Libros escritos por Sai Baba

{SB 71} Bhagavatha Vahini ( El Bhagavatha )

27. Suka se presenta

( Impreso en castellano en El Bhagavata (Bhagavata Vahini) cap. 27 )

SUKA SE PRESENTA

Algunos ascetas que oyeron la historia de la maldición de labios del propio rey estaban tan indignados contra el hijo de Sameka que afirmaron que éste debía ser un charlatán, un niño despreciable, pues ningún hijo nacido de un sabio de la estatura de Sameka podía haber pronunciado una maldición tan devastadora por una travesura tan trivial. "Debe ser un tonto y un ignorante o un orate", se decían entre ellos. °¿Cómo puede tener efecto la maldición surgida de la lengua de alguien así?", y afirmaron que el rey no podría sufrir ningún daño como consecuencia de esa maldición. Después trataron de convencer al rey de que no necesitaba sentir miedo ante ese suceso.

Muchos otros que sentían lo mismo argumentaban que el rey no tenía razón para tomar la maldición tan seriamente, pero el rey permanecía inmutable y les contestó con las manos en actitud de plegaria: "Ustedes piensan y hablan en esta forma impulsados por la simpatía y bondad hacia mí, pero yo sé que la falta que he cometido no es ligera ni insignificante. ¿Existe algún pecado más terrible que lanzar un insulto a aquellos que merecen reverencia? Además, yo soy el rey, el responsable de su bienestar y el mantenimiento de su honor, ¿cómo puede ser mi acto considerado como algo simple e insignificante? Más aun, si ustedes lo consideran más profundamente, la maldición pronunciada por ese niño no es una maldición, sino, por el contrario, una gran bendición.

Debido a que yo había caído en el pozo del pecado llamado imperio me engañé en la creencia de que los placeres son la finalidad y sentido de la vida; estaba llevando la vida de un animal, había olvidado a Dios y mi deber hacia El. Dios mismo, a través de este medio y este instrumento, me ha dirigido a lo largo del camino correcto. Dios me ha bendecido. Esto es una gracia, no un castigo por mis errores pasados, como ustedes imaginan".

Cuando el rey habló así, emanaban lágrimas de alegría y agradecimiento de sus ojos. Estaba visiblemente conmovido con una extrema sinceridad y devoción. Pronunciaba lo que sentía, en calma, con imperturbable regocijo. Los ascetas y todos los que lo rodeaban estaban asombrados por su ecuanimidad y sintieron que sus afirmaciones eran ciertas.

El anciano asceta se levantó y parándose ante la quejumbrosa muchedumbre le dijo lo siguiente: °¡Oh, tú el mejor de los reyes! Tus palabras son como rayos de luz para los corazones de los ermitaños; son muy apropiadas de tu linaje y tus antecesores, pues has nacido entre los Pandavas, quienes nunca cayeron, ni una sola vez, en el pecado o el error. Ellos siempre se aferraron a los pies de Hari, el Señor, se apegaron tenazmente a las órdenes del Señor. Cuando el Señor regresó a su morada celestial dimitieron al reino como resultado de una renunciación espontánea y se encaminaron hacia las regiones del norte. Tú también ahora está siguiendo este sagrado camino, ya que perteneces a este gran clan, el cual lleva esta forma de vida por herencia".

En ese momento el rey le rogó con las palmas de sus manos juntas en actitud de plegaria y adoración: "¡Oh, tú, el mejor de los ascetas! Tengo sólo una duda, por favor, quítamela de la cabeza. Haz mis días dignos de ser vividos". El asceta le contestó: "Dime qué cosa es". El rey pidió que le dijera cuál era la mejor cosa que podía hacer un hombre cuya muerte es inminente. En ese instante un asceta se levantó y dijo que conforme lo permitiera el tiempo uno debería celebrar sacrificios, ofrendas o ensimismarse en la repetición del Nombre del Señor o prácticas ascéticas, actos de caridad, peregrinajes, ayunos o rituales de adoración. Otro más declaró que la Liberación sólo podía ser adquirida a través de la obtención del Conocimiento Superior, un tercero habló de la suprema importancia de los actos sagrados prescritos en los Vedas y Shastras. Algunos otros arguyeron que el cultivo de la devoción por Dios era el mejor método para usar esa semana. "El Señor sólo se puede ganar por la devoción". En esta confusión de opiniones en conflicto, el rey trataba de encontrar el verdadero sendero y los ascetas se quedaron en silencio ante la persistencia del rey en obtener una verdadera respuesta al problema que les había planteado.

Mientras tanto, un joven asceta, con cara extraordinariamente brillante y con una atractiva y esplendorosa personalidad, se movió entre la muchedumbre de ancianos sabios como un veloz flujo de luz y al llegar ante la presencia del rey, se sentó en un lugar elevado. Los que lo vieron estaban admirados por esta repentina aparición. Algunos de ellos sentían una viva curiosidad acerca de su identidad. Por su apariencia exterior era el hijo de un asceta; pero por su presencia, su actitud, ecuanimidad y personalidad, todos afirmaban que se trataba de un Maestro. En años era muy joven, pero había un halo Divino que lo bañaba.

Muy pronto, un sabio y anciano asceta lo reconoció y se acercó reverentemente a él con las manos en actitud de plegaria. "¡De verdad que todos nosotros somos benditos! Este rayo de Divina refulgencia no es otro más que Sri Suka, la preciosa descendencia de Bhagavan Vyasa", y presentando de esta manera al desconocido a los allí presentes, el asceta continuó: "Desde el momento en que nació, este ser está libre de todo apego. El es el maestro de todo conocimiento". Cuando el rey oyó esto, derramó lágrimas de gratitud y alegría. Se levantó como un cometa en el aire, tan ligero, tan lleno de felicidad, y se postró a sus pies. Cuando se levantó, tenía sus manos juntas en actitud de plegaria, se mantuvo silencioso y erguido como un pilar. Estaba inmerso en la Bienaventuranza. Visualizó al joven que estaba ante él como al propio Krishna. El esplendor de Suka era demasiado brillante para sus ojos. Al rey le parecía que su encanto era igual al del dios del amor. Los negros rizos de su pelo se movían como cabezas de serpientes balancéandose sobre el blanco óvalo de su cara. Tal como las estrellas entre las nubes oscuras, sus ojos brillaban con un clarísimo resplandor e irradiaban una extraordinaria luz. Una sonrisa derramaba gotas de gozo en sus labios.

El rey se acercó a Suka con pasos lentos, su voz entrecortada sonaba diferente y su garganta temblaba de emoción. Entonces le dijo: "¡Maestro! No tengo fuerzas para describir la profundidad de tu gracia. Cada uno de tus actos está encaminado hacia el bienestar del mundo. Es una verdadera fortuna que hoy pueda tener Tu Visión Divina (Darshan) tan fácilmente, porque yo sé que esto sólo puede ser obtenido a través de persistentes y prolongados esfuerzos. ¡Oh, qué afortunado soy! Tengo que atribuir esto a los méritos obtenidos por mis abuelos". El rey estaba inundado con la grata alegría de la presencia de Suka y permanecía ante él con sus ojos derramando lágrimas.

Con una sonrisa que jugueteaba en sus labios, Suka le indicó al rey que se sentara junto a El. Después le dijo: "¡Oh rey! No hay duda que tú eres recto y apegado a la conducta moral. Estás siempre listo a servir a lo bueno y divino. Tu vida meritoria ha traído a esta gran congregación de ascetas alrededor tuyo en este día. De otra manera estos ascetas que están sólo dedicados a sus disciplinas espirituales no habrían abandonado sus actos para venir aquí y orar para que tú puedas lograr la realización del Supremo. ¡Esto no es un acto de caridad! Tú has ganado esta gracia a través de muchas vidas virtuosas y correctas".

El rey veía con admiración y devoción la cara de Suka cuando éste le estaba hablando; repentinamente levantó su cabeza y le habló así al joven: "¡Señor! Tengo una duda que me atormenta, quítamela y dale paz a mi corazón. La estaba poniendo a la consideración de la asamblea antes de que vinieras. Yo sé que Tú puedes resolverme esta duda fácilmente. Esto será un juego de niños para ti". Suka lo interrumpió diciéndole: "Parikshit, la razón por la cual he venido es la de aclararte esta duda que te atormenta. Puedes preguntarme cualquier cosa que tengas en mente. Yo disolveré tus dudas y te otorgaré la satisfacción". Cuando el gran Suka pronunciaba estas palabras, los ascetas que estaban reunidos exclamaron: "¡Qué gran fortuna! ¡Bendito, bendito!", y aplaudieron tan fuerte por la alegría que su aclamación llegó hasta los cielos.

El rey habló humildemente y con evidente ansiedad: "Señor, ¿en qué debe ocuparse una persona que encara la muerte y que está consciente de que su fin se acerca? ¿En dónde debe morar su mente antes de la muerte para no volver a nacer? Cuando ésta es su oración, ¿cómo debe pasar los días que le restan? Este es el problema que me inquieta en estos momentos. ¿Cuál es mi deber supremo?" El rey suplicaba una y otra vez para que se le guiara.

Suka le respondió: "¡Oh rey! Aleja tu mente de los pensamientos mundanos y fíjala en Hari, el Señor que encanta a todos los corazones. Yo te instruiré en el verdadero conocimiento de lo Divino. Escucha con todo tu corazón. No existe ninguna actividad más sagrada que ésta. No hay ningún ejercicio espiritual, disciplina o voto más grande que éste. El cuerpo es un valioso navío. La historia de Hari es el reino, este mundo de cambios, este constante flujo de la vida es el mar. ¡Dios es el botero! Hoy este sagrado equipo está disponible para ti.

El problema que has expresado no es sólo incumbencia de un solo individuo, su solución es de incumbencia de todo el mundo. Es el más vital de todos los problemas que merecen indagación. El principio del Alma es la panacea para todas las enfermedades. Esta es la verdad última. Nadie puede escapar a ella. Establecerse en esta fe durante los últimos días es el deber de los seres humanos. De acuerdo con esta base se establece la situación en la siguiente vida. Por este motivo la pregunta que hiciste, la duda que tienes, es asunto de gran importancia para el bienestar de toda la humanidad. La respuesta no es sólo para ti, escucha".