los principios sutiles de los cinco elementos. El mundo entero es el producto combinado de estos ocho: la energía de la Naturaleza (prakrithishakthi), el Principio Supremo (mahatattvam), el ego (ahamkaram) y los cinco elementos (panchabbhuthas)."