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18 19/11/00 impacto del pensamiento de la madre en ... | 19 de Noviembre de 2000
Prasanthi Nilayam
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Encarnaciones del amor:
En este mundo, la esposa, los hijos y otras relaciones
no son permanentes; vienen y van.
Solo la Verdad es permanente.
El poder mundano, el elevado estatus e incluso los reinos
son transitorios; la única realidad eterna es la Verdad.
El camino de la Verdad otorga toda
prosperidad y auspiciosidad.
No hay mayor opulencia que la Verdad en este mundo.
(Poema en telugu)
Este día, el 19 de noviembre, se celebra como el Día de las Damas para profundizar en las cualidades sagradas de las mujeres y difundirlas. Las mujeres son depositarias de la Verdad y la cultura. Aunque la tierra es una, las plantas varían dependiendo de las semillas sembradas. El útero de la madre simboliza la Madre Tierra. Según sea la semilla del pensamiento sembrada en él, así será el fruto que produzca. No pueden esperar mangos cuando siembran una semilla de neem. Por lo tanto, la madre debe tener buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones. Solo entonces podrá engendrar hijos virtuosos. Hoy encontramos muchos hijos con malas cualidades y conducta perversa. La razón de esto puede atribuirse a los malos pensamientos de sus madres.
Aryamba nació en Kerala. Era un modelo de virtudes. Pasaba todo su tiempo en la contemplación de Dios y en realizar acciones nobles. Como resultado, de ella nació Sankaracharya. Sankaracharya pudo convertirse en Jagadguru (maestro del mundo) gracias a los pensamientos virtuosos de su madre.
Almas nobles como Vivekananda y Ramakrishna Paramahamsa pudieron alcanzar elevadas posiciones en la vida solo gracias a los sagrados sentimientos de sus madres.
Putlibai, la madre de Mahatma Gandhi, pasaba la vida en la contemplación de Dios. Observaba un voto por el cual no comía hasta haber escuchado el canto del cuclillo. Un día sucedió que no se escuchó el canto del cuclillo. Gandhi, que entonces era un niño pequeño, no podía soportar ver a su madre ayunando durante tanto tiempo. Fue detrás de la casa e imitó el canto del cuclillo. Putlibai se sintió muy triste al saber que su hijo había dicho una mentira. Lloró:
—¡Oh, Dios! ¿Qué pecado he cometido para dar a luz a un hijo que dice falsedades?
Al darse cuenta de que había causado un inmenso dolor a su madre al mentir, Gandhi hizo el voto de no volver a incurrir en falsedades a partir de entonces. Por lo tanto, es imperativo que la madre enseñe a sus hijos valores morales desde la infancia. No debe pasar por alto los errores de sus hijos. Debe castigarlos siempre que se desvíen del camino correcto, y recompensarlos por sus buenas acciones. Es por los sentimientos de la madre que los hijos se vuelven buenos o malos.
La madre de Gandhi era de corazón puro y enseñaba una disciplina estricta. Como dice el dicho, «Yatha Raja, Thatha Praja» (como el rey, así los súbditos). Tenía una sirvienta llamada Rambha, quien cuidaba a los niños con amor y cariño. Un día, Gandhi corrió hacia ella y le dijo que estaba atormentado por el miedo. Rambha le dijo:
—Mi pequeño, ¿qué necesidad hay de temer si Ramachandra, que protege todo, está siempre con nosotros? Siempre que tengas miedo recita el nombre de Rama.
Desde entonces, Gandhi cantó el nombre de Rama, y lo hizo hasta su último aliento. ¿Podemos encontrar hoy mujeres tan nobles? Es por tales mujeres que los hijos toman el camino de la rectitud.
Aquí hay un pequeño ejemplo. Tras la guerra por la liberación de Rangún, una madre y su hijo lograron llegar a Chennai, habiendo perdido a sus seres queridos. No tenían techo sobre sus cabezas ni alimentos para comer. La madre iba mendigando de casa en casa; daba la mayor parte a su hijo y comía lo poco que sobraba. Cuando no conseguía suficiente, le daba toda la comida a su hijo y ella se quedaba sin comer. Pasaba por muchas dificultades, pero lo soportaba todo por el bienestar de su hijo. En consecuencia, se debilitaba día a día. Un día, el hijo, incapaz de verla sufrir, le dijo:
—Madre, no está bien que me alimentes y te dejes morir de hambre. Desde hoy, descansa y yo buscaré comida para ambos.
Pero la madre dijo que no podía soportar la idea de ver a su hijo mendigando. Sin embargo, un día, la madre estaba demasiado débil incluso para caminar. Así que el hijo salió a mendigar comida. Se paró frente a la casa de un funcionario y gritó:
—Señor, tengo hambre, tengo hambre.
El funcionario, que estaba relajado en una silla en la veranda, trajo comida sobre una hoja y le dijo que se sentara y comiera. Pero el chico dijo que la llevaría a casa. El funcionario dijo:
—No creo que realmente tengas hambre, de lo contrario, ¿por qué la llevarías a casa?
Mientras el funcionario pronunciaba estas duras palabras, el chico se sintió mareado y cayó. Intentaba decir algo, pero no podía hablar alto porque estaba muy débil. El funcionario se acercó al chico e intentó escuchar lo que decía:
—Señor, quisiera dárselo primero a mi madre, solo entonces comeré. Primero, a mi madre, a mi madre… —y exhaló su último aliento.
¿Podemos encontrar hoy hijos tan nobles? Hoy no podemos encontrar tales madres e hijos. No es meramente el efecto de la era de Kali, sino también el resultado del sistema educativo moderno. La educación actual está destinada solo a ganarse la vida. Los educados no piensan en el bienestar de la sociedad y del país en general.
Todos conocen la historia de Ishwarchandra Vidyasagar. Vivía con su madre en un pueblo cerca de Kolkata. Eran muy pobres. Ella alimentaba a su hijo con lo que podía ganar cada día y no se preocupaba mucho por sí misma. El bienestar de su hijo era lo primero en su mente. Quería que él llevara una vida serena y sagrada. Siendo un estudiante empeñoso, Vidyasagar estudiaba bajo las luces de la calle. Completó su posgrado y consiguió un empleo. Inicialmente, su salario era muy bajo, apenas suficiente para su madre y él. Gradualmente, alcanzó una buena posición. Una vez se celebró una feria en el pueblo. La madre de Vidyasagar fue a la feria vistiendo un sari viejo, porque no tenía otro bueno para ponerse. Al ver esto, Vidyasagar se sintió muy triste. Esa misma tarde, le compró un buen sari. Durante una conversación, Vidyasagar le preguntó a su madre si tenía algún deseo. Ella dijo:
—Hijo, la gente de nuestro pueblo enfrenta dificultades por la falta de agua potable. Me duele verlos caminar largas distancias para buscar agua. Me sentiré feliz si puedes hacer que en nuestro pueblo se cave un pozo.
Vidyasagar hizo cavar inmediatamente un pozo y cumplió el deseo de su madre. La alegría de ella no tuvo límites. Dijo:
—Hijo, el agua sostiene la vida. Has saciado la sed de los aldeanos. Estoy extremadamente feliz de haber dado a luz a un hijo noble como tú.
Otro día, Vidyasagar le preguntó a su madre si tenía más deseos. Ella dijo:
—Hijo, los niños de nuestro pueblo van al pueblo vecino para asistir a la escuela. Me duele ver a los niños caminar tanto todos los días. Por favor, construye una pequeña escuela en nuestro pueblo.
En consecuencia, Vidyasagar estableció una escuela en el pueblo, dando inmensa alegría a su madre. Ella dijo:
—Hijo, has establecido un ideal no solo para nuestro pueblo sino para toda la nación. Tu vida está santificada.
Días después, una tarde, cuando Vidyasagar regresó a casa del trabajo, encontró a su madre en un estado pensativo. Al preguntarle la razón, ella dijo:
—Hijo, has proporcionado agua al pueblo y también establecido una escuela para los niños. Pero es la falta de instalaciones médicas en nuestro pueblo lo que me preocupa. Por favor, construye un pequeño hospital aquí.
Según su deseo, él construyó un pequeño hospital, con un médico y una enfermera. Su madre estaba extasiada por esto. La razón por la que les cuento todo esto es para enfatizar que los sentimientos de las madres son nobles. Cada uno debe resolverse a cumplir los deseos sagrados de su madre. Nunca deben actuar de manera que cause dolor a su madre.
Como la madre de Ishwarchandra Vidyasagar, la madre de Swami también tenía algunos deseos sagrados. Un día, mientras yo estaba comiendo arriba, Griham Ammayi (la madre del cuerpo físico de Swami) vino a verme. Le pregunté: —Amma, ¿cuál es la razón de tu venida? Ella dijo:
—Termina tu comida primero, luego te lo diré.
Después de que terminé Mi comida, dijo:
—Swami, el nuestro es un pueblo muy pequeño. Aquí la gente sufre mucho por la ausencia de instalaciones médicas. Tienen que correr a Bukkapatnam incluso por un pequeño problema.
Entonces le aseguré que construiría un hospital en el pueblo. Como prometí, de inmediato hice construir un pequeño hospital.
Otro día, ella subió nuevamente y dijo:
—Swami, por favor no pienses mal, pero tengo un deseo más.
Le pedí que no tuviera demasiados deseos. Ella dijo:
—Swami, tú estás cumpliendo los deseos de miles de personas que vienen a ti. ¿Por qué no puedes cumplir mi único deseo? Entonces dije:
—Dime tu deseo.
Ella dijo:
—Swami, los pozos de nuestro pueblo se han secado. Por favor, haz que se cave un pozo en nuestro pueblo.
Según su deseo, hice cavar un pozo en el propio Mandir. Toda la gente del pueblo tomaba agua de este pozo. Ella dijo que estaba extremadamente feliz, pero agregó que tenía un deseo más. Dijo:
—Swami, los niños de nuestro pueblo van a Bukkapatnam para sus estudios. Pobres niños, no tienen la fuerza ni siquiera para caminar tanta distancia. Por favor, construye una escuela aquí.
Cumplí también ese deseo. Se sintió muy feliz y dijo que no le quedaban más deseos. Así como una pequeña semilla se convierte en un gran árbol, la pequeña escuela que establecí entonces se ha convertido en una gran universidad. En aquel momento construí un pequeño hospital, pero ahora aquí hay un gran Hospital de Súper Especialidades. El pequeño pozo que hice cavar aquí en el pueblo ha asumido las proporciones gigantescas de un proyecto de agua para todo el distrito. Si los sentimientos de la madre son sagrados, también lo serán los sentimientos de los hijos.
Si los pensamientos son sagrados, ciertamente fructificarán. Ustedes no necesitan pensar que no tienen suficiente dinero o recursos. Si resuelven hacer algo bueno, están destinados a tener éxito. El poder de los pensamientos nobles les dará la fuerza necesaria. Una vez, Chaitanya Mahaprabhu fue a un templo junto con su madre Sachi Devi, y oró así:
—Oh, Señor, Tú eres el maestro del mundo. Eres el maestro del cuerpo, la vida y el alma. Puedes conceder cualquier deseo que te pida. No tengo deseos mundanos, pero sí tengo un deseo. Tú eres la encarnación del amor. El amor es nuestra vida. Así que, por favor, concédeme la fuerza para amarte. No quiero nada más.
Chaitanya Mahaprabhu desarrolló tan nobles pensamientos debido a los nobles sentimientos de su madre Sachi Devi. Ella siempre le enseñó que todas las necesidades de una persona son atendidas automáticamente una vez que llega a ser receptor de la gracia de Dios.
Chaitanya solía recorrer las calles cantando la gloria de Krishna. Lo bueno y lo malo, la auspiciosidad y la inauspiciosidad coexisten. Donde hay luz, tiene que haber sombras. Asimismo, las personas buenas están destinadas a enfrentar dificultades. Pero esas dificultades realzarán la bondad en ellas.
El placer y el dolor, lo bueno y lo malo coexisten,
nadie puede separarlos.
No pueden encontrar placer o dolor,
lo bueno o lo malo, excluyéndose mutuamente. |