Libros escritos por Sai Baba

{SB 71} Bhagavatha Vahini ( El Bhagavatha )

10. El misterio de Krishna

( Impreso en castellano en El Bhagavata (Bhagavata Vahini) cap. 10 )

EL MISTERIO DE KRISHNA

Bhima hizo todos los esfuerzos para reunir un poco de valor y dijo: "Hermano, permíteme partir inmediatamente hacia Dwaraka; regresaré pronto trayéndote información completa de lo que está sucediendo, para aliviar tus temores". En los instantes en que Bhima suplicaba arrodillado que se le permitiera partir, el sol se estaba ocultando y las lámparas colocadas por doquier empezaron a emitir su débil luz.

En ese mismo instante, un guardia entró intempestivamente por la puerta principal, avisando que Arjuna había llegado y se aproximaba a las habitaciones reales. Todos se levantaron como si hubieran recobrado la vida repentinamente y se apresuraron a encontrarse con Arjuna, ansiosos de tener noticias de Dwaraka. Por fin entró Arjuna, con un semblante deprimido y abatido, desprovisto de todo indicio de alegría, y sin mirar a los ojos de sus hermanos se arrojó a los pies de Dharmaraja.

Dharmaraja se dio cuenta de que estos indicios confirmaban sus temores y se llenó de ansiedad por saber más al respecto. Le preguntó por la salud y estado de sus amigos y familiares en Dwaraka. Arjuna no pudo siquiera levantar o girar su cabeza. Los hermanos Pandavas vieron sobre los pies de Dharmaraja escurrirse las lágrimas derramadas por Arjuna y se quedaron paralizados por la impresión. Dharmaraja perdió el control de su mente. Trató de levantar a Arjuna, lo sacudió por los hombros, y gritó desesperado en su oído: °¡Hermano! ¿Qué ha sucedido? ¿Qué ha pasado, qué ha pasado? ¿Qué le ha sucedido a los Yadavas? Cuéntame de ellos. Nuestros corazones están a punto de deshacerse. Líbranos de esta terrible angustia". A pesar de esto,

Arjuna no pudo contestar. No pudo siquiera pronunciar una sola palabra. Dharmaraja, sin embargo, continuó haciéndole un caudal de preguntas, interrogándolo acerca del estado de los Yadavas y de los demás, mencionándolos por sus nombres y preguntando por cada uno de ellos en particular. Arjuna no reaccionó a toda esta desesperada lluvia de preguntas, no mostró ninguna señal, tampoco levantó su cara para ver a su hermano.

"No nos digas nada de los demás, pero al menos deberías comunicarnos lo que te encomendó Krishna (Vasudeva). ¿Cuál es su mensaje para nosotros? Dinos". Dharmaraja le suplicaba así y Arjuna no pudo contenerse más; la pena que había soportado durante tanto tiempo se desbordó como un enorme torrente. "¡Ya no tenemos al Señor, quedamos huérfanos, no pudimos mantenerlo con nosotros, ya no tenemos suerte!" A1 terminar de decir esto, sollozando cayó de cara en el suelo.

Sahadeva, que comprendió toda la situación y sus consecuencias, cerró todas las puertas que conducían al salón y se empeñó en tratar de suavizar la aflicción de sus hermanos.

"¡Oh Dios! Teníamos que estar vivos para oír esto, ¡qué destino! ¡Oh destino! ¿Cómo pudiste tratar al mundo tan cruelmente?" Los hermanos se lamentaban al unísono: "Señor, ¿por qué abandonaste de esta forma a los Pandavas? ¿Por qué esta ruptura de Tu compañía? Hemos vivido tanto para oír estas noticias. Esto debe ser el resultado de la acumulación de pecados durante muchas generaciones". Ellos mismos se cuestionaban y se contestaban. Cada uno de ellos estaba sumido en su desesperación y en su dolor. Después el salón se llenó de un sombrío silencio.

Fue Dharmaraja quien se recobró primero; secándose las lágrimas que inundaban sus ojos, le preguntó a Arjuna en tono patético: "¿Tienes noticias del estado de sus padres, de Nanda y Yashoda y de los otros Yadavas? Cuéntanos acerca de ellos. Deben estar destrozados por el dolor de la separación de su Señor. Si nosotros estamos reducidos a esta irremediable situación; ¿qué podemos decir de ellos? Deben estar hundidos en una profundísima desesperación. ¿Cómo pueden permanecer en sus cuerpos y respirar aún? ¿Por qué pensar en cada individuo? La ciudad completa de Dwaraka debe estar sumida en un inconsolable mar de dolor".

Dharmaraja sollozaba con gran pena conforme se imaginaba cada una de esas escenas. Al verlo en estas condiciones, Arjuna le dijo: "Hermano, la gente de Dwaraka es mucho más afortunada que nosotros; nosotros somos los desafortunados. Somos los únicos seres endurecidos que han soportado el choque de las noticias de la partida de Vasudeva de este mundo. El resto dejó esta tierra aun antes de las noticias de su final en este mundo".

Al oír esto Dharmaraja exclamó: "¡Hari, Hari, oh Dios! ¿Qué es lo que estás diciendo ahora? ¿Qué es esta catástrofe? No entiendo nada... ¿Se levantó el mar y se tragó a Dwaraka? ¿O alguna horda de bárbaros salvajes invadió la ciudad y masacró a los habitantes? ¡Arjuna! Dinos qué sucedió, pon fin a nuestras terribles conjeturas que producen en nosotros escenas horripilantes". Dharmaraja tomó la mano de Arjuna y levantó su cara en un intento de hacerlo responder a sus preguntas.

Arjuna dijo: "No, ningún mar se enfureció y engulló a Dwaraka, ningún líder condujo sus ejércitos contra la ciudad. La maldad y la vileza empezó a crecer salvajemente entre los Yadavas y ellos mismos excitaron su discordia y antagonismo a tal grado que se masacraron los unos a los otros con sus propias armas". Dharmaraja le preguntó: "Arjuna, debió existir alguna fuerza avasalladora que empujó a los viejos y jóvenes del clan de los Yadavas a sacrificarse entre ellos mismos en un holocausto. Ningún efecto puede suceder sin alguna causa, ¿no es cierto?", y se quedó callado esperando oír los detalles de lo que realmente los había inducido a la matanza.

Arjuna hizo una pausa para sobreponerse a la angustia que empezaba a surgir en él y después empezó la narración de los hechos. Los otros tres hermanos se acercaron y escucharon la trágica historia. "Aprendí aquel día que el hecho más pequeño no puede suceder sin la voluntad de Vasudeva. Estoy convencido totalmente de eso; El es el que sostiene los hilos que mueven las marionetas y los hace jugar sus papeles; sin embargo, El mismo se sienta entre los espectadores y pretende no estar consciente de la dirección, la historia o el guión. Los caracteres y personajes no pueden desviarse un ápice de sus mandatos. Su voluntad guía y determina cada movimiento y gesto. A través del desarrollo de la obra, los cambiantes hechos y emociones del escenario afectan los corazones de aquellos que presencian este drama, pero esto no afecta el corazón de El.

El decide lo que una persona debe decir o hacer. El induce en ellos las palabra y actuación adecuadas. También agregan su respectiva cuota a este destino las consecuencias del karma producido y heredado por cada nacimiento individual en sus vidas anteriores. Ustedes saben bien que los Yadavas, que eran también nuestros propios amigos y parientes, eran personas espirituales, llenas de devoción hacia Dios. Tal vez en alguna ocasión algún asceta invocó una maldición sobre ellos, o quizá algún día cometieron un terrible pecado, porque, ¿de qué otra forma podemos explicar este repentino giro de la fortuna en su historia, esta inesperada tragedia?"

"Realizaron una suntuosa ceremonia ritual en Prabasakshetra durante siete días completos. Este ritual fue celebrado con una magnificencia y estilo sin precedentes; la ofrenda de despedida en el fuego sagrado fue ejecutada con verdadera grandeza védica, contando con la presencia del Señor Krishna en persona. Los participantes y sacerdotes efectuaron más tarde el baño ceremonial en aguas sagradas. Después los brahmines recibieron su parte de las ofrendas del ritual y se distribuyeron también entre los Yadavas. Todo se llevó a cabo en una atmósfera de perfecta calma, contento y júbilo.

Cerca del mediodía se sirvió la comida a los brahmines y después los Yadavas se sentaron en largas líneas para compartir el banquete. Durante la fiesta, algunos de los Yadavas tomaron mucho vino y perdieron el control a tal grado que confundieron a sus propios compañeros con enemigos y empezaron las discusiones, las cuales degeneraron en violentas peleas de terrible fuerza. Esto debe haber estado en los planes de Dios, porque a pesar de todo lo vil y salvaje que pudiera ser un hombre, él no mataría con sus propias manos a sus hijos y padres. ¡Oh, qué terrible fue eso! En el caos generalizado que se produjo y dentro de una desenfrenada orgía de ciego odio, los hijos mataron a los padres, los padres a los hijos, los hermanos mataron a sus hermanos, los yernos asesinaron a sus suegros y los suegros a sus yernos, hasta que en un momento no quedó nadie vivo". En este punto, Arjuna no pudo continuar, se reclinó en la pared y con las palmas de sus manos apretando su cara, rompió en sollozos llenos de dolor y sufrimiento.

Dharmaraja escuchó toda la narración con angustia y estupor. Puso su mano en la espalda de Arjuna y le dijo: "¿Qué es esto que estás diciendo? Es una historia inverosímil; sólo porque sé que tu lengua jamás diría mentiras es que estoy forzado a tener confianza en que todo esto es cierto, o ¿cómo podríamos imaginarnos un cambio tan repentino de carácter y una masacre tan relampagueante? Nunca y en ninguna parte había visto u oído de una camaradería mutua de tal intensidad y tan notable como entre el linaje de los Yadavas. Además ellos no se desviaban en los más mínimo del sendero que Krishna les había señalado. No se desviaron de él, ni aun en las ocasiones más desesperadas y dificiles. ¿Cómo podrían personas así olvidarse de todos los cánones del buen comportamiento en la presencia del propio Krishna y matarse a golpes entre sí? Esto es realmente extraño; un cambio de esta naturaleza en los acontecimientos viene solamente cuando el fin del mundo se acerca".

"Bueno, Arjuna, ¿no pudo Krishna contener la pelea y aconsejarles evitarla? ¿Hizo algún intento de traer un poco de conciliación entre las facciones y enviarlos a sus hogares? Krishna es el más grande maestro en las artes de la guerra y la paz, ¿no es cierto? Lo que más me sorprende en este espeluznante relato de destrucción, es que El no tratara de detener esta tragedia".

Dharmaraja se hundió en el abatimiento, se sentó con la cabeza descansando sobre su puño cerrado y la mano colocada sobre su rodilla; sobre sus mejillas las lágrimas fluían ininterrumpidamente. Arjuna trató de pronunciar algunas palabras de consuelo: "¡Maharaja! tú estás consciente de la gloria y la gracia de Krishna, sin embargo, das cabida a las dudas y me preguntas si El hizo esto o lo otro, ¿qué puedo decir en respuesta? Los Yadavas tuvieron el mismo destino que nuestro propio linaje. ¿No eran acaso los Kauravas nuestros primos hermanos? En ambos lados teníamos parientes de buena voluntad y este mismo Shyamasundara estuvo en medio de nosotros; sin embargo, tuvimos que pasar la batalla del Kurukshetra. ¿No podemos darnos cuenta de que esta guerra no habría sucedido si El no lo hubiera deseado? No se habrían perdido los cuatro millones de guerreros que murieron en el campo de batalla, ¿no es cierto? ¿Alguna vez deseamos reinar sobre esta tierra después de aniquilarlos a todos ellos? Nada puede suceder sin sus mandatos. Nadie puede interferir su voluntad o actuar en contra de sus órdenes.

Este mundo es el escenario en el cual cada uno actúa el papel que El le ha asignado; en el cual todos marchan orgullosamente durante el tiempo otorgado por El y en el cual cada uno tiene que obedecer sus instrucciones sin fallas ni omisiones. Nosotros podríamos pensar orgullosamente que hemos hecho esto o aquello por nosotros mismos, pero la verdad es que todo sucede de acuerdo con su voluntad".

Cuando Arjuna terminó, Dharmaraja dijo en voz alta: "¡Arjuna! Muchos motivos nos arrastraron a la guerra del Mahabharata. Hicimos nuestros mejores esfuerzos a través de la diplomacia y de medios pacíficos para retomar nuestro reino, nuestro rango y lo que legítimamente nos pertenecía. Soportamos pacientemente muchos insultos y humillaciones, tuvimos que vagar en la jungla exiliados. Con la ayuda de la gracia Divina escapamos a muchos planes para asesinarnos. Trataron de quemarnos y envenenarnos, produjeron actos ignominiosos sobre nuestra reina en público, trataron de destrozar nuestros corazones por medio de maltratos constantes.

En conclusión, en todos los lugares siempre hay tres razones para la batalla final: riqueza, dominio y mujeres. Pero en el caso de los Yadavas no existían estas causas como para producir combate mortal entre ellos. Parece que el destino fuera la única causa de fuerza mayor de este desastre.

Los Yadavas vivían en la plenitud, no les faltaban granos u oro. ¿Y sus esposas? Ellas eran modelos de virtud, fe y devoción. Nunca se desviaron de los deseos y mandatos de sus esposos, en ningún momento incurrieron en insultos o molestias para sus esposos, ¿cómo pudo entonces surgir en sus mentes tan repentinamente la división y la sangrienta disputa fratricida?

Arjuna contestó: "¡Querido hermano! Vemos las circunstancias exteriores, los procesos resultantes en el hecho final y en nuestra ignorancia creemos que este conjunto de causas produjo tales efectos. Nosotros adivinamos la naturaleza de las emociones y sentimientos de acuerdo con lo que podemos apreciar en los acontecimientos. Pero las circunstancias, sucesos, emociones y sentimientos son simplemente `instrumentos' en sus manos, que sirven para los propósitos de su voluntad. Cuando el momento llega, El los utiliza para su plan y trae la guerra que El ha deseado. El es la encarnación del tiempo; ha venido como el maestro del tiempo y después de hacer llegar el punto culminante del plan, termina el drama. Aquello que trae el nacimiento también ocasiona la muerte. El encuentra la razón para ambos en el mismo grado. ¿Buscamos nosotros la razón de por qué hay nacimiento? Entonces, ¿por qué tratar de conocer el porqué de la muerte? Esto sucede, esto es suficiente; buscar su razón es una ocupación inútil.

El hace que los seres engendren otros seres, El provoca que los seres acaben con otros seres. Los cuerpos nacen y mueren. No sucede ninguna otra cosa más importante al nacer o morir. Esto nos fue enseñado con frecuencia por Vasudeva. Entonces, ¿por qué debemos dudar o desviarnos del firme ánimo que El siempre buscó otorgarnos?

Ustedes podrán decir que esto no es justo, que aquel que es la causa de nuestro nacimiento debería ser quien termine nuestra vida. Entre el nacimiento y la muerte el hombre también tiene alguna capacidad para ganar mérito y demérito, y esto tiene alguna influencia en el curso de los hechos. Dentro de estos límites, el Señor juega con la vida y la muerte".

"El nacimiento y la muerte son dos grandes arrecifes entre los cuales fluye el río de la vida. La fuerza de la fe del Alma es el puente que cruza el abismo. A quienes han desarrollado esa fuerza y fe, las crecientes no los perturban. Con la Energía del Alma como soporte de seguridad pueden enfrentarse valerosamente a todos los peligros y alcanzar la otra orilla. ¡Oh rey! Todo esto no es sino la gran obra de marionetas del Maestro Director. Los Yadavas ahora, al igual que los Kauravas ayer, no tenían individualidad propia, no tiene sentido culpar a unos o a otros.

¿Puede este cuerpo material, compuesto de los cinco elementos, tierra, agua, fuego, aire y éter, moverse o actuar sin sus deseos? No, esto es su diversión. El causa el nacimiento de alguien a través de otro y produce que alguien muera a través de otro. O, ¿de qué otra manera se puede explicar el hecho de que una serpiente ponga huevos, los caliente hasta que salgan sus crías y después se coma a sus propios descendientes recién nacidos? Aun en este caso, la serpiente se come solamente a aquellos cuyo término ha llegado a su fin, es decir, no a todas las crías. El pez que vive en el agua cae en las redes cuando ha llegado su fin; el pez pequeño es devorado por peces mayores y éstos a su vez son devorados por peces aún más grandes; ésta es la ley. La serpiente se come a las ranas y el pavo real engulle a la serpiente. Así es el juego. ¿Quién puede sondear las razones de esto? La verdad es que cada incidente es la decisión de este Balagopala (otro nombre de Krishna: otro guardíán del ganado)".

"No podemos comprender el misterio de su juego. Hemos fallado en entenderlo, no tiene sentido ahora preocuparnos de nuestra falta. Con esa forma humana que nos engañaba, él se movía entre nosotros, se mezcló con nosotros, creció entre nosotros, se comportó como si fuera nuestro pariente y benefactor, como nuestro amigo y guía, y nos preservó de muchas calamidades que intentaron destruirnos. El derramó su divina compasión sobre nosotros y en forma notablemente simple nos resolvió los más difíciles problemas que desafiaban toda solución. Durante todo este tiempo que El estuvo cerca de nosotros y pudimos quererlo fuimos atrapados por el orgullo porque teníamos Su gracia; no tratamos de llenarnos con esa suprema alegría para sumergirnos profundamente en el flujo de Su gracia. Solamente buscamos de El las victorias externas y los beneficios temporales, ignoramos el vasto tesoro con el cual pudimos haber llenado nuestros corazones. Nunca contemplamos su verdadera Realidad".

"El nos protegió como si nosotros cinco hubiéramos sido sus cinco aires vitales (Panchaprana). Vino directamente para ayudarnos y nos condujo en cada una de nuestra obligaciones, y a pesar de lo pequeñas que eran, El las realizó para nosotros. Hermanos, ¿qué más podría yo decir? Podremos nacer muchas veces, pero nunca tendremos de nuevo un amigo y pariente de tal naturaleza. Yo he recibido de El un amor más intenso que el de una madre, un amor que ninguna madre puede brindar".

"En muchas ocasiones soportó las cartas de los Pandavas como si fueran suyas. Para librarnos de molestias acostumbraba tomar medidas en minutos y aplicarlas hasta tener éxito. Nosotros, los Pandavas, hemos sobrevivido en este mundo actual debido al regalo de Su gracia.

¿Para qué repetir miles de cosas por separado? Cada gota de sangre que fluye por estas venas no es sino un fragmento de su amor, cada hueso y cartílago es una pieza de su misericordia. Incapaces de comprender este secreto, nos envanecimos de esto, alardeando `Yo obtuve esto' y 'Yo logré esto'. Ahora se ha vuelto evidente que sin El no somos sino bolsas de piel".

"Por supuesto que el destino de todos los hombres es el mismo. Olvidan que el Omnisciente, Todogobernante, Todopoderoso, juega con ellos como marionetas; suponen que ellos son realmente los hacedores y los que disfrutan, y, al igual que yo, están hundidos en la ignorancia de la verdad fundamental. Si nosotros que somos héroes y guerreros de gran fama estamos en esta triste situación, ¿qué podemos decir de la gente ordinaria que no tiene oportunidad de despertar este Conocimiento?

Por esta razón, la triste experiencia que tuve en mi camino de regreso es la prueba directa". Después de expresarse en esta forma, Arjuna se dejó caer sobre la silla que estaba detrás de él, pues ya no podía soportar la separación de su guía y el soporte de su vida: Krishna.