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04. 24/05/91 Isaavaasya Upanishad - Renuncias y Placer | 24 de Mayo de 1991
Brindavan
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La creación emerge de la Verdad
y se fusiona de nuevo en la Verdad.
No hay lugar sin la Verdad.
Todo lo que existe es una manifestación
de la Verdad pura e inmaculada.
La Verdad es una, pero los videntes la describen de varias maneras (Ekam sat vipraah bahudaa vadanti). La Verdad no es propiedad de ninguna persona. No está relacionada con ningún país, religión ni era en particular. Las personas de todos los tiempos y lugares tienen igual derecho a alcanzar la Verdad.
La Verdad no sigue a nadie; todos deben seguir a la Verdad. El antepasado de la humanidad, Manu, enseñó este hecho. La palabra manuja (hombre) significa «uno nacido de Manu». Manu también decretó que uno debe estar dispuesto a sacrificarlo todo por la Verdad. Sin embargo, las personas ceden a las presiones de las situaciones y abandonan la Verdad, en busca de todo lo demás.
La gente percibe a la Verdad como su enemiga, y obtiene placer de la falsedad. Se esfuerzan por entender todo, excepto la Verdad. Todos los placeres y toda prosperidad emergen solo de la Verdad. En tiempos antiguos, los reyes gobernaban solo con la fuerza de la Verdad. La Verdad es carácter, la Verdad es religión, la Verdad es vida, la Verdad es austeridad, la Verdad es Dios. Es debilidad olvidar la Verdad eterna y confiar en la falsedad.
Manu declaró a la humanidad otro aspecto de la Verdad. Dijo: «Hablen con la verdad, hablen agradablemente, y no profieran una verdad desagradable» (Satyam brooyaat, priyam brooyaat, na brooyaat satyam apriyam). Es decir, no debemos mentir para parecer dulces. Por otro lado, no debemos declarar la verdad sin rodeos, cuando es difícil de aceptar. La Verdad debe decirse siempre, pero de una manera que produzca un efecto beneficioso en el oyente. Esto también se enfatiza en el Gita: El habla debe ser veraz, agradable, beneficiosa y no causar tensión (Anudvegakaram vaakyam satyam priya hitam cha yat).
Supongan que encuentran a un hombre ciego. Si gritan «¡eh, ciego!», le causarán dolor. Las palabras son ciertas, pero desagradables. Si llaman a un hombre lisiado «¡oye, rengo!», lo lastimarán gravemente. Es mejor saludarlo de alguna otra manera. Nunca lastimen a otros bajo la excusa de la verdad. Las acciones cotidianas se acumulan para convertirse en nuestro carácter. Es importante decir la verdad agradablemente para cultivar un carácter ejemplar.
Los Upanishads son la cabeza en el cuerpo de los Vedas, y entre ellos el Isaavaasya Upanishad es el principal. Este Upanishad aparece como una colección de mantras en el Sukla Yajur Veda. El camino de la acción, karma yoga, se expone en el Sukla Yajur Veda hasta el capítulo trigésimo noveno. El yoga del conocimiento, jnana yoga, comienza en el cuadragésimo capítulo. Este es también el comienzo del Isaavaasya Upanishad.
La acción (karma) florece en el conocimiento (jnana). El conocimiento se fortalece y demuestra por la acción. Esta unión de acción y conocimiento se explica en los Upanishads. Ustedes no tienen otra alternativa más que involucrarse en la acción. Pero no dejen que el apego les dicte «debo disfrutar los frutos de esta acción». Reconozcan la voz engañosa del ego cuando sientan «esta acción ocurrió por mi causa». El apego y el ego los atan a las acciones.
El Isaavaasya Upanishad proclama que todos los placeres (bhoga) deben disfrutarse con un sentimiento de renunciación (thyaga). Si la indagación es negligente, el placer y la renunciación parecen ser opuestos. Un renunciante no anhela el placer, y un buscador de placer no puede siquiera pensar en el sacrificio. Por lo tanto, podrían preguntar, ¿cómo puede uno disfrutar los placeres con una perspectiva de sacrificio?
El Isaavaasya Upanishad revela que cuando realizan acciones sin ego y cuando experimentan el mundo sin apego, no queda diferencia entre placer y renunciación. El trabajo sin ego ni apego es trabajo desinteresado, es un sacrificio placentero. Todo trabajo desinteresado no es más que una deliciosa renunciación.
Cada persona debe realizar acciones sin el sentimiento egoísta de «estos son los resultados de mi acción». Cuando uno considera la acción como propia, es natural aspirar al crédito por los resultados y apegarse a ellos. El Isaavaasya Upanishad demuestra que el yoga, el camino hacia el Conocimiento del Uno Mismo (Atma Jnana), es la fusión de la renunciación (thyaga) y el placer (bhoga).
¿Qué es yoga? El divino tesoro ganado tras las prácticas espirituales se llama yoga. Krishna le dijo a Arjuna: «Cuidaré de tu yoga y tu bienestar» (kshema) (Yoga kshemam vahaamyaham). En el uso cotidiano, los términos yoga-kshema significan el bienestar de la esposa, los hijos, el trabajo, la propiedad, y demás. Pero Krishna no tenía en mente este concepto mundano del bienestar.
Yoga es el nombre dado a los esfuerzos por alcanzar a la Divinidad. Alcanzar al Dios inalcanzable, es yoga. Visualizar lo Divino invisible, es yoga. Traer a la experiencia diaria aquello que no puede ser visto por los ojos, oído por los oídos, comprendido por la mente, ni sentido por el corazón, es yoga. Manifestar la Divinidad no manifestada, es yoga.
El tesoro del yoga, ganado tras un arduo esfuerzo espiritual, necesita ser salvaguardado. Esta preservación del yoga es kshema. Por lo tanto, el verdadero significado del uso que hace Krishna de yoga-kshemam es (1) el logro de la Divinidad, que está más allá de la mente, y (2) la preservación de esa sagrada toma de consciencia. Yoga con kshema es, por lo tanto, equivalente al placer (bhoga) con renunciación (thyaga).
El placer (bhoga) con renunciación (thyaga) es lo más importante. El sacrificio es el suelo en el que brotan los rasgos divinos del hombre. En lugar de tratar las declaraciones upanishádicas como hierba seca sin valor, las personas deben procurar vivirlas en su vida cotidiana y, así, ver cómo la Divinidad amanece en ellas mismas.
Una persona no es solo una combinación de cuerpo y mente. Una persona posee prajnana: la consciencia integrada constante. Prajnana es el testigo permanente, o la consciencia que permea el instrumento interior (antahkarana). ¿Qué es el instrumento interior? La facultad de pensar se clasifica en cuatro entidades, según su función: mente (manas), intelecto (buddhi), memoria (chitta) y ego (ahamkara).
¿Qué es la mente? La mente es un conjunto de pensamientos. La mente decide continuamente a favor y en contra de las cosas (Sankalpa vikalpaatmanam manah). Una tela está hecha de hilos verticales y horizontales; es comparable a los gustos y aversiones. Cuando se extraen los hilos por un costado, la tela se deshace. Similarmente, saquen y descarten llos hilos de los pensamientos, y la tela de la mente deja de existir. Esto se expresa en nuestras escrituras como: «La repetición refuerza los pensamientos» (Manana traaana sammilitam). Reforzamos la mente si recordamos repetidamente asuntos innecesarios.
Luego, la memoria. Esta es solo un depósito de impresiones pasadas.
El tercero, el intelecto. El intelecto es el vínculo con lo Divino, discerniendo entre lo temporal y lo permanente.
El cuarto, el ego, se identifica con el cuerpo. Aham (yo) + akaram (forma) es ahamkaram, el ego. El ego fusiona el sentido de individualidad con la forma física.
Estos cuatro —la mente, el intelecto, la memoria y el ego— son aberraciones de la verdadera mente. La mente única tiene cuatro nombres. Por ejemplo, un brahmín es llamado brahmín cocinero cuando se especializa en cocinar para festines. El mismo brahmín, cuando está dedicado a la adoración, es llamado sacerdote (pujari); cuando imparte educación védica, se le llama maestro (acharya); cuando lee un horóscopo, se le llama astrólogo (panchanga brahmín). El brahmín es uno solo, pero según su tarea, su nombre difiere. Así, mente, intelecto, memoria y ego son sinónimos.
El instrumento interior (antahkarana) no es una entidad separada. Es parte de nuestros otros instrumentos (karanas). Nuestros sentidos son instrumentos que apuntan hacia afuera. Los ojos ven el mundo exterior, los oídos escuchan sonidos externos, y la nariz respira aire del exterior. Por su parte, la mente, el intelecto, la memoria y el ego son instrumentos interiores. Cuando el instrumento interior se sacrifica, ya no importa si los instrumentos exteriores contactan objetos mundanos. Esto es exactamente el placer unido al sacrificio (bhoga con thyaga).
Primero, purifiquen el instrumento interior. Para este fin, es obligatorio involucrarse en la acción. Sin actividades, la mente no puede purificarse. Los Vedas dicen que la mente se refina con la acción (chittasya suddhaye karmaha). Cada persona debe emprender buenas acciones para purificar la mente. ¿Qué son las «buenas acciones»? Si se efectúan sin buscar beneficio en los resultados, sin intención egoísta, las acciones realizadas son acciones sin deseo (nishkama karma). Nishkama karma no es más que placer con sacrificio (bhoga con thyaga).
Así, el Isaavaasya Upanishad discurre bellamente sobre la unidad de placer y sacrificio. No debemos estar inactivos. La acción santifica el cuerpo y el tiempo. La meta de la vida humana es armonizar el tiempo, la acción, la causa y el deber (kala, karma, karana y kartavyam).
¿Cómo estamos utilizando nuestro tiempo? Aumentando nuestro egoísmo, egoísmo, egoísmo. ¿Cómo podemos entonces esperar la unión del placer y el sacrificio (bhoga y thyaga)? En lugar de fusionar el thyaga en el bhoga, llegamos a la enfermedad (roga) a través de bhoga. Aspiren a ser yoguis, no buscadores de placer (bhogis). ¿Qué es bhoga? Comer, dormir y vivir la vida olvidando el tiempo.
El alimento es necesario para el mantenimiento del cuerpo. El alimento protege el cuerpo, y la ropa protege contra el clima adverso (Bhikshaannam deha rakshaartham, vastram sheeta nivaaranam). El cuerpo es el hogar de mocos, flemas, orina y enfermedad. El cuerpo es un montón de materia de desecho, ¡apenas es un bote para cruzar el mar del nacimiento y la muerte! Oh mente, no confíes en este cuerpo. En cambio, busca refugio a los Pies de Loto de Hari. El cuerpo está destinado a pudrirse como desecho, a colapsar como un carruaje roto.
Para prevenir la enfermedad, debemos tomar medicación. ¿Qué es la enfermedad y qué es la buena salud? Todo es una enfermedad. El hambre es una aflicción, la comida es su medicamento. La sed es la enfermedad, el agua es la cura. Para cada enfermedad, hay un remedio prescrito.
Similarmente, el anhelo de placer es una enfermedad. La acción es su medicamento. La felicidad suprema es algo que legítimamente podemos desear. Pero, ¿cómo podríamos lograrla sin acción? Ustedes pueden colocar papas y chapati en un plato, y repetir sus nombres todo lo que quieran, pero su hambre no se satisfará. Para llenar el estómago, ¡pongan a trabajar la mano y la boca! En otras palabras, manos ocupadas en el trabajo y boca ocupada en la repetición del nombre divino. Con este esfuerzo dual, definitivamente alcanzarán la felicidad suprema.
Todo en este mundo es enfermedad (roga). Con la perspectiva correcta, podemos convertir cada situación en yoga. Nuestras escrituras dicen que una persona que ingiere una comida al día es un yogui, dos comidas al día lo convierten a uno en un bhogi (buscador de placer), y tres comidas lo hacen un rogi (enfermo). ¡Quien come cuatro veces al día es como si estuviera muerto! Hoy en día, luchamos por llenar nuestros estómagos, pero no por establecernos en una vida idealista y moral, y alcanzar la meta del nacimiento humano.
¡Estudiantes! Con el tiempo, todo perece. Cuando el tiempo, la acción, las circunstancias y el deber (kala, karma, karana, kartavya) así lo decreten, el cuerpo mismo colapsará. El cuerpo puede morir, pero los ideales permanecen inmortales. Sean idealistas y vivan para siempre en los corazones de la gente.
Sí, algunos deseos son necesarios, pero deben estar dentro de ciertos límites. Mantengan los límites, enfóquense en el bienestar de todos, y realicen acciones con un sentido del deber; esta es la unión de la renunciación y el placer (thyaga y bhoga). En verdad, la alegría que derivamos de las acciones desinteresadas no puede medirse. A través del sacrificio de servir a la sociedad, podemos experimentar el placer de la felicidad suprema. Cuando actuamos con los frutos en mente, la alegría nos elude.
En este mundo, si olvidamos dos cuestiones, logramos unir la renunciación (thyaga) y el placer (bhoga). Primero, el bien que hemos hecho a otros. Si recordamos los favores que hemos hecho, comenzamos a esperar algo a cambio y nos abrimos a la decepción. Esto también abre el camino a los celos y el odio. Olviden inmediatamente la ayuda que den.
Segundo, olviden el daño que otros les han hecho. Con el recuerdo del sufrimiento, desarrollan el deseo de venganza y otros defectos relacionados. Antes de que broten tales sentimientos dañinos, olviden el daño causado por los demás.
Cuando podamos dejar de lado estos dos pensamientos, fusionaremos la renunciación y el placer (thyaga y bhoga). Si estamos todo el tiempo desenterrando estos asuntos en nuestra memoria, nos convertimos en un montón de vicios malolientes. Nuestros pensamientos crean reacciones. En la antigua tradición india, las reacciones a las acciones se consideran supremas.
La cultura india se sostiene en fuertes convicciones:
(1) Los resultados de la acción (karma) son ineludibles.
(2) Dios encarna en forma humana como un Avatar.
(3) Todo en el mundo es una forma de Dios, y es naturalmente sagrado.
Con pureza, paciencia y perseverancia, podemos comprobar la verdad de estas antiguas convicciones.
¡Estudiantes! Indaguen sobre estos asuntos desde una edad temprana. Deseen la renunciación con placer (thyaga con bhoga), ¡no la enfermedad con placer (roga con bhoga)! Renunciación, renunciación, renunciación… la renunciación es nuestro verdadero placer.
A menudo cito esto: «No por las acciones, la riqueza ni los hijos, sino solo por el sacrificio se alcanza la inmortalidad» (Na karmana na prajaya na dhanena thyagenaike amritatvamaanasu). Si no liberamos el aire que inhalamos, ¿nos ayudamos o nos dañamos? Nuestros pulmones perecerán. Si los restos del alimento digerido no se excretan, ¿es sacrificio o placer (thyaga o bhoga)? No es ninguno de los dos; se convierte en enfermedad (roga), y el estómago sufre.
Así como liberamos el aire y el alimento, debemos sacrificar el dinero que ganamos. En la cita anterior, ¿qué es la riqueza (dhana)? La riqueza se refiere a la educación, la juventud, la sabiduría, la alegría, etc. Por ejemplo, habiendo ganado la riqueza de la educación, deben aplicarla para servir a otros, difundir su esencia a los demás. Entonces su conocimiento crecerá. Si no propagan y aplican sus habilidades, las pierden. Cuanto más sacrifican, más reciben y progresan. Nunca sientan que ayudan a otra persona. ¡Solo se ayudan a ustedes mismos!
¡Estudiantes! En nuestra visión física y mundana de la vida, prestamos atención solo al crecimiento, pero no a la decadencia que lo acompaña. Nuestro cuerpo crece, pero nuestra vida se deteriora en la misma medida. Nos regocijamos al amanecer y al atardecer. Al amanecer sentimos: «Bien, ahora puedo hacer mis tareas». Al atardecer, nos sentimos igualmente felices: «Finalmente, puedo descansar un poco». Esto no es más que ignorancia. Cada amanecer y atardecer consumen un día de la vida, al que tratamos al descuido.
Por lo tanto, comprométanse en su deber entendiendo la importancia del amanecer y el atardecer. Sri Ramakrishna solía anhelar la visión del Señor desde el amanecer hasta el atardecer. Al final del día, antes de dormir, miraba a su alrededor desanimado y lloraba: «¡Oh no! ¡Ha pasado otro día sin la visión del Señor!» Tratando cada momento como un día, anhelaba al Señor sin interrupción. Nuestros antiguos rishis también convirtieron su anhelo en austeridades, y experimentaron la Divinidad.
¿Qué significa austeridad (tapas)? Pararse de cabeza y entrecerrar los ojos no es austeridad. La unidad y la pureza en pensamiento, palabra y acción (trikarana suddhi) es austeridad. Un alma grande tiene unidad en pensamiento, palabra y acción (Manasyekam vachassekam karmanyekam mahaatmanam). Un alma pecadora se caracteriza por el desacuerdo entre pensamiento, palabra y acción (Manas anyat vachas anyat karman anyat duraatmanam).
Cuando pensamiento, palabra y acción no son uno, resultará la oscuridad (thamas) en lugar de austeridad (tapas). El nacimiento humano es infrecuente entre los seres vivientes (Jantoonam nara janma durlabham). Debemos aspirar a la Divinidad, que está más allá de nosotros, no a los placeres mundanos, que están por debajo de nosotros. No es un error perseguir la educación secular, pero no pierdan de vista la meta permanente de la vida. Somos verdaderamente yoguis, no bhogis (buscadores de placer) ni rogis (enfermos). Los yoguis son conocidos por el sacrificio o la renunciación (thyaga).
¡Estudiantes! Los Upanishads expresan los temas más profundos, de la manera más lúcida. Hay secretos inherentes en cada declaración de los Upanishads. Si indagamos dónde están presentes los secretos, es solo en el dolor y los problemas. Los Vedas dicen: «En la inquietud hay paz, en la paz hay luz, en la luz está la luz suprema, y en la luz suprema está Dios» (prasanti en asanti, prakanti en prasanti, parama jyoti en prakanti, y Paramatma en parama jyoti).
Sin oscuridad, la luz no tiene valor. Nadie valoraría la comida si no existiera el hambre. Sin el calor opresivo del verano, ¿para qué alguien compraría acondicionadores de aire? La felicidad no resulta de la felicidad (Na sukhaat labhate sukham). La verdadera tranquilidad se obtiene solo a través de dificultades y problemas. Si pasan todo el día en una habitación con aire acondicionado, se insensibilizan a su comodidad. Salgan por dos horas y regresen; ¡entonces comprenderán por qué los acondicionadores de aire son tan deseables! Así, la vida humana es necesariamente una combinación de alegría y tristeza, ganancia y pérdida, calor y frío. Sin dualidad (dvaita), no tendría valor el estado de no dualidad (advaita).
Hoy el hombre está medio ciego. ¿Cómo? «¡Un hombre con mente dual está medio ciego!» Hoy, percibimos una diferencia entre «aquello» y «esto». «Aquello» es el Atma. «Esto» es thwam, el cuerpo. «Aquello» es Él, «esto» soy yo. Debemos experimentar que Él y yo realmente no estamos separados. Debemos viajar de «yo» a «nosotros». Nos parece que necesitamos avanzar de la no verdad a la verdad. No, no. Nuestro camino comienza en la «verdad menor» y termina en la «verdad mayor». ¿Cómo? Imaginen un círculo completo.
Aquello es pleno, esto es pleno.
De lo pleno emerge otra vez lo pleno.
Si lo pleno se resta de lo pleno,
lo que queda es pleno.
Poornamadah poornamidam
Poornaat poornam udachyate
Poornasya poornamadaaya
Poornam evavashishyate |