Libros escritos por Sai Baba

{SB 72} Dharma Vahini ( Torrente de Virtud )

5. La educación de la mujer

( Impreso en castellano en Torrente de Virtud (Dharma Vahini) cap. 05 )

La educación es necesaria tanto para hombres como para mujeres. Pero la educación de las mujeres debe ser apropiada para sus necesidades especiales. Las mujeres educadas son en realidad las promotoras de la virtud y moralidad en el mundo entero. Los padres deben cooperar, equipándolas con la educación más apropiada. No debe dársele a las mujeres libertad en ciertas materias. No voy a aprobar que se les otorguen tales libertades. Se educación debe ser enfocada para permitir que se conviertan en mujeres ideales.

La libertad ilimitada es destructiva para la virtud y la moralidad; además de esta manera resultará lesiva para la mujer. El mezclarse en la sociedad sin ninguna discriminación producirá resultados desastrosos, Han sido numerosos los casos de mujeres educadas en el pasado, pero éstas nunca se alejaron de la virtud y la moralidad, nunca olvidaron la meta de la virtud espiritual. La educación debe estar fundamentada en el discernimiento. Muchas mujeres del pasado, santas y sabias fueron modelos de castidad. Excelsas devotas del Señor, como Mira (reina y poetisa, vivió hace 300 años; su poesía mística es de destacada calidad), Yoginis como Chooda (el esposo de Chooda decidió renunciar a su reino y riqueza, pero su renunciación fue superficial, formal solamente. Chooda, disfrazada de Brahmín, se le acercó y le predicó la ciencia de la Realidad, ayudándolo a lograrla), todas ellas nacieron aquí, en la India, y fortalecieron la moralidad general por su estricta adherencia a una conducta inmaculada. Una vez la sabia Sulabha hizo una exposición sobre la Realidad, en la que transmitió toda su erudición y experiencia a Janaka, padre de Sita, que era un excelso monarca, de gran santidad y sabiduría, quien quedó atónito. Es gracias al ejemplo de tales mujeres de gran pureza y ejemplar conducta, inspiradas en la devoción y el profundo conocimiento de la Verdad, que aún hoy en día brilla la sencillez, la humildad y la devoción en los corazones de las mujeres que habitan en la India.

Las mujeres deberían inspirarse ahora en su ejemplo, hacer esfuerzos para vivir como vivieron ellas en el pasado. La mujer hindú debe tener siempre presente, como su guía, el ideal de la virtud y del progreso en la disciplina espiritual. Puede llegar a dominar cualquier materia relacionada con el mundo objetivo que hoy tenga preeminencia, pero el bienestar del espíritu no debe caer en el olvido. Tiene que interesarse en estudiar las escrituras que cultivan la Visión Interna. Una mujer que carece de este tipo de preparación, es como una roca sin base, un peligro para ella misma y para los demás, una persona muy desequilibrada. Muchas santas que siguieron estos estudios, se convirtieron en conocedoras de lo Absoluto y ganaron gran renombre. India produjo numerosas santos y sabias entre sus mujeres. Los eruditos y sabios solían acercarse a tales mujeres en busca de inspiración y guía.

¿En qué se basa el progreso? El progreso de la nación, la comunidad y la familia depende de la correcta educación de las mujeres. El país puede ser elevado a su perdida gloria ancestral solamente cuando sus mujeres sean maestras del autocontrol, la ciencia de la Realización de la Realidad. Si la nación quiere tener prosperidad y paz duraderas, las mujeres deben ser formadas mediante un sistema de educación que enfatice la conducta moral y las cualidades éticas. La causa de la decadencia actual en las normas de moralidad y la ausencia de paz social, se debe a que se ha descuidado este aspecto de la educación de las mujeres. El cielo y la tierra son siempre los mismos, el cambio se ha operado en el ideal de la educación, cuya meta ya no es virtud, sino vicio.

La educación actual es mencionada como la ciencia del conocimiento, pero ésta es tan sólo una forma de llamarla. No merece ese nombre en realidad, si tomamos en cuenta las acciones presentes y los rasgos de la personalidad de los educandos de hoy. La persona educada debe ser capaz de absorber la alegría interna del Espíritu, independientemente de circunstancias externas; tendrá que haber comprendido y aprehendido el propósito de la existencia humana, deberá ser consciente de la disciplina que conduce a la Realización. La Gracia de Dios era el Diploma que todo estudiante trataba de obtener en tiempos pasados. Ese Diploma se otorgaba a los que eran versados en el cultivo de la moralidad, el conocimiento de la Realidad Interna, la sublimación de los instintos, la buena conducta, las costumbres depuradas, el control de los sentidos, el dominio de la mente y el desarrollo de las cualidades divinas. Sin embargo, ¡hoy las cosas son muy diferentes! ¡Los diplomas se obtienen ahora memorizando unos cuantos libros! En la actualidad, el pasar por las etapas de la educación no significa, en modo alguno, que uno adquiera una formación ética y espiritual.

Cada mujer debe recibir una educación bien planeada. Ellas tienen que ser capaces de comprender los problemas de su patria. Deben brindar todo el servicio y la ayuda que puedan, dentro de los limites de sus recursos y capacidad, tanto a la nación como a la comunidad y a la familia. Ninguna nación puede construirse, si no se basa en la cultura de sus mujeres. La generación venidera la modelan las madres de hoy. Esta generación está tan llena de vicio e injusticia porque las mujeres que la educaron no fueron suficientemente inteligentes, ni bastante vigilantes. Bueno, lo pasado, pasado es. Para salvar al menos la próxima generación, las mujeres deben ser advertidas a tiempo y guiadas para que tomen como modelo a las mujeres de antaño.

En el pasado, presente y futuro, en todo tiempo, las mujeres representan la columna vertebral del progreso, el corazón de la nación, el aliento mismo. Ellas desempeñan el papel principal en la moralidad de la vida mundana, una tarea clave que podemos calificar de sagrada. Su misión consiste en establecer los cánones de la virtud y de la moralidad. Ellas tienen que dar a los niños una formación ética y espiritual. Cuando la madre está imbuida de virtud, los niños reciben el beneficio y se saturan en forma similar. Cuando la mujer es maestra de moralidad, los niños aprenden a ser virtuosos. Por lo tanto el nivel de educación de las mujeres decide si un país puede prosperar o declinar. Sus actos y su conducta son factores cruciales.

La responsabilidad de los adultos y de los padres es enorme en todo esto. Tomemos como ejemplo a los estudiantes de hoy; no exhiben el menor rastro de cultura; los asuntos referentes al Espíritu y la mención del Alma les produce risa. Lo que está de moda es tener habilidad de expresión y depender de la vestimenta. Esto no es cultura genuina Las mujeres educadas de hoy están desamparadas cuando se trata de manejar un hogar. Para ellas el hogar es como un hotel: son irremediablemente dependientes de la cocinera y de la mucama. La mujer educada no pasa de ser una muñeca pintada, que decora el hogar moderno; lo que representa una desventaja y una carga para su esposo. El marido se encuentra acosado por sus demandas insistentes para gastar dinero en toda clase de objetos. No participa en las tareas del hogar y a causa de su pereza, ya que come y duerme sin desarrollar actividad, acumula enfermedades, que la llevan rápidamente a la muerte.

La conducta licenciosa de las mujeres ha envuelto al inundo entero en una atmósfera de moralidad decadente. Las mujeres se están perjudicando, pues corren en pos de placeres perecederos, sin tomar en consideración la necesidad de desarrollar un buen carácter y cualidades elevadas. Están enamoradas de una seudo-libertad que alimenta su presunción. Tener un empleo estable, ganar títulos, andar en compañía de cualquiera en forma indiscriminada, rehusar el respeto hacia los mayores, abandonar el temor al pecado y la maldad, ignorar las aseveraciones de santos y sabios, obligar al esposo a bailar al son de sus caprichos, negar el tributo al arrepentimiento al ver los errores propios; ¿son tales cosas prueba de educación? No, todas ellas son formas monstruosas de ignorancia, son actitudes incultas y egoístas que convierten a una persona en un ser bestial y repelente.

Si la mujer intuye que el hogar del esposo es sagrado, entonces ese mismo hogar la dotará de todas las facilidades y todas las calificaciones necesarias. No hay lugar en el mundo entero que supere las excelencias de tal hogar. Una poetisa santa cantó, refiriéndose a su hogar, que era su templo, su escuela, su campo de recreo, su arena política, su altar de sacrificio y su ermita.

Las mujeres educadas pueden rendirle servicio útil a la comunidad que las rodea, de acuerdo con sus habilidades, gusto, inclinación, deseo, carácter, grado de educación, manera de vivir, disciplina o erudición. Deberían evitar que por su culpa se mancille la reputación de sus padres, de su propia familia, o la suya propia. Una mujer que carece de buen carácter es peor que un cadáver, por lo que es imperativo que las mujeres estén alertas cuando andan por el mundo. Deben evitar conversaciones frívolas y no deben mezclarse libremente con el otro sexo. Las mujeres con discernimiento participarán únicamente en actividades que honren el nombre de su esposo y se cuidarán de no degradar su buena fama. Por eso se ha dicho: “la virtud es el signo de la persona educada, es lo que hace que la educación valga la pena”.

Yo no digo que las mujeres no deban ser educadas, o que no deban actuar en sociedad. Dondequiera que estén, si están dotadas de buenas cualidades, y si tales cualidades se reflejan en acciones positivas y buenos hábitos, si se adhieren a los dictados de la antigua sabiduría, la senda eterna y a las prácticas y disciplinas espirituales, entonces puede decirse que sus estudios valieron la pena y que la sociedad se beneficia con su presencia. Sociedad y estudios no son dañinos en si. Ambos reaccionan según la naturaleza de las personas que hacen uso de ellos y de acuerdo con ese uso producen resultados positivos o negativos. La gata sostiene a la gatita y a la rata en su boca con los mismos dientes. Pero mientras que a la gatita la mima, mata a la rata. La dentadura es neutral, su comportamiento es determinado por lo que sujeta: gatita o rata.

De modo similar, los conocimientos adquiridos pueden desarrollar discernimiento, inspirar al individuo a servir en forma desinteresada, impulsarlo a buscar la Realidad, promover el deseo de fundirse en lo Absoluto y hasta allanar el camino que le permite convertirse en gran Alma realizada. Pero al mismo tiempo, el conocimiento puede alimentar las raíces de la hipocresía, la falsedad, la crueldad y la injusticia. Puede darle al hombre nuevas herramientas para engañar y arruinar su trayectoria terrenal. Puede convertir el Amor en odio ponzoñoso y hacer de la Verdad hueso de la discordia.

Por lo tanto, cualquiera que sea el tema o la materia en que una mujer se haya perfeccionado, sea cual fuere el grado de su educación o la posición que ocupe ella o su esposo, tiene que atenerse estrictamente a estas verdades: un carácter excelente constituye verdadero encanto, la moralidad es el aliento mismo de la mujer, la modestia es su energía vital, adherirse a la Verdad es su diaria obligación. Debe plantar las semillas del temor (al pecado, miedo a ofender a Dios) en su corazón y cultivar el encanto de la humildad. En los campos religiosos, morales y físicos debe adherirse a los estrictos dictados de la virtud y considerar eso como esencia de todo conocimiento. Debe estar preparada a sacrificar hasta su vida por su honor. Debe nutrir y preservar su castidad y la adoración de su esposo. Esa es la virtud principal de la mujer, ése el deber con ella misma y con los demás. Esta es la razón verdadera por la cual ha nacido la mujer.