Libros escritos por Sai Baba

{SB 71} Bhagavatha Vahini ( El Bhagavatha )

7. Vidura el consejero

( Impreso en castellano en El Bhagavata (Bhagavata Vahini) cap. 07 )

VIDURA EL CONSEJERO

Vidura continuó con sus amonestaciones a Dritarashtra: "Has alcanzado esta avanzada edad, pero aun así, sin ninguna vergüenza o pundonor, llevas una vida de perro. Podrás no estar avergonzado de esto, pero yo sí lo estoy. ¡Pobre de ti! Tu vida es peor que la de un cuervo".

Dritarashtra no podía oír más y gritó: "¡Ay! Es suficiente, basta, calla por favor, me estás torturando mentalmente, éstas no son las palabras que un hermano debe dirigirle al otro. Al oírte siento que tú no eres Vidura, mi hermano. El no podría haberme reprendido tan cruelmente; porque, ¿es acaso un extraño el Dharmaraja con quien estoy ahora? ¿Me habré refugiado con un desconocido? ¿Qué es lo que dices? ¿Por qué esas palabras tan ásperas? Dharmaraja me atiende con gran amor y cuidado, ¿cómo puedes afirmar que estoy llevando la vida de un perro o de un cuervo? Es un pecado que tengas esas ideas en tu mente. Este es sólo mi destino y nada más". Dritarashtra bajó la cabeza y gemía lastimeramente.

Vidura se rió y mofándose de él le dijo: "¿No tienes sentido del honor? ¿Cómo puedes hablar así? Por su bondad, Dharmaraja podría cuidar de ti mejor que a su propio padre. El podría atenderte con un amor más grande que a sus propios hijos. Esto no es sino un reflejo de su carácter, una amplificación del significado de su nombre. Pero, ¿no deberías planear tu propio futuro? Uno de tus pies ya está en la tumba y todavía llenas tu estómago ciegamente en medio de las comodidades y rodando en los lujos. Reflexiona por un momento cómo torturaste a Dharmaraja y a sus hermanos para realizar las malvadas intenciones de tus viles hijos, cómo planeaste estrategias para matarlos, los alojaste en una casa de cera y le prendiste fuego. Intentaste envenenarlos, insultaste a su reina ante una gran concurrencia en la forma más humillante. Tú y tu abominable descendencia echaron pesadumbre y aflicción sobre los hijos de tu propio hermano Pandu. Ciego, senil, elefante de cuero duro, te sentaste en el trono preguntando perpetuamente a quienes estaban cerca de ti: ¿Qué sucede ahora, qué está pasando? ¿Cómo puedes permanecer en este lugar disfrutando de la hospitalidad de Dharmaraja sin tener en cuenta en tu mente las atrocidades que perpetraste para su destrucción? Cuando planeabas su fin, ¿dejaron de ser tus sobrinos? ¿O surge ahora el parentesco, cuando has venido para ser hospedado? ¡Y todavía me dices tan orgullosamente que ellos te tratan muy bien, sin mostrar una pizca de vergüenza!

¿Pero por qué hablar tanto? El desastroso juego de los dados se efectuó por iniciativa tuya, ¿no es cierto? ¿Acaso lo niegas? No, yo fui testigo del juego. Cuando te advertí en contra de él, en ese entonces, ¿lo tomaste en serio? ¿Qué sucedió en aquel momento con el amor y compasión que ahora viertes generosamente? Ahora, igual que un perro, engulles la comida que los Pandavas colocan ante ti y te dedicas a llevar esta reprochable vida".

Después de oír estas palabras de Vidura, que lo lastimaron como golpes de martillo, Dritarashtra empezó a sentir disgusto por su forma de vida. La intención de Vidura era aguijonearlo para que se dedicara a la vida de recluso y a la práctica espiritual (sadhana), para que pudiera realizar su Ser antes de que fuera demasiado tarde. Finalmente sintió que Vidura estaba diciendo la verdad, que le daba una imagen real de su baja naturaleza y le contestó: "Sí, hermano, sí, todo lo que me has dicho es verdad, lo admito, lo comprendo ahora, pero, ¿qué voy a hacer? Estoy ciego y por lo tanto no puedo ir solo a la selva para realizar ejercicios espirituales. Tengo que tener un compañero. ¿Qué debo hacer? Gandari nunca me abandona un solo instante por miedo de que yo pudiera sufrir por falta de alimento".

Como Vidura se dio cuenta de que había cambiado su actitud y visto un poco de luz, enfatizó su consejo inicial y le dijo: "Te has vuelto un ciego básicamente a causa de tu apego hacia el cuerpo. ¿Por cuánto tiempo más estarás cargándolo? Algún día tendrá que ser tirado en cualquier lugar a un lado del camino. Entiende que "tú" no eres este cuerpo, este bulto de cosas nauseabundas. Identificarse con el cuerpo es una tontería. El cuerpo está siendo asediado perpetuamente por la muerte y su ejército de enfermedades. Pero tú no tienes conciencia de esto, no tienes cuidado de los pros y contras, duermes a pierna suelta; recuerda que este drama tiene un fin, que el telón tendrá que bajar; apresúrate a ir a algún lugar sagrado sin demora alguna, medita en Dios y sálvate. Deja que la muerte venga y te arfebate el cuerpo allá. Ese es un final excelente. No mueras como un perro o una zorra, en cualquier lugar o en cualquier forma. Levántate y parte ya, desarrolla el desapego, renuncia a toda ilusión, escapa de esta casa".

De esta forma fueron sembradas en su corazón las semillas de la renunciación. Dritarashtra caviló largamente y rompió en sollozos. Sus labios temblaban, movía sus manos de un lado a otro buscando encontrar a Vidura. Finalmente tomó sus manos y le dijo: "Vidura, ¿qué puedo decirle a quien me ha dado este invaluable consejo, un consejo que de verdad alienta mis mejores intereses? A pesar de que eres menor que yo, tu sabiduría te hace el mayor de todos nosotros. Tú tienes la plena autoridad para hablarnos como desees. No me consideres como alguien fuera de tu esfera. Escúchame con paciencia. De verdad que debo seguir tus consejos". Entonces empezó a describirle su situación a su hermano.

"Vidura, ¿cómo puedo irme ahora de aquí, sin avisarle a Dharmaraja que ha estado cuidando de mí con más cariño que a un hijo? No sería justo hacerle esto. Por otro lado, él podría insistir en venir con nosotros, su naturaleza es así; tienes que sacarme de este dilema. Llévame a algún lugar en donde pueda dedicarme a la práctica espiritual (sadhana).

Cuando suplicaba de esta manera, Vidura le respondió así: "Tus palabras suenan extrañas. Tú no estás dirigiéndote a la selva para darte banquetes, para presenciar carnavales o regocijarte con la belleza del paisaje. Estás renunciando a todo con un sentimiento pleno de desapego. Estás tomando una vida de austeridad y de disciplina espiritual, y al mismo tiempo hablas de `pedir permiso' a tus amigos y parientes; esto es singular. Te decides a hacer a un lado al cuerpo con el fin de seguir un ideal, pero ahora estás pensando en cómo obtener la autorización de los hombres con quienes estás relacionado a través del cuerpo. Estas ataduras no pueden ayudar a la práctica espiritual. Ellos no podrán nunca liberarte. Haz un bulto con ellas y entiérralas profundamente. Aléjate de este lugar con solamente la ropa que tienes puesta. No desperdicies ni un solo momento de tu vida".

Vidura aconsejó a su hermano sin ninguna compasión, no hizo ningún cambio en el tono de su arenga y enfatizó la importancia de la renunciación inmediata. Dritarashtra estaba en su casa, escuchando atentamente y reflexionando en el siguiente paso a seguir y le dijo a Vidura: "Lo que dices es indudablemente cierto, no necesito describirte más dificultades en especial. Este cuerpo está decrépito, estos ojos están ciegos. Debo cuando menos tener a alguien que guíe mis pasos ¿no es cierto? Tu cuñada ha `cegado' sus ojos con un vendaje. De manera que ella comparte ya mis impedimentos y sufre en forma similar. ¿Cómo pueden dos personas ciegas como nosotros desplazarse en la jungla? Nosotros tenemos que depender toda nuestra vida de otras gentes".

Vidura vio cómo las lágrimas escurrían por las mejillas del anciano. Se enterneció ante sus súplicas pero, sin mostrarle su piedad, le dijo con firmeza: "Bien, entonces estoy preparado para llevarlos a la selva. Estoy listo ya, ¿qué más grande placer puedo tener que el de liberarlos de este lugar con un propósito sagrado? ¡Vengan, levántense y empiecen a andar!". Vidura se puso de pie, Dritarashtra también dejó su cama y se puso de pie; Gandari se puso a su lado, poniéndole una mano sobre el hombro y le suplicó: "Señor, yo también voy contigo, estoy lista para cualquier cosa".

Sin embargo, Dritarashtra dijo: "Oh, es muy difícil cuidar a una mujer en la selva. El lugar está infestado de bestias salvajes y la vida allí está llena de privaciones". Habló con estos argumentos por un largo tiempo, pero ella insistía en que no podía abandonar a su señor, que podía soportar tantas privaciones como él y que era su deber continuar sirviéndole hasta que ella muriera. Que estaba sólo siguiendo la tradición establecida por las joyas de la femineidad india, que no era correcto (dhármico) impedirle seguir su Dharma, que la vida en las habitaciones reales sin él sería insoportable para ella, que preferiría gustosamente la vida en la selva con su señor. Se postró a los pies de Dritarashtra y le pidió permiso para acompañarlo.

Dritarashtra permaneció callado, sin saber qué contestar. Vidura fue quien habló: "Esta no es hora de discutir acerca de las sutilezas del Dharma. ¿Cómo podría esta mujer, que nunca se alejó un solo momento de ti, repentinamente dejar tu compañía y vivir separada de ti? Eso no es justo, deja que ella también venga, la llevaremos con nosotros. Aquellos que se lanzan al peregrinaje para hacer austeridades no deberían considerar el miedo o el engaño, ni el hambre ni la sed, ni el dolor ni el sufrimiento. Quejarse de estas cosas anticipadamente no es austeridad (tapas). ¿Qué pueden hacer las privaciones cuando uno deja de identificarse con el cuerpo? Vengan, ya no hay excusas para demorar la partida". Vidura se adelantó guiando a Dritarashtra, y Gandari lo siguió silenciosamente poniendo su mano sobre el hombro de él. El santo devoto del Señor, Vidura, llevó consigo a la pareja a través de las calles hasta las afueras de la ciudad, pasando desapercibidos por los guardias y ciudadanos. Los apresuraba para que pudieran llegar a la selva antes de que amaneciera. Sin embargo, tenían que cruzar el río Ganges y no había ningún lanchero en ese momento para llevarlos al otro lado antes de que saliera el sol, por lo que tuvieron que esperar en la orilla del río sagrado. Vidura los dejó descansar un rato en una enramada y él mismo hizo los arreglos para que una lancha los llevara al otro lado del río en la oscuridad.